El azar


Este es un concepto que nos remite a lo incalculable, lo indeterminado, incluso al caos en contraposición al orden.

A la hora de abordarlo, el tiempo y el espacio también entran en juego porque se trata de un encuentro aleatorio que se produce en un tiempo y un lugar.
Cuando tratamos de explicarnos las causas del funcionamiento del mundo y de los seres que lo habitan el azar supone un obstáculo, pues no nos permite un cálculo o determinación exacto de dichas causas.

Aunque el azar no es uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis en Jacques Lacan, sin embargo, está íntimamente ligado al concepto de repetición. Está enlazado a él, a la vez que lo descompleta, lo agujerea, lo horada. “Lo que se repite –(nos dice Lacan)-, en efecto, es siempre algo que se produce –la expresión dice bastante de su relación con la tyche- como al azar”(1). “Lo que se repite” no es una situación, una escena, un acontecimiento, un día, como es el caso en el film “atrapado en el tiempo” (1993) sino un singular anudamiento que, además, surgió por azar.

Este anudamiento que en términos freudianos llamamos trauma, es “la contingencia del encuentro entre el significante y el goce”(2). Esta coincidencia se produce al azar, es decir, sin seguir ninguna ley que la ordene y da lugar a una escritura donde no había nada escrito. La diferencia sutil entre el azar y la contingencia es que el azar es el momento donde los dados son lanzados al aire y la contingencia sería el momento donde los dados cayeron y produjeron una determinada combinatoria.

A partir de esta combinatoria y escritura contingente se establecerá un orden, una ley que comanda la repetición en la que cada sujeto está atrapado.

El sujeto en la experiencia analítica constata como los distintos acontecimientos casuales de su vida terminan respondiendo a esta ley implacable de la repetición. Y es en esta repetición donde encontrará la matriz de su sinthoma. Una vida marcada por la determinación de una escritura contingente vuelta necesaria.

Esta escritura necesaria y sinthomatica, cuyo pergamino es el propio cuerpo, podría hacernos creer que hemos encontrado la causa sin fisuras de lo que nos acontece. Si abolimos el azar, la indeterminación, el sin ley de lo real, haremos de nuestra vida algo calculable, y aunque experimentemos lo incalculable, siempre podremos creer que si ahora no se puede se podrá más adelante. Así conseguiríamos que entre la causa y el efecto no haya ninguna hiancia.

Jacques Lacan en los últimos años de su enseñanza produce una ruptura con la causalidad(3), haciendo bascular su enseñanza de la necesidad simbólica a la contingencia(4). Y teniendo en cuenta la contingencia no deja de lado el azar, ese sin ley que define lo real en psicoanálisis.

De esta manera Jacques Lacan se desmarca de una tradición de pensamiento en la cual el sin ley de lo real ha querido de una u otra manera ser reabsorbido por la causalidad. Decir que todo tiene una causa, incluso la divina, es querer domeñar lo real caprichoso.

Es por ello que hablamos del psicoanálisis orientado por lo real, un psicoanálisis que apuntará en cada nueva repetición que constate el analizante a la combinatoria contingente que estuvo en su origen y que se produjo al azar.

Sin este azar del que no somos dueños y que no dirigimos estaríamos esclavos de un destino inexorable, frente al cual no habría ningún acto para realizar.

¿Cuál sería el porvenir del psicoanálisis reducido a la constatación de la ley inexorable de la repetición sinthomática sin atisbar en ella el sin ley de lo real? ¿y que porvenir para el mundo?

Para Lacan se trata del sinthoma, escrito con th para indicarnos que hunde sus raíces en la contingencia, esa escritura que surge de una coincidencia inexplicable, entre la palabra y un acontecimiento en el cuerpo, en un espacio y un tiempo.

No solamente esta orientación hacia lo real es una ruptura con la causalidad, también lo es con el saber. Frente al azar no sabemos, se tambalean nuestras pretensiones con respecto al saber. Y esto resulta muy patente en la práctica del psicoanálisis, cuando el sujeto en distintos momentos llega a saber sobre sus repeticiones y, sin embargo, esto no sirve para hacer de su existencia algo diferente. El saber muestra su insuficiencia frente a este real.

No podemos calificar al psicoanálisis como una experiencia liberadora, no se trata de que desaparezcan las determinaciones que nos comandan, -por otra parte algo imposible-, no se trata de aspirar a una elección libre, pues el azar mismo pone en suspenso nuestra posibilidad de elegir.

Para concluir diremos que no hay libertad respecto del azar y la suerte, sino formas de afirmar nuestra existencia a partir del golpe de dados.
Esta afirmación del existir se tornará posible una vez que abandonemos cualquier esperanza de domeñar lo real.

Mercedes de Francisco

Publicado en VV.AA. "Scilicet. Un real para el siglo XXI. Volumen del IX Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis", Grama Ediciones, 2013.


(1) Lacan J., Le Seminaire, libro XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalisis, Paris. Éditions du Seuil, 1973 p. 54.
Lacan J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Buenos Aires. Paidós, 2010 p. 62
(2) Miller J-A., Curso de la Orientación Lacaniana 2010-2011, Clase del 25 de Marzo de 2011. Inédito.
(3) Miller, J-A., El partenaire-síntoma. Capítulo XVI. La operación reducción. Buenos Aires. Paidós 2008. Pág. 365.
(4) Ibid. Pág. 366

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