Muy agradecida a la Biblioteca de Orientación Lacaniana en Madrid por la presentación de mi libro "El amor y sus enigmas" y a los amigos que tuvieron la generosidad de presentarlo: Eloisa Cano, Amador Fernández-Savater, Concha Mígueles y Damasia Amadeo. Y a todos los asistentes que llenaron la sala. Muy conmovida por lo que se dijo y con una gran alegría por este estupendo encuentro.
Safareig (propostes feministes)
Programa
Taula rodona 1
Vida democràtica i horitzons comuns: Què ens uneix?
La conversa es guiarà per dos eixos:
1. Patriarcat i paternalismes actuals: derives al voltant dels feminismes i la institució estatal
2. El rol dels estereotips de gènere en temps de de construcció.
Conversen:
María Jesús Izquierdo (bio)
Eugeni Rodríguez (bio)
Mar García Puig (bio)
Taula rodona 2
María Jesús Izquierdo (bio)
Eugeni Rodríguez (bio)
Mar García Puig (bio)
Taula rodona 2
Escrivint horitzons singulars
La conversa es guiarà per tres eixos:
Declivi del pare i el patriarcat
Diferència sexual
Violència
Conversen:
Laura Llevadot (bio)
Gabriela Galarraga (bio)
Mercedes de Francisco (bio)
5 de julio 2025 en HubSocialBcn
Carrer de Girona, 34 interior, Barcelona
Encuentro con María Navarro en el Centro Cultural La Malagueta, en Málaga el 3 de junio 2025
¿Que sería el cine sin las películas de amor y sin los papeles que han
interpretado las mujeres? Tendríamos películas bélicas, del género negro, épicas, de
villanos, pero estaría amputado de una parte fundamental de nuestras vidas.
de Luis Alegre Zahonero , Eulalia Pérez Sedeño, Nuria Sanchez Madrid.
Tengo el honor de participar en esta enciclopedia con la entrada a la Histeria.
Editorial Arpa Editores, septiembre 2023
En un juego de palabras que permite la lengua francesa, Jacques Lacan, juega con la parecida sonoridad en francés entre dit-femme y diffame. El intento de decir a la mujer, de definirla, de universalizarla, de darla por conocida, fracasa.
La tendencia a la difamación de las mujeres a lo largo de los tiempos no necesita justificación. Incluso en este momento donde podemos considerar muchos avances en sus derechos y reconocimientos, esto sigue presente.Estejuego de palabras tan sutil y casi dicho al pasar, nos muestra una de las formas en las que se encarna la dificultad que implica la existencia de la mujer en el mundo.
Ya Freud en sus Contribuciones a la Vida Amorosa, en su texto sobre el Tabú de la Virginidad mostraba a partir de los estudios antropológicos de algunas tribus el tabú que rodeaba a las mujeres, por ser ese continente desconocido y misterioso frente a lo que el sujeto se horroriza y del que de alguna forma debía distanciarse. Esto que en los primitivos tomaba esta forma de tabú, en muchas religiones toma la forma de preceptos y prohibiciones. ¡¡Ese cuerpo que encarna la diferencia es lo que nos trae a maltraer!!
También ahora en pleno Siglo XXI, con los movimientos trans y ciertos feminismos se ha vuelto a poner sobre el tapete como definir a la mujer. Llevando a derivas, en ocasiones, bastantes problemáticas.
Mientras que estaba preparando esta charla, durante las vacaciones de Navidad, por recomendación de una amiga, vi la película “El último duelo” de Ridley Scott. Diré que comencé y casi abandono, pues todas las escenas de lucha encarnizada con las que empieza no me animaban a seguir, pero esta amiga insistió en que atravesara la primera parte, pues luego seguro que me interesaría, y ella sabe de los temas que trabajo y llevo indagando durante años. Este film está basado en un hecho real, el último duelo que se autorizó en Francia. Frente a dos versiones contrapuestas de los hechos, se suponía que el que ganara en el duelo-torneo a muerte sería el que había dicho la verdad, y Dios habría hablado con el consiguiente castigo al que hubiera cometido perjurio.
Pero esto que no nos resulta nuevo, en este caso adquiere un tinte muy diferente e interesante, el duelo surge a raíz de la denuncia de Marguerite de Carrouges de haber sido violada, en ausencia de su marido,por el escudero Jacques Le Gris amigo de este. Como dicho escudero negaba esta acusación, su marido el caballero Jean de Carrouges le reta a duelo para que se sepa la verdad.
Este film, no ha tenido mucho éxito de taquilla, pero quizás como en otras películas de Ridley Scott más adelante se valorará.
No me voy a detener en los detalles que han rodeado su realización, pero señalaré que el guion contó con el asesoramiento de Eric Jager autor de un libro documentado sobre estos hechos y titulado “El último duelo”
La película, tiene tres partes con el relato de cada uno de los implicados, pero lo que más me interesó de esto, que como ya sabéis ha sido una forma que se ha usado anteriormente por otros cineastas, es el título que dan a cada capítulo, cuando se trata del relato de los hombres reza así “la verdad según” …, cuando se trata de ella, aparece su nombre y después, la verdad.
Esta película es interesante por el interrogatorio al que se somete a Marguertie de Carrouges. En lo que llevo leído del libro de Jager, no he encontrado una corroboración documentada de ello como si de otras partes del film. Esa parte está guionizada por una mujer y resulta muy creíble que los interrogatorios a los que sometieron a Marguerite de Carrouges antes de que el rey decidiera si se realizaba o no el duelo, fueran de esa guisa. No es significativo si son exhaustivamente verídicos, lo importante es que podemos encontrarnos en la actualidad con algo muy parecido en los juicios sobre violaciones y agresiones sexuales a mujeres.
Freud aborda la diferencia sexual con el anudamiento del registro imaginario y simbólico. Por un lado, tendríamos esa imagen corporal que nos enfrenta a la diferencia anatómica y los efectos que de ello recoge lo simbólico con lo que Lacan nombrará como significante fálico que organiza la significación y que está marcado por la ausencia y la presencia, por el lleno y el vacío, por el tener y la falta.
Freud con la observación de los niños y la escucha de sus pacientes comprueba que en la infancia se da lo que nombrará como “la premisa universal de falo”, la creencia de que todos los seres humanos portarían un órgano, contraviniendo la percepción supuestamente objetiva de que hay unos seres que lo portan y otros que no, por tanto, esta creencia no responde a la imagen del cuerpo. Llegará un momento en que los sujetos se verán obligados a posicionarse frente a esta diferencia, ello tendrá como consecuencia para el varón el temor a la pérdida, la amenaza de castración, que toma distintas formas sintomáticas, y en las mujeres asumir que ellas no tienen ese órgano se traducirá en el temor a la pérdida del amor.
Lacan comprueba que esta manera freudiana de abordar lo femenino resulta insuficiente y considerar el goce que experimenta una mujer “solamente” desde esta perspectiva fálica no alcanza. Lacan empieza a desembarazarse de la premisa que se podría derivar de todo esto, la universalización del goce fálico para todos.
Aunque Freud mostraba su ilusión de encontrar una fórmula “suficientemente normal” como para llegar a un encaje adecuado entre hombre y mujer que nos salvara de los padecimientos de la sexualidad y el amor, era muy honesto como para no comprobar que lo que antes consideraba malestares y perturbaciones neuróticas y patológicas, al final resultaban comunes a cualquiera.
Es Lacan el que se va encontrando en relación a lo femenino que la horma fálica no sirve para abordar el goce de una mujer. Y es así como definitivamente en su Seminario XX, Aún, pone en jaque el goce fálico y comienza a nombrar otro goce, que no es el reverso, ni el complementario del fálico, sino que es suplementario.
No hay otra significación que la fálica, las leyes del lenguaje responden a esa lógica que siempre es binaria. Por eso cuando se pide a las mujeres que den cuenta de este otro goce, que algunas conocen, no sueltan prenda. Pero no se trata de una ocultación o secreto intencionado sino de una dificultad estructural para nombrarlo. El campo de la palabra no alcanza para decirlo, y por tanto tampoco para decir La mujer. El intento denodado en definirla, en nombrarla, al encontrarse con este muro, este imposible, nos lleva a difamarla: “puta, bruja, zorra…paranoica, histérica”
Es evidente que esta difamación no parte exclusivamente de los hombres, las mujeres pueden ser terribles cuando entran en esta pendiente. Una manera que tiene la mujer de significar esta ausencia, esta falta, siempre desde la perspectiva fálica es considerándose en déficit, no puedo, no llego, no tengo…a sí misma. Por la vía de la difamación se evidencia el rechazo a lo “opaco” de este goce en la otra y en ellas mismas.
Por más educación, cambios logrados en los derechos de la mujer, que por supuesto son fundamentales para nuestras vidas, esto de lo que hoy trato de dar cuenta aquí es transversal a cualquier época y solamente poniéndolo en primer término tendremos una oportunidad de inventar otra cosa.
Por ello me pareció que esta película es muy interesante para ejemplificar esto.
Que esté inspirada en una historia real de la Edad Media viene muy bien para evocar lo que Lacan en el Seminario Aún afirma y que resulta en cierta manera enigmático, que en el Medievo a la mujer no le iba muy bien y que quizás por ello apareció el paradigma del amor cortés, encumbrando a la Dama, elevándola a la dignidad de la Cosa.
En este film queda patente que en la Edad Media con la mujer se podía hacer cualquier cosa, entre otras las violaciones permanentes y por eso tenían una teoría ad hoc para pensar la reproducción y seguir manteniendo a buen recaudo los patrimonios de los Señores Feudales y la Corona. Consideraban que si no se producía en el momento del coito el orgasmo que en francés textualmente es “la pequeña muerte”: la petite mort, no se produciría la fecundación. Salvaguardando así de los bastardos las herencias. Y por tanto también considerando que en una violación no podía darse este goce en la mujer y en el matrimonio sí.
Para el psicoanálisis la cuestión del goce es mucho más paradójico y no se puede hacer coincidir la reproducción con el orgasmo, aunque ciertas afectaciones del cuerpo pueden colaborar fisiológicamente en la fecundación, y tampoco se puede aseverar que una mujer en una violación, abuso, no va a experimentar satisfacción alguna.
Marguerite de Carrouges, queda embarazada justo por las fechas de la violacióny observamos como en el interrogatoriose pone en juego la maquinaria de la difamación, también, del lado de las mujeres. Ella debe estar mintiendo, el encuentro sexual debió ser consentido o debe tener un amante.
La situación de Marguerite que durante cinco años de matrimonio no había logrado quedar embarazada de su marido contravenía las teorías sobre la fecundación. Por un lado, o no gozaba con su marido y por ello no lograba el embarazo o había gozado con Le Gris por lo que el forzamiento que ella denunciaba no era tal, sino que se trataba de un encuentro consentido.
Le preguntan si goza con su marido y si gozó durante la violación. Y lo que me ha parecido más remarcable es la ambigüedad que deja abierta la interpretación actoraly las respuestas…no conseguimos tener una certeza de que diga la verdad sobre su goce. Podemos por las escenas sacar nuestras propias conclusiones, con respecto a su relación con el marido..., pero lo que queda patente es la afirmación de Lacan que cuando frente a un tribunal se pide que se diga la verdad toda la verdad y nada más que la verdad se trata de la verdad sobre el goce y esto es imposible. Por ello en el terreno del derecho se trata de hechos, aunque aspiran a lo otro.
El goce masculino en esta película está claramente explicitado y no lleva a ninguna duda. Se trata para ellos de las posesiones, tierras, mujeres, descendencia, apellido, honor, guerra, al final servidumbre, al Señor, al Rey, a Dios. La mujer es una posesión más.
Es el goce femenino el que interroga, el que perturba, el que pone en jaque al varón, es el que no le permite atraparla por entero, tenerla toda para él y en el film las miradas captadas por la cámara en el momento de las respuestas de ella ¡¡¡son excelentes! ¡¡¡Ellos penden de su hilo!!!
Esos hombres, que son capaces de luchas encarnizadas en el frente, con fama de valerosos, que se batirán en duelo por su honor se muestran horrorizados y aterrorizados frente a este goce otro, que les hace a algunos, -como Jean de Carrouges y Jacques Le Gris-, torpes y burdos cuando abordan una mujer… Usan su órgano como usan su espada…!! Y así, no sabrán nunca de que se trata hacer el amor a una mujer, pues se trata de poesía.
Mercedes de Francisco
Madrid 13 de febrero de 2022
1. Freud, Sigmund. “El tabú de la virginidad”. Obras completas, Tomo VII. Biblioteca Nueva, Madrid, 1986, pp. 2444 – 2453.
2. Jager, Eric. El último duelo.Ed. Ático de los libros, Barcelona, 2021.
3. Freud, Sigmund. “La organización genital infantil”. Obras completas,Tomo XIX. Amorrortu. Buenos Aires, 1992, p. 146.
4. Lacan, Jacques. El seminario, libro XX, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2015.
5. Película "El último duelo" del director Ridley Scott, Octubre 2021
Conferencia dictada el 14-01-2022 en el ciclo de conferencias del Seminario del Campo Freudiano en Málaga 2021-22
Encuentro propiciado por Veronica Hernández y Carlos Varela desde la Cátedra freudiana y lacaniana Sinaloense. Una estupenda jornada de trabajo con los amigos mexicanos
En este relato cualquier mujer puede reconocerse a través de estas claras, concisas y nítidas letras que llegan muy lejos, atravesando cualquier inútil frontera.
La narración transcurre cuando Camila a los 22 años compaginaba la vida universitaria con su nocturna vida de travesti y prostituta en Córdoba-Argentina. Y desde ese paseo por el infierno de un goce devastador, hace hablar a ese niño que fue y se hizo mujer, pues en esa familia presidida por un padre violento y energúmeno no podía elegir ser hombre, aunque su anatomía así lo dictara. Con una frase de gran finura bordea esta insondable “decisión del ser”, “convertirse en la mujer que es”, un hallazgo en su decir que da en la diana y nos enseña como la posición sexuada no es biológica, pero compromete la carne.
En escuetas 230 páginas, encontramos la mostración de un goce mortífero que padecen los cuerpos de las travestis. De forma descarnada muestra su vulnerabilidad a través de “eso femenino”, frente a lo que algunos hombres se sienten atraídos a la vez que les produce horror y descargan en ellas su ira y violencia. Es demoledora la presentación que hace de estos hombres violentamente cobardes frente a la castración, aunque en este caso esos cuerpos a los que degradan y dañan porten un órgano.
Pero Camila Sosa no se detiene exclusivamente en esto, su relato no es una denuncia, y llega más lejos en diferentes momentos de su escritura.
El momento de la caída y el desamparo, y la revelación de que “ninguna distracción, ningún amor, ningún argumento” podían quitarle la responsabilidad sobre su propio cuerpo.
Las miradas que atraen esos cuerpos de travestis y los sacrificios hasta quedar en los huesos, para conseguir alcanzar la belleza y tratar de borrar los caracteres del macho, que les tocó en el juego del azar que implica lo bio.
El “asqueroso sometimiento” a esa idea del amor que conlleva desear a un hombre a pesar de sus agresiones, su violencia, un hombre al que no puede renunciar pues “constata con él el deseo por su feminidad”.
Un amor fulgurante de un cliente, “hombre sin ambages”, logra proporcionarle una entrega y un goce alejado de lo mortífero. Este hombre con su decir nombra lo evidente en ella, su dolor, esto que le hace ser una esclava de su rencor y que convierte “el alivio en tensión, la cortesía en maltrato, la franqueza en falsedad, el dolor en enojo”
No escatima nombrar la melancolía y la muerte que rodea a esa “familia de travestis”. Aunque se aglutinaban alrededor de la Tía Encarna representante de lo materno, y allí encontraban un refugio, la solidaridad entre ellas no lograban contrarrestar “el veneno” que las iba matando, esa aspiración ponzoñosa a encarnar a “La mujer”.
Nombrará a las Cuervas, a esas que les gusta la carroña, las otras travestis nacidas en los barrios ricos que bajaban al submundo como en un viaje turístico, con sus perfumes y sus sedas frente a los cosméticos y bisutería baratas que lucían ellas. El ser travesti que las identificaba quedaba agujereado y no permitía hacer un conjunto cerrado, la pobreza introducía la diferencia.
La herencia de los libros por parte de la madre y el despilfarro por parte del padre. Y su derecho a apropiarse del lenguaje, hacerlo suyo, exorcizar el dolor y la melancolía con la dignidad poética de su escritura que realizaba cada noche después de prostituirse. Eso que da a este texto un tono lírico elevadísimo mas que un halo de religiosidad, a pesar de la pluralización de las vírgenes a las que rendían culto en un intento de alejar a la parca. Y fundamentalmente su derecho a “la felicidad” a la que decide no renunciar, cuando elige dejar esa vida.
Y aunque en alguna entrevista ha declarado que en ocasiones extraña ese mundo oscuro, sigue manteniendo su decisión de no quedar aspirada por este goce claramente mortífero.
Esta escritura tan testimonial, logra a partir de lo más singular tocar nuestros cuerpos y mostrarnos como “el goce femenino” sigue siendo lo más hetero para cada uno, más allá de nuestro genero, nuestra posición sexuada o nuestra elección de objeto.
Mercedes de Francisco
25 de abril de 2021
Esta escritura tan testimonial, logra a partir de lo más singular tocar nuestros cuerpos y mostrarnos como “el goce femenino” sigue siendo lo más hetero para cada uno, más allá de nuestro genero, nuestra posición sexuada o nuestra elección de objeto.
Mercedes de Francisco
25 de abril de 2021
Publicado en La Brújula nº 414
Boletín online de la Sede de Madrid de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis en España.
Mayo 2021
Me intereso en esta conferencia dictada por Paul B Preciado en la Escuela de la Causa Freudiana el 17 de noviembre del 2019, porque en ella se interpela, aparentemente, a la institución psicoanalítica, pero en realidad se cuestionan las posiciones del psicoanálisis, sin dejar muy claro de que psicoanálisis se está hablando.
He querido ahondar en las afirmaciones de este discurso porque las críticas me sirven de acicate para avanzar en mis consideraciones.
No me interesa acercarme a lo dicho con una posición altanera como reacción a sus críticas, ni tampoco deslizarme a planteamientos diagnósticos que están en las antípodas de la orientación de Freud y Lacan. Psicologizar sus afirmaciones no serviría de mucho.
Cuando se dirige a los participantes de las Jornadas y dice que la masculinidad y feminidad del auditorio no es menos fabricada que la suya, está en lo cierto. Al final de su charla nos da tres ideas a los psicoanalistas. La primera que la diferencia sexual no es ni una naturaleza, ni un orden simbólico, en lo que podemos acordar los psicoanalistas lacanianos. La diferencia sexual no es natural y tampoco únicamente simbólica. Pero su conclusión después de esta recomendación es hacer una definición del cuerpo donde en él se encarnaría una epistemología política y por tanto histórica y cambiante. Y es en esta conclusión donde nuestros caminos divergen, pues no consideramos el cuerpo reducido exclusivamente a la epistemología imperante. En los últimos años de la enseñanza de Lacan, Seminario XXIV, en la clase del 16 de noviembre de 1976, nos plantea que hay un cuerpo de lo imaginario, un cuerpo de lo simbólico y un cuerpo de lo real, y aclara que el cuerpo entra en juego en lo imaginario por la vía de la consistencia, a través del yo; desde el punto de vista simbólico por la alternancia presencia-ausencia del significante y en el registro de lo real se trata de nuestra existencia arrojada al mundo.
Preciado habla, fundamentalmente de dos decisiones, la primera adquirir a
través de lo médico-farmacológico-legal su estatuto jurídico de hombre, pero
aclarando que no tiene ningún deseo de devenir hombre como los otros, sino que
lo que intenta es escapar de la parodia de la diferencia sexual. Es evidente que no es tan fácil sostener esta
afirmación a la par que consigue el estatuto jurídico de hombre, que como nos
dice en "Un departamento en Urano " supone incluso a nivel del Estado un nuevo
nacimiento.
Por un lado, toma la decisión de llamarse Paul y hormonarse con testosterona que cambiará sus caracteres sexuales secundarios, y por otro, la decisión de hacer un espectáculo público de su cuerpo, de su espíritu, de su monstruosidad, y de su transición. Estas dos decisiones no se solapan entre sí y responderán a causas diferentes.
Su devenir “hombre”, o más bien monstruo, responde a su rechazo al circo binario heteropatriarcal que deja para la mujer, según Paul, solamente dos alternativas: el rol de la bella o la víctima, y no se sentía capaz de ninguna de las dos. Es fácil caer en este binarismo a la hora de abordar el indefinible de la mujer. Comprobamos en la clínica esta deriva, sobre todo la de victima, pues la mayoría de las veces el semblante de la belleza tiene como única función velar el sostén imaginario frente a la pregunta ¿qué es ser mujer?, pregunta que nunca obtendrá respuesta. Un privilegio de la imagen que se desliza en la mayoría de los casos a una inhibición y mudez femenina, dejando su voz como correlato de un misterio inexistente. Incluso M. Duras, mujer con un importante recorrido como escritora, se sintió con "el derecho a decir" cuando Lacan le planteó que ella sabía sin él lo que él enseñaba. Sigue siendo para mí un enigma que esto tuviera un valor de autorización para ella.
Es sorprendente que nos hable del circo del binarismo sexual y no del circo del espectáculo universitario, mediático y de la moda entregándose a ello tan decididamente.
En su exposición hay un decisionismo voluntario y consciente que no podemos compartir. Elegir su jaula por propia iniciativa, frente a la elección hombre, mujer, que para él no la reconocería, es bastante dudoso. No tiene en cuenta la insondable decisión sobre el ser, ni las marcas inconscientes, que parece manejar a su gusto, si es que llega a considerarlas. Es sorprendente que nos informe de que durante unos cuantos años tuvo encuentros con varios psicoanalistas de distintas orientaciones, entre ellas la lacaniana.
Habla de un sujeto autónomo, independiente e idéntico a sí mismo, que remite a un yo fuerte y que desprecia las ataduras de cualquier marca inconsciente con su correlato de goce.
En apariencia está en contra de identidades marcadas por el poder de la epistemología de la diferencia sexual, y tiene la ilusión de una elección libre por estar en este lugar trans, o más bien de monstruo, de Frankenstein esperando que alguien le ofrezca una flor.
Algunas de las cuestiones que nos plantea sobre la identidad, sobre los cambios y las condiciones históricas donde surge la invención freudiana no son para nosotros desconocidos y desde luego nadie piensa que se pueda estar al margen de las condiciones de la época y de las determinaciones históricas, pero justamente la verdad freudiana surge ahí para mostrar como esto no agota lo que puede decirse de un ser que habla. Freud y después más claramente Lacan no permiten que esas formulaciones puedan cerrarse en sí mismas y apuntan a su inconsistencia. El psicoanálisis es lo sintomático a cualquier pretensión totalizante, incluso a la que aparente estar a la vanguardia.
No consideramos a la identidad como cerrada y autónoma. Aunque declare vivir en el tránsito y en la frontera aspira a una identidad cerrada incluso en ese vagar. Tampoco pensamos al sujeto como dueño de sí mismo, el nuestro es un sujeto vacío que se da una consistencia, entre otras, a través del objeto "a " que tapona su división en el fantasma. El cuerpo para nosotros no es un “archivo político viviente” como Preciado valoraba el suyo antes de su proceso de mutación. Proceso que fue el momento más bello, gozoso y feliz de su vida, mostrando que para él lo terrible se encuentra en la frontera entre los sexos. Transito "consciente" y "libremente elegido" aunque haya tenido que recorrer un arduo camino para hacerse reconocer como buen “trans” por el entorno psiquiátrico-psicológico-farmacológico-legal.
Preciado parece no querer ser un "archivo político viviente" y me pregunto si no lo encarna más que nunca después de su transformación. En nombre de una libertad de elección de su jaula acepta de lleno prestar su cuerpo a la “terapia hormonal", inyectándose testosterona durante años y como "modelo" de la nueva campaña de Gucci.
Por un lado, toma la decisión de llamarse Paul y hormonarse con testosterona que cambiará sus caracteres sexuales secundarios, y por otro, la decisión de hacer un espectáculo público de su cuerpo, de su espíritu, de su monstruosidad, y de su transición. Estas dos decisiones no se solapan entre sí y responderán a causas diferentes.
Su devenir “hombre”, o más bien monstruo, responde a su rechazo al circo binario heteropatriarcal que deja para la mujer, según Paul, solamente dos alternativas: el rol de la bella o la víctima, y no se sentía capaz de ninguna de las dos. Es fácil caer en este binarismo a la hora de abordar el indefinible de la mujer. Comprobamos en la clínica esta deriva, sobre todo la de victima, pues la mayoría de las veces el semblante de la belleza tiene como única función velar el sostén imaginario frente a la pregunta ¿qué es ser mujer?, pregunta que nunca obtendrá respuesta. Un privilegio de la imagen que se desliza en la mayoría de los casos a una inhibición y mudez femenina, dejando su voz como correlato de un misterio inexistente. Incluso M. Duras, mujer con un importante recorrido como escritora, se sintió con "el derecho a decir" cuando Lacan le planteó que ella sabía sin él lo que él enseñaba. Sigue siendo para mí un enigma que esto tuviera un valor de autorización para ella.
Es sorprendente que nos hable del circo del binarismo sexual y no del circo del espectáculo universitario, mediático y de la moda entregándose a ello tan decididamente.
En su exposición hay un decisionismo voluntario y consciente que no podemos compartir. Elegir su jaula por propia iniciativa, frente a la elección hombre, mujer, que para él no la reconocería, es bastante dudoso. No tiene en cuenta la insondable decisión sobre el ser, ni las marcas inconscientes, que parece manejar a su gusto, si es que llega a considerarlas. Es sorprendente que nos informe de que durante unos cuantos años tuvo encuentros con varios psicoanalistas de distintas orientaciones, entre ellas la lacaniana.
Habla de un sujeto autónomo, independiente e idéntico a sí mismo, que remite a un yo fuerte y que desprecia las ataduras de cualquier marca inconsciente con su correlato de goce.
En apariencia está en contra de identidades marcadas por el poder de la epistemología de la diferencia sexual, y tiene la ilusión de una elección libre por estar en este lugar trans, o más bien de monstruo, de Frankenstein esperando que alguien le ofrezca una flor.
Algunas de las cuestiones que nos plantea sobre la identidad, sobre los cambios y las condiciones históricas donde surge la invención freudiana no son para nosotros desconocidos y desde luego nadie piensa que se pueda estar al margen de las condiciones de la época y de las determinaciones históricas, pero justamente la verdad freudiana surge ahí para mostrar como esto no agota lo que puede decirse de un ser que habla. Freud y después más claramente Lacan no permiten que esas formulaciones puedan cerrarse en sí mismas y apuntan a su inconsistencia. El psicoanálisis es lo sintomático a cualquier pretensión totalizante, incluso a la que aparente estar a la vanguardia.
No consideramos a la identidad como cerrada y autónoma. Aunque declare vivir en el tránsito y en la frontera aspira a una identidad cerrada incluso en ese vagar. Tampoco pensamos al sujeto como dueño de sí mismo, el nuestro es un sujeto vacío que se da una consistencia, entre otras, a través del objeto "a " que tapona su división en el fantasma. El cuerpo para nosotros no es un “archivo político viviente” como Preciado valoraba el suyo antes de su proceso de mutación. Proceso que fue el momento más bello, gozoso y feliz de su vida, mostrando que para él lo terrible se encuentra en la frontera entre los sexos. Transito "consciente" y "libremente elegido" aunque haya tenido que recorrer un arduo camino para hacerse reconocer como buen “trans” por el entorno psiquiátrico-psicológico-farmacológico-legal.
Preciado parece no querer ser un "archivo político viviente" y me pregunto si no lo encarna más que nunca después de su transformación. En nombre de una libertad de elección de su jaula acepta de lleno prestar su cuerpo a la “terapia hormonal", inyectándose testosterona durante años y como "modelo" de la nueva campaña de Gucci.
En esta campaña publicitaria, lo queer, lo trans, muestran su lado neoliberal
y queda engullido por la maquinaria capitalista. Monstruos, pero bellos,
elegantes, de una determinada clase, que se mueven vaporosamente en un espacio
muy chic decorado con muebles selectos. Nada que indique los enormes estragos
que muchos trans padecen. Unos cuerpos "perfectamente monstruosos" tratados
hormonalmente para lucir las prendas de Gucci tan afines al imperio de la moda
que intenta equipararse al arte. El profesor de filosofía hablando por la
televisión elegantemente vestido, dirigiéndose a los que se comprarán una
preciosa gorra de lana para el invierno por setecientos euros más o menos. En
España el ingreso mínimo vital no llega a los quinientos euros y es posible
que haya sujetos trans en esas familias.
Hace años en "Testo Yonki", Beatriz Preciado (en ese momento era Beatriz), nos muestra la importancia en el capitalismo de la industria pornográfica, de la prostitución y la trata de mujeres, así como de la industria médico-farmacológica en el campo de la reproducción asistida, de la estética…y ahora podemos añadir en el cambio de sexo.
Preciado se refiere a los distintos desarrollos históricos de la ciencia y como el psicoanálisis nace cuando se pasa del paradigma monosexual a un paradigma de la diferencia sexual. En el Siglo XVIII el discurso médico y la taxonomía anatómica consideraba la anatomía de la mujer referida al modelo de la anatomía del hombre. En el siglo XIX se reconoce la especificidad anatómica de la mujer y en ese contexto nace el psicoanálisis. Me pregunto si su intento no es instaurar una nueva taxonomía cuando se refiere a los nuevos datos morfológicos, cromosómicos y bioquímicos que harían, según él, conflictivo e incluso imposible sostener una epistemología binaria.
Si considera que el psicoanálisis nace afectado por la epistemología binaria y que debe revisar sus presupuestos con estos avances científicos, nos preguntamos si la epistemología del cuerpo viviente que encarna no es tan dependiente y esclava de esos “descubrimientos” como considera que el psicoanálisis lo es de los presupuestos del XIX. Quizás lo único que pretenda es llamarnos “anticuados” y alentarnos a ponernos al día en "moda".
Sus críticas están sostenidas en unos conceptos y presupuestos psicoanalíticos que dejan de lado el transcurrir de la enseñanza de Lacan. Preciado toma de Lacan su vuelta a Freud pero sin tener en cuenta el sorprendente viraje que supone restituir la verdad freudiana a los conceptos que enumera: organización de la libido, actividad-pasividad, envidia del pene, complejo de castración, mujer fálica, amor genital, histeria, masoquismo, bisexualidad, androginia, fase fálica, complejo de Edipo, estados pregenitales, perversión, coito, placer preliminar, escena original, homosexualidad, heterosexualidad…
Los tres registros del ser hablante, Imaginario, Real y Simbólico y sus anudamientos que van transformándose en la medida que avanza Lacan en su enseñanza llegando al Sinthoma a partir del Seminario XXIII. La concepción del cuerpo de Lacan referida a estos tres registros, no parece ser tenida en cuenta por Preciados. Quizás tanto Judith Butler como Paul B. cuyas referencias privilegiadas son Foucault y Derrida, introducen el cuerpo como un elemento del poder político, y se mueven en un mundo simbólico, de lenguaje, que raya con un determinismo que Freud fue abandonando y que lleva a un callejón sin salida más que a una jaula elegida a conciencia por uno mismo.
Lacan también se topó con este callejón sin salida del estructuralismo y lo simbólico pero tenía la praxis analítica que le obligaba una y otra vez a enfrentarse con algo que se le cruzaba en el camino y al que dio el nombre de Real. Eso que se nos cruza en el camino, que no anda y para lo cual ninguna epistemología o saber ya sea adquirido en los libros o incluso aprehendido en un análisis podrá atrapar y eliminar.
Aunque Preciado quiera estar permanentemente en la frontera, acompañando a los
desposeídos de la tierra, para lo cual viajará, cambiará de casa, atravesará
fronteras tanto geopolíticas como de su propio organismo con la ayuda de la
farmacoterapia, e incluso se ofrecerá como "mercancía" para marcas de moda, no
logrará eliminar este Real que podemos nombrar como esa imposibilidad de
escribir la relación sexual.
Su proceso de cambio habrá podido ser uno de los momentos más felices de su vida, pero no es la Felicidad, habrá conseguido sentirse en la universalidad por tener un cuerpo morfológicamente de hombre, y habrá abandonado el lugar de alteridad que tenía como mujer, pero no podrá escribir la relación sexual que implica el cuerpo a cuerpo, aunque consiga que alguien llegue a entregarle una flor a este monstruo. No podrá erradicar la soledad radical y el desamparo que implica ser un “humano”, tampoco podrá encarnar lo imposible..., por esto mismo, los conceptos del último Lacan no son tenidos en cuenta en sus desarrollos y prefiere referirse a los términos freudianos sin contemplar la verdad restituida en ellos, y así mantener esta "vana" ilusión.
Mercedes de Francisco
17 de noviembre del 2020
Su proceso de cambio habrá podido ser uno de los momentos más felices de su vida, pero no es la Felicidad, habrá conseguido sentirse en la universalidad por tener un cuerpo morfológicamente de hombre, y habrá abandonado el lugar de alteridad que tenía como mujer, pero no podrá escribir la relación sexual que implica el cuerpo a cuerpo, aunque consiga que alguien llegue a entregarle una flor a este monstruo. No podrá erradicar la soledad radical y el desamparo que implica ser un “humano”, tampoco podrá encarnar lo imposible..., por esto mismo, los conceptos del último Lacan no son tenidos en cuenta en sus desarrollos y prefiere referirse a los términos freudianos sin contemplar la verdad restituida en ellos, y así mantener esta "vana" ilusión.
Mercedes de Francisco
17 de noviembre del 2020
El próximo año académico participaré en el curso de Postgrado "Atención Psicológica y acción comunitaria, Feminismos y LGTBI Q+" organizado por la Asociación El Sefareig que se celebrará en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona y trataré el tema "El rechazo a lo femenino como síntoma social". Mis clases serán en modo virtual los dias 28 de mayo y 4, 11 y 18 de junio del 2021.
Preinscripción: del 1 de mayo al 15 de octubre del 2020.
Matrícula abierta: del 19 de octubre al de 30 de noviembre del 2020.
Para más información podéis consultar en esta web.

Muy interesante conversación sobre Feminismos en la que participé junto a Carolina Meloni y Jorge Alemán, en el canal de youtube Punto de Emancipación.
Conferencia de Mercedes de Francisco bajo el titulo "¿Un nuevo amor? El amor como subversión del pensamiento"dictada en el Curso "Amores Subversivos. Paradigmas amorosos más allá del orden monógamo heterosexual" celebrado del 4 de marzo al 8 de abril de 2019 organizado por Traficantes de Sueños (C/ Duque de Alba, 13), Madrid.
El Seminario del Campo Freudiano de Castilla y León presenta el próximo viernes 15 de marzo la conferencia Feminismo y Psicoanálisis ofrecida por Mercedes de Francisco y presentada por Fernando Marín Aduriz y Ángela González.
Tendrá lugar a las 19:30 h. en la Sede del Ateneo de Palencia (C/ Santa Teresa de Jesús, 4, Palencia).
La entrada es libre hasta completar aforo.
En primer lugar, la cuestión del ser es considerada por el psicoanálisis de orientación lacaniana del orden del semblante, por tanto tiende a la variación histórica y a estar determinada por ella.
No era lo mismo ser hombre o mujer en el siglo XIX que ahora. No se trata de ningún “esencialismo” el que nos orienta, ninguna definición cerrada.
Desde esta perspectiva este “tambaleo” no ha dejado de estar presente a lo largo de las épocas cuando se aborda esta pregunta. Pero, cuando hablamos del siglo XXI, nos enfrentamos a un cambio cualitativo. El desarrollo del capitalismo postfordista, financiero, sostenido y anudado al desarrollo de la tecno-ciencia, y la creación de subjetividades con el apoyo de la psicología conductista, afectan a la relación entre hombres y mujeres de forma nueva.
Cuando abordamos este campo del ser, cuando tratamos de definir o de establecer atributos, nos encontramos en el ámbito de los registros imaginario y simbólico, dejando en una posición exterior la cuestión de lo real. De alguna manera, hacemos “cierta psicología” aunque sea en nuestros términos. Además tenemos que echar mano de ciertas generalizaciones que no son muy de nuestro gusto. Pero esto es inevitable por el solo hecho de hablar.
Quisiera aclarar que ser hombre, ser mujer, no se pueden responder desde una perspectiva biológica o fisiológica. Son una construcción, ya Simone de Beauvoir afirmó que una mujer se hacía, no nacía.
Freud y su invención del psicoanálisis surge en un siglo que se caracterizó por una moral retrógrada, que intentaba despojar a la mujer de su sexualidad, en términos de su deseo y su goce. El psicoanálisis devuelve a la mujer su “sexualidad”, y a través de su clínica ahonda en esta diferencia entre hombres y mujeres.
Una de las mayores injusticias que se pueden cometer con Freud es considerar a esta indagación de la diferencia, como un intento de mantener a la mujer subyugada y sin derechos.
El valor del psicoanálisis es haberse adentrado, con el sostén de la clínica, en esta pregunta por la diferencia de los sexos. Preguntarse por uno de los aspectos fundamentales que hace al ser humano, su ser sexuado.
Como decíamos al principio, nuestra visión no es esencialista y Jacques Lacan nos habla de posiciones y lógicas. El semblante es una de las formas que tenemos de bordear lo real y el género es un semblante.
Actualmente los semblantes se tambalean, o más bien se multiplican, si antes estaban más definidos, ahora se generan semblantes acorde con las maneras de gozar de cada uno. Esto es afín a esta época capitalista que ha puesto en “el cenit”, como nos señala Jacques-Alain Miller, el goce de cada individuo en el lugar del Ideal como pasaba en otras épocas.
Pero frente a esto que varía, encontramos características que se repiten y que están referidos al goce como efecto de lo real.
Hablamos por un lado, de un goce que está anudado a lo más singular de la existencia de cada uno, donde la diferencia sexual no se pone en juego; y por otro, del goce que se anuda a esta diferencia, la que introduce en el mundo la existencia del “cuerpo de la mujer”.
El capitalismo sintoniza muy bien con este goce individual que deja afuera lo hetero, la diferencia, y que sin embargo no tiene ningún problema en explotar toda la proliferación de versiones de goce.
Las sociólogas y sociólogos han hecho muchos estudios de campo para mostrarnos algo evidente, cada vez más los hombres se alejan del compromiso amoroso y se encierra en un goce masturbatorio y solipsista sostenido en la pornografía. Los modelos de sexualidad para los adolescentes han pasado de ser los eróticos-románticos del cine a ser los pornográficos de internet. Un encuentro sexual tecnificado que también aceptan las mujeres con mucha tranquilidad, aunque se comprobará, que tanto para ellos como para ellas, será frustrante. Una intimidad “devaluada” y exenta de intensidad.
Antes, el hombre contaba con semblantes, que se sostenían en un ideal de virilidad para abordar el “misterio femenino”, ahora muchos estudiosos de la época consideran que los cambios y los derechos adquiridos por las mujeres, tanto sociales como laborales, han dejado a los hombres fuera de juego, sin armas para este abordaje.
En distintos momentos de la historia ha cambiado la concepción del amor y las definiciones de qué es ser un hombre o una mujer. En cualquiera de ellas el amor pretende suplir la imposible complementariedad entre los sexos, y se “rechaza” bajo distintas semblanzas a la “mujer”.
Pero si esto viene atravesando nuestra civilización, nuestra cultura, ¿por qué pensar que ahora se trata de otra cosa?
Este capitalismo financiero anudado a la tecno-ciencia tiene su incidencia y extrae capital del lazo social, de generar subjetividades, de homogeneizar a los sujetos. El discurso capitalista en su circularidad imparable, elimina lo imposible y por tanto la diferencia.
Nos igualamos en lo más singular y diferente de la existencia de cada uno, lo que en los últimos años de su enseñanza Lacan llamó sinthoma. Sin embargo, el capitalismo nos homogeneiza borrando y eliminando lo más singular que tenemos. Con su psicología conductista que nos hace aspirar a una conducta normal, con la homogeneización sostenida en las falsas diferencias, eliminando lo hetero por excelencia.
Aunque los países democráticos y del llamado “primer mundo” las mujeres gocemos de derechos impensables hasta los años 60, no hay que olvidarse de los fenómenos de violencia contra las mujeres, explotación y esclavitud sexual, feminicidio, violencia de género… etc. Os recomiendo si no la habéis visto la película de Costa Gavras El Capital, donde se puede tener una idea del lugar de la mujer entre los magnates de las finanzas.
Quizás a la manera de la Edad Media, estemos en un momento no tan bueno para las mujeres.
Lacan nos muestra que hay algo que se deriva del goce femenino, un goce no parcial, ni exclusivamente fálico, una nueva lógica, que nombra como no-todo.
Freud, indagó el ser hombre, ser mujer, referido al falo, al tener o no-tener y los efectos que a nivel psíquico esto suponía. De ahí se derivó la protesta viril para el hombre (sentimiento de rivalidad e inferioridad frente a otro hombre) y la envidia del pene (aspiración a la posesión del órgano) para la mujer. Pero al final de su vida y en los últimos textos que escribió, llegó a la conclusión que para ambos sexos emergía “el rechazo a lo femenino”.
A partir de aquí Lacan hablará más claramente; hablará de posiciones que se derivan de la diferencia de los goces, el fálico y el femenino, al que correspondería una lógica no-toda que no puede quedar absorbida en el lenguaje y en la significación. Que conecta con el imposible de decir, de escribir.
No existe un ser que hable que no esté bajo la lógica fálica, que está íntimamente anudada al lenguaje, pero no todo en el ser parlante queda subsumido en esta lógica. Esto implica poner en cuestión un saber absoluto, la “norma macho”, el para todos, el predominio del universal. Y por tanto, hacer existir una lógica de la inconsistencia, de lo más singular, del uno por uno. Una lógica que horada el muro que separa al hombre y a la mujer… que resiste a la tendencia al racismo, la segregación.
Hace unos años Jacques-Alain Miller nos dijo que “el futuro se conjugará en femenino”. Ahora vemos en España el partido de Podemos y otros movimientos sociales diciendo que “hay que feminizar la política”, y está claro que no habla exclusivamente de la paridad en los cargos, sino de otra forma de hacer política. Nos hablan de la escucha, del cuidado, de lo común, cuestiones que nos resuenan a los psicoanalistas cuando Lacan nos dice que la mujer tiene una mayor conexión con lo real, y que ello entra en sintonía con la posición del psicoanalista.
Es evidente que tanto para ser hombre como para ser mujer se tratará según nuestra perspectiva de cómo resistir al rechazo de lo femenino. Porque cualquiera, tanto si se dice hombre como si se dice mujer tiene que vérselas con este rechazo. Incluso ellas, pueden llegar a ser más feroces en este rechazo. En cualquier caso, la historia demuestra que portar un cuerpo de mujer es en sí mismo “un riesgo” pues hace presente el vacío y el goce en todo el cuerpo.
Y desde luego para el capitalismo que se feminice la política y el lazo social nunca será una buena noticia.
Mercedes de Francisco
Publicado en Volume Antenna Clínica di PIPOL 2016 y en el N° 3 de la revista "La libertad de pluma".
El tema de la violencia de género es un tema de actualidad en los medios en España. Sin embargo, frecuentemente se cae en tópicos que se repiten haciendo hincapié en la posición de víctima obstaculizando una reflexión acerca de lo que está en juego en las relaciones de pareja. ¿Las crisis de pareja, las crisis de amor pueden conducir a la violencia? ¿Qué reflexión podemos hacer desde el psicoanálisis sobre este fenómeno?
Me parece interesante separar aquí dos cuestiones, por una parte lo que insiste y es trans-histórico y, por otra, lo que responde a la actualidad y toma la forma que determina la época.
Como ya he remarcado en numerosas ocasiones, sociólogos, polítologos, filósofos, etc., se preocupan por la crisis en los lazos amorosos; en resumidas cuentas, por el lazo, el vínculo entre los sujetos. La pérdida de valor del amor considero, siguiendo a Freud, que muestra la decadencia de nuestra civilización. El otro día justamente encontré un artículo que comparaba la caída del Imperio Romano con este momento.
Con el despliegue capitalista en su máxima expresión: su circularidad y su empuje destructivo, los lazos se tambalean, los sujetos se convierten en mercancía, las situaciones laborales, sociales, etc. afectan a los sujetos en su dignidad y la degradación avanza.
Pero esta época no solamente tiene esta cara, sino que resurge un feminismo con nuevos aires, se habla de “feminización de la política”, del feminismo del “cuidado”. Se sabe que en las situaciones extremas, guerras, pobreza, crisis económica, son las mujeres las que pierden más que los hombres, pero también se sabe que si no fuera por muchas de ellas no habría salida. (En la segunda Guerra Mundial las mujeres sostuvieron los países y esto contribuyó a su incorporación posteriormente al mundo laboral).
Resulta paradójico que en la época con mayores derechos sociales y políticos de las mujeres nos encontremos con el fenómeno del “feminicidio”, porque no solamente está el problema de las muertes de las mujeres en España a manos de sus parejas, sino los asesinatos de mujeres en México que Bolaño mostró en su novela 1966, las ejecuciones y lapidaciones en muchos países árabes, la esclavitud y la prostitución por mafias de distintos países. No se trata de una violencia aislada, aunque la que nos ocupa hoy tenga la particularidad de darse en el vínculo amoroso. Es decir que el hombre que asesina a su pareja o ex pareja, no asesinaría a otros. Pero esta particularidad no debe desvincularse enteramente de las otras formas de violencia contra las mujeres.
Estamos viviendo quizás en el mejor momento de la historia en cuanto a los derechos de las mujeres, y a la vez nunca se llegó tan lejos en cuanto a su degradación. Hay una película que recomiendo, “El Capital” de Costa Gavras, que diagnostica nuestra época y muestra descarnadamente el lugar que ocupan las mujeres.
El elemento trans-histórico al que me refería se puede corroborar a poco que se eche una ojeada al lugar que ha tenido la mujer a través de los siglos. Desde las leyes hasta la filosofía han rechazado a la mujer de una u otra forma. En realidad nuestra civilización no ha dado muestras de poder hacer otra cosa.
A partir de la lucha de las mujeres, esto ha ido cambiando y por lo menos en los países, “mal llamados”, del primer mundo, hemos creído haber llegado al cenit. Pero como decía muy acertadamente la actriz Emma Thomson en una entrevista, esto es una ingenuidad, porque las cifras, las condiciones y las crisis ponen sobre el tapete su falsedad, la lucha no puede parar.
En este sentido, la última novela de Houellebecq me puso los pelos de punta, más allá de su ficción política, lo que me pareció verdaderamente sorprendente y casi una advertencia es el tratamiento de las mujeres y su futuro. Aparecen los hombres contentos volviendo a tener derechos sobre ellas al estilo de los países árabes en pleno centro de Occidente. Vamos, “¡una pesadilla!”… y, a la vez, ¡una alerta! Houellebecq llegó a decir en una entrevista para un diario español que ésta es la aspiración que cualquier hombre esconde y no confiesa.
Esta vez me gustaría hacer referencia a las reivindicaciones políticas y sociales al Estado. Evidentemente las mujeres maltratadas y las asesinadas son victimas del hombre violento, pero es necesario distinguir esto, de la deriva a la victimización de la mujer, tan problemática para mi gusto.
Estamos en un momento donde la palabra víctima tiene un uso político y social cuestionable. Si hubiera ese número de asesinatos de hombres a manos de mujeres, probablemente “algunos” estarían hablando de organizar una “caza de brujas”.
Encontrarse con un agresor y mantenerse a su lado durante años llama a una elucidación, pero esto es bastante distinto a victimizar a la mujer… Al poder le interesan las mujeres victimizadas. Desde mi perspectiva, el psicoanálisis se encarga de contrariar esta cuestión. Está la víctima resultado del encuentro contingente con un agresor y está la “víctima propiciatoria” que elige esa posición. Esta diferencia me parece que es muy importante mantenerla viva.
Considero que cualquier intervención política o social, tendría que ir en el sentido de aportar a las mujeres una escucha orientada que les permita encontrar en ellas mismas los recursos para salir del infierno en el que se encuentran. No se trata de debilitarlas tratándolas como sujetos desvalidos y que no pueden responsabilizarse de sus elecciones, decisiones y, en resumidas cuentas, de su vida.
Lacan introdujo una nueva lógica en un mundo donde solamente la lógica fálica era la brújula. Lógica del no-todo que agujerea el mundo cerrado y esférico del todo y la excepción. Todo y excepción que lleva a la segregación, al racismo, al afuera y al adentro, a la frontera; esto que es ineliminable por el hecho de hablar y que solamente puede agujerearse por esta otra lógica del no-todo que apunta a un indecible, un imposible.
Esta nueva lógica no depende del genero, de ella se puede valer cualquiera. Lo que sí nos recuerda es la imposibilidad de nombrar “del todo” el hecho de que en el mundo la mitad de los humanos tenga un cuerpo de “mujer”.
En un momento dado Jacques-Alain Miller nos habló de la feminización del mundo y que el futuro se conjugará en femenino. Creo no equivocarme al afirmar que este “futuro en femenino” tendrá enfrente al capitalismo, máximo exponente del rechazo del cuerpo de la mujer en sus distintas variantes.
Gabriela Medin pregunta a Mercedes de Francisco, miembro de la ELP y AMP. Madrid.
Publicado en Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis.

Un acercamiento a los fenómenos sobre la violencia de género desde un punto de vista psicoanalítico y un sesgo inédito. Ponencia organizada por el Consejo General del Poder Judicial.
En nuestra actualidad, sobre las víctimas se organiza un gran manto protector, o bien a través de las agrupaciones civiles para su defensa, o desde el propio Estado.
En España, por nuestra historia esto ha sido un elemento de la política ineludible y la mayoría de las veces hemos asistido al uso más artero de las llamadas “víctimas” con el fin de sostenerse en el poder.
Este es un significante que atraviesa en este momento la vida de los ciudadanos, se habla de las víctimas de la crisis, de la corrupción, de la falta de trabajo, de la pobreza, de los desahucios; son víctimas de una violencia no directa. Están, también las víctimas de las guerras, etc. Y el fenómeno social que inquieta cada vez más de la llamada violencia de género con un número creciente de víctimas que ninguna ley, ni atención social, ni policial, logra frenar.
Rápidamente nos viene a la mente la afirmación de Freud en el Malestar en la Cultura, cuando nos dice “El hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo”, que como nos dice Jacques-Alain Miller(1) es una definición de hombre que integra la pulsión de muerte.
Desde esta perspectiva una víctima es la que se encuentra con un semejante haciendo ejercicio de este goce. De principio, la satisfacción en juego correría a cargo del agresor y la víctima contingentemente padecería las consecuencias.
Nada que ver esta víctima, fruto de la contingencia, con la Antígona de Sófocles, a la que Jacques Lacan a lo largo de su enseñanza hará numerosas referencias y especialmente en su Seminario de la Ética del Psicoanálisis(2). Antígona ejerce en nosotros una fascinación y atracción por lo que tiene de desconcertante esta “víctima tan terriblemente voluntaria”. Elige el martirio, una elección “sin compasión ni temor”.
Hecha esta distinción de forma rápida, nos centraremos en las “víctimas” de la “llamada violencia de género”, en su gran mayoría mujeres. En estos casos, se repiten una serie de elementos que producen perplejidad en la sociedad. Generalmente se produce el asesinato después de años de violencia, que las mujeres sufren en muchos casos en silencio, o incluso nos encontramos con el fenómeno que más desconcierta a los jueces, las mujeres que después de denunciar al agresor, en un número significativo vuelven a reanudar la relación con ellos. Muchas mujeres tratan de explicarse a sí mismas este consentimiento preguntándose por un posible masoquismo de su lado, que junto con la vergüenza, haría difícil sacar a la luz su situación.
Consideramos importante subrayar que ser víctima de una agresión no es equivalente a un goce masoquista. Los desarrollos que Jacques Lacan hace en su texto Kant con Sade(3) y en el Seminario de la Angustia(4), sobre el sadismo y el masoquismo nos permiten separar estas dos cuestiones. El partenaire del sádico no es un masoquista, entre otras cosas porque el sádico lo que busca es provocar la angustia en su víctima y con un partenaire masoquista podemos suponer que no lo conseguiría.
Por tanto explicar el consentimiento de las mujeres al maltrato por parte de sus parejas, por el “masoquismo femenino” es una forma de eludir lo que está en juego. Cuando se cae del lado de la víctima de forma contingente, una de las primeras preguntas que surge es porqué “me eligió a mí”, lo que lleva a sentimientos de culpa y a una justificación del maltratador. Es una forma de dar consistencia al Otro, a veces incluso bajo la forma del Dios Padre.
Es evidente, que en el caso específico de la violencia de género, se pone en juego lo “acomodaticio” de ellas frente al partenaire. Las explicaciones sociológicas que intentan dar cuenta de este drama, dejan de lado lo que consideramos más esclarecedor para entender este “consentimiento” del que no es muy políticamente correcto hablar. Este consentimiento no responde a un hacerse víctima del goce del partenaire, sino al goce femenino que anudado al amor se pone en juego para ellas. Aceptar ser víctimas del maltrato de un hombre muchas de ellas lo justifican, durante mucho tiempo, porque consideran que ellos las aman. Aferrarse a este amor y al goce que conlleva es lo que en muchas ocasiones finaliza trágicamente.
No se trata de mujeres que a la manera de Antígona eligen el martirio, sino que una vez que se encuentran contingentemente con la violencia del Otro, muchas veces bajo la forma de celos patológicos, lo consideran un signo de amor.
La identificación al lugar de víctima que la sociedad propone para ellas, alejándolas cada vez más de la responsabilidad que conlleva su posición de goce, las torna más frágiles y desorientadas frente a ese Otro violento del que se las pretende salvaguardar.
Mercedes de Francisco
Publicado en PIPOL News. Julio 2015.
(1) MILLER, J-A., Curso de orientación Lacaniana el Partenaire-Sintoma. Buenos Aires 2008. Paidós. Pág. 139.
(2) LACAN, J., Seminario VII La Ética del psicoanálisis. Buenos Aires 1998. Paidós.
(3) LACAN, J., Kant con Sade. Escritos II. Madrid 1984. Siglo XXI Editores.
(4) LACAN, J., Seminario X. La Angustia. Buenos Aires 2006. Paidós.
La violencia
Para una convivencia social se necesita domeñar la violencia, la agresividad, el afán destructor, esto está en la base de la civilización y de la cultura.
Walter Benjamín nos habla de una violencia originaria que el derecho trata de regular y nos muestra también los impasses del campo jurídico para dicha regulación. El derecho tiene que servir de freno a la violencia que se da fuera de su marco, y por otro, legitimar la violencia que sirve para sostener el derecho mismo, a condición de no transgredirlo pues ello significaría su degradación.
Es evidente que el marco simbólico que aportan las leyes no pueden subsumir y erradicar totalmente el mal, ¿qué aparato judicial puede estar a la altura del enigma del mal en el ser humano?, cuestión a la que se enfrentan continuamente los abogados, jueces, fiscales etc.
Desde el descubrimiento freudiano y la verdad que conlleva, sabemos que ninguna institución podrá lograr acabar con la “fiereza” del hombre, que ya Baltasar Gracián en el Criticón, ilustra cuando nos dice que “si los hombres no son fieras es porque son más fieros, porque su crueldad supera la fiereza animal”. De esto podemos deducir, que la crueldad es una característica exclusivamente humana.
Cualquier intento de interpretar estos fenómenos como bestialidades, lleva implícito no querer saber que la tensión agresiva, que la violencia dirigida al semejante, que el mal, es un elemento nuclear de la constitución de los sujetos, de su condición de humano.
Desde la literatura, pasando por el cine, sabemos de esta tendencia destructiva que padecemos los seres que hablamos. De forma un tanto irónica la fábula del escorpión y la rana ilustra esta tendencia. El escorpión le pide a la rana que le ayude a pasar el río, y la rana desconfiando de las tendencias que caracterizan al escorpión se niega, pero el escorpión insiste con una impecable argumentación lógica y razonada, “no te clavaré mi aguijón pues si lo hiciera nos ahogaríamos los dos”. Frente a este argumento basado en la idea de que cualquier ser vivo pretende autoconservar su vida, la rana accede; a mitad del río el escorpión pica a la rana, entonces esta, estupefacta le pregunta ¿por qué?, obteniendo la respuesta, “es mi carácter”.
Es por eso que convendría no perder de vista lo que nos enseñan la literatura, el arte, etc., y que el psicoanálisis conceptualizó como pulsión de muerte anudada a la vida.
En el tema específico de la llamada violencia de género, -sabemos que hay otras formas de violencia, la que implica la guerra, la pobreza, la juvenil, la derivada de la xenofobia etc.- se parte, sobre todo de los datos sociológicos, estadísticos, fenoménicos, para abordarlo. Los Estados con las leyes en un esfuerzo por lo alarmante y preocupante de su frecuencia, tratan de poner un freno a esta violencia cada vez más desbocada. Pero si esta vía es absolutamente necesaria, es evidente que se torna insuficiente.
Abordajes psicológicos
La mayoría de las terapias, de los acercamientos sociales, pedagógicos, insisten en negar: que la subjetividad ha perdido toda posibilidad de ser abordada biológicamente, que la tendencia destructiva es inherente al ser que habla y que la constitución de un sujeto exige de una operación de alienación con el Otro, de la cual se deriva una tensión agresiva con el semejante.
Nos damos una identidad, un ser, gozamos, pero ello es a través de la imagen del otro, de su reconocimiento, de los objetos de satisfacción que buscamos en él, de las marcas nuestras que reconocemos en ese Otro exterior.
En España el abordaje y tratamiento que las instituciones dan al problema , está marcado por un intento educativo y adaptativo tanto del sujeto agresor como de la víctima de la agresión. Dicho abordaje, ignora las causas, evita las preguntas y su desconocimiento lo único que promueve es mayor desorientación entre los sujetos, los profesionales y las instituciones.
Se trata de una concepción psicológica-social donde el problema es tratado focalmente, donde se lo reduce a una acción desprovista de su estatuto imaginario, simbólico y real, una acción que aunque genera interrogantes, estos quedan aplastados por un tratamiento exclusivamente enfocado a la erradicación de la conducta. Una concepción que reduce al ser humano a su estatuto puramente biológico, cercenándolo a una animalidad, a una instintualidad irremediablemente perdida.
El contragolpe de ese desconocimiento, -como el que Jacques Lacan nos muestra como inherente a la función de síntesis del yo-, es que ello insiste. Insiste con la reincidencia por parte del agresor, más allá de la vigilancia, de los esfuerzos por mantener el alejamiento, de los divorcios; y esta insistencia no es exclusiva del agresor pues en ella participa también la víctima.
Hace unos años, una juez se vio enfrentada a un problema ético de gran calado. Le fue requerido el permiso por parte de una mujer para casarse con su agresor encarcelado por acciones violentas ejercidas contra ella misma. La juez negó dicho permiso y esta mujer le acusó de no respetar su libertad de elección. Incluso un suplemento dominical del diario el País, dedicado a los testimonios de profesionales, mostraban la perplejidad y angustia de los mismos cuando una y otra vez se encuentran con esta reincidencia por parte de las víctimas, más sorprendente aún que la del agresor.
Esta respuesta de dicha mujer tiene todo su valor, el derecho a la elección del sujeto. En nombre de un bien que el Estado, la sociedad quiere para los sujetos podemos estar infringiendo un recorte grave de este derecho insoslayable.
Pero más allá de esto, esta apelación a la elección nos puede abrir una vía de reflexión que nos permita dar cierta luz sobre este problema concreto que se desencadena en el marco de la vida amorosa, en la relación entre hombres y mujeres.
La perspectiva desde el psicoanálisis
Desde luego, parece más simple, aparentemente más efectivo, ir a la conducta que nos molesta, que daña, que nos inquieta; antes que elegir el camino de mayor envergadura que propone el psicoanálisis. Pero los años que van transcurriendo de atención a estas problemáticas y de resultados nada halagüeños, hacen patente que esta facilidad es una pura falacia. Frente a este agravamiento lo único que los poderes públicos tienen para ofertar es mayores cuantías económicas para aumentar los distintos servicios, es decir que “algo cambie para que todo siga igual”. Se crearán casas de acogida, se buscarán vigilantes para el cuidado de las víctimas, se harán leyes cada vez más afinadas en este sentido, se atenderá psiquiatrica y psicológicamente, pero desde la concepción antes señalada, y lo que encontraremos es la “recidiva”. Una mujer que después de doce años de separación y una vez rehecha su vida vuelve con él, una mujer que cuando el policía que la protege arremete a su agresor por violar la orden de alejamiento, termina defendiendo a su agresor y agrediendo a su guardián, etc.
Si nos quedamos con respuestas sociológicas y del “aquí y ahora”, de esa supuesta realidad objetiva, que hace que las cosas sean como son, difícilmente podremos ofrecer un camino a los sujetos, para una rectificación de estas elecciones tan fatales que pueden acabar trágicamente.
Desde luego el psicoanálisis a diferencia de la psicología no promueve ningún tipo de evaluación que influya sobre la condena del culpable, nuestra función como psicoanalistas es de otra índole. Y ello, nos podría llevar también a preguntarnos el valor de estas evaluaciones forenses a la hora de aplicar el castigo legislado.
Sería interesante recordar el análisis que Adorno realizó de la retórica fascista cada vez que apelamos a la simplicidad, a la sociología servidora del mercado, a la rentabilidad que siempre va disfrazada de eficacia y rapidez. Una retórica que busca usar la debilidad del otro para el fin que pretende, que degrada toda idea de argumentación en pos de consignas disfrazadas de fácil comprensión, en una palabra que nos deja en un estado de impotencia y de incapacidad de reflexión que sirve a los intereses buscados.
Jacques Lacan nos advertía que “en una civilización en la que el ideal individualista ha sido elevado a un grado de afirmación hasta entonces desconocido, los individuos resultan tender hacia ese estado en el que pensarán, sentirán, harán y amarán exactamente las cosas a las mismas horas en porciones del espacio estrictamente equivalentes”, y líneas después nos advertirá que a partir de cierto aumento de esta tendencia, las tensiones agresivas uniformadas se precipitarán a puntos de ruptura y polarización.
¿Las noticias cada vez más alarmante sobre el aumento de la violencia y el tipo de violencia que se padece, no responde ya a este límite cuantitativo que hemos traspasado?
Violencia contra las mujeres
En particular, la violencia contra las mujeres nos interroga a todos más allá del ángulo desde donde abordemos estos hechos. Es un problema que nos conmueve íntimamente y que abre un abanico de preguntas.
Como decíamos antes están las mujeres que no denuncian la sistemática violencia a la que se ven sometidas, o las que habiendo denunciado retiran la denuncia o no la ejecutan; o incluso, cuando todo el proceso ya está puesto en marcha y hay orden de alejamiento ellas mismas se saltan estas órdenes; llegando a retomar la convivencia y el vínculo con ellos.
Es evidente que esta violencia dirigida a la mujer no es nueva, incluso en algunas épocas las leyes contemplaban que el marido tenía derecho a ejercer la violencia hacia su esposa hasta matarla. Está claro que los cambios sociales e históricos y sobre todo los que se han producido a partir de los años 60’ 70’ del siglo XX, con respecto al lugar de la mujer en la sociedad han llevado paulatinamente a considerar esta violencia como un “mal” social.
A lo largo de la historia se han ido produciendo cambios con respecto al lugar de la mujer y sus derechos cívicos, casi siempre relacionados con el cambio de la institución matrimonial. El momento donde matrimonio y amor, que estaban separados, se unieron, afectó a la institución familiar que se vio zarandeada por los avatares del amor. A mitad del Siglo XX, el avance del control de la natalidad unido a los derechos conseguidos con el voto femenino, y en el trabajo supuso un vuelco definitivo.
Nos atreveríamos a decir que este cambio ha sido incomparable con respecto a los anteriores, aunque sabemos que sin los anteriores este salto no podría haberse dado.
Considerar a la mujer como “un ser” en pie de igualdad con el hombre tanto civilmente, como filosóficamente, como espiritualmente, etc., es algo verdaderamente inédito, (salvo los que consideran que en las sociedades matriarcales y nómadas esto funcionaba así), y hasta hace bien poco no ocurría.
Hasta el siglo XX, -y no debe ser casual que nazca en este siglo el psicoanálisis-, las diferencias anatómicas, psicológicas, etc. entre hombres y mujeres servían para justificar la no igualdad de derechos civiles, políticos, laborales, etc. Y ahora que se aboga y se sigue luchando, por lo menos en los países occidentales más avanzados, por esta igualdad, se está corriendo el riesgo de querer borrar estas diferencias.
Posiciones tanto conservadoras como progresistas en este sistema capitalista promueven una homogeneización de los sujetos, tendente a borrar la diferencia singular de la existencia de cada uno y también la diferencia que viene marcada por la posición sexuada. Lo homogéneo, lo idéntico, aunque en principio pudiera creerse que llevará a algo armónico lo que generará será un aumento de la tensión agresiva y de la violencia en los vínculos.
Por ello las igualdades innegables de los derechos humanos no pueden subsumir las diferencias subjetivas y tampoco la diferencia que introduce en el mundo “el cuerpo de la mujer”.
Muchos movimientos feministas critican al psicoanálisis porque consideran que nuestra insistencia en no soslayar esta diferencia sexuada y lo que conlleva, implicaría un tratamiento discriminatorio con la mujer. Nada mas lejos de nuestros planteamientos sobre todo desde la perspectiva del psicoanalista francés Jacques Lacan que en su retorno a Freud subvirtió la consideración de lo femenino.
Como decíamos al principio esta violencia está íntimamente ligada a la diferencia de sexos, y esto atraviesa cualquier clasificación psicopatológica que pudiéramos tratar de hacer del agresor. Saber si se trata de una neurosis obsesiva o de una psicosis tiene valor para la escucha de un psicoanalista y la orientación de la cura del paciente, pero incluso en ese caso, hay algo transversal que no responde a esta diferencia psicopatológica y que está referido a cómo afronta o asume el sujeto su posición sexuada, y como se las arregla con la alteridad que representa la existencia de la mujer en el mundo.
La relación con esta diferencia es problemática tanto para hombres como para mujeres. No hay un saber disponible ni una técnica que nos diga como afrontar lo traumático de la sexualidad. Ni un modelo para saber como ser hombre o mujer. No se trata de ninguna cuestión innata, nada de la psicología animal como modelo nos sirve de ayuda para abordar esta cuestión por más que se empeñen. El hecho de la palabra y de su incidencia sobre el cuerpo desde nuestros primeros días de vida es lo único que tenemos como herramienta y, a la vez, es lo que no permite una complementariedad ni una simbiosis con el partenaire.
El maltrato no se da únicamente cuando llega el gesto violento, el mal trato que se le da a lo femenino cuya encarnación es el partenaire, puede empezar por pequeños detalles que muestran esta verdadera impotencia del hombre para abordarlo, incluso para amarlo. No se trata solamente de una impotencia sexual como síntoma sino más bien una impotencia vital. Es evidente que hay que diferenciar la violencia que se puede expresar a través de la palabra de la que pasa al daño físico. Tenemos ejemplos de esta violencia simbólica en la literatura, la filosofía, el derecho, etc., a lo largo de la historia. Y no nos olvidemos el lugar que ocupa la mujer todavía en ciertos países árabes. Incluso encontramos, como señalan muchas feministas, la violencia que se ejerce en los países de pleno desarrollo por la vía de la pornografía y la prostitución que mueve millones de euros.
La violencia de género no se puede entender si solamente se la mira dentro de la esfera doméstica. Es evidente que en la escena íntima entre los esposos lo que representa la existencia de la mujer en el mundo se experimenta de forma real. Margarite Duras en su texto el Mal de la Muerte relata el encuentro íntimo a través de un contrato de un hombre y una mujer y en él despliega magníficamente el efecto que este cuerpo mostrado en su belleza y en su máxima entrega y vulnerabilidad despierta en el hombre. Frente a la incapacidad de amar esa radical alteridad, el hombre está tentado a violarlo, degradarlo, humillarlo, en un intento desesperado de hacerlo todo suyo.
Violencia en el lazo amoroso
En todo lo expuesto antes, hemos ido mostrando para el psicoanálisis la importancia de lo singular e inigualable de cada sujeto como producto de una historia irrepetible.
La aparente promoción del individuo, de la defensa del individualismo de la época en que vivimos, no preserva esto singular sino que, por el contrario, lo aniquila. Se pretende que cada uno se aísle en un goce solipsista, que no se de el encuentro con el semejante, pero no como defensa de lo propio, sino sostenido en el puro desconocimiento de lo más particular. Un sujeto que en esta soledad sostenida en su yo, se torne menos problemático, menos sorprendente, que piense menos, que invente menos, que sirva mejor a los intereses del capitalismo más salvaje.
El psicoanálisis nos muestra que una relación presidida fundamentalmente por parámetros imaginarios, donde el amor se ha degradado en una identificación, donde la diferencia ha quedado reducida al máximo, y la dependencia del otro ha ocupado el mundo del sujeto; si la historia del sujeto ofrece un campo abonado, el contragolpe agresivo está asegurado. Se ataca en el otro, los rasgos de uno mismo. Es una violencia que se despliega en el lazo conyugal, amoroso, sexual de los protagonistas de la tragedia, y el carácter de repetición y de funesto destino lo invade todo.
Decíamos que en muchos casos, el criminal se suicida o se entrega inmediatamente para recibir el castigo que sabe que le corresponde. ¿Sería interesante saber si este castigo no era algo fuertemente buscado con el acto criminal?
Los hombres que llegan a matarlas no cometerían este acto con ningún otro semejante. Está dirigido únicamente a “esa” mujer con la que mantienen o han mantenido una relación “amorosa”, o mejor digamos una relación de pareja.
Es evidente que en el lazo erótico entre un hombre y una mujer, se ponen en juego las tendencias del sujeto y la problemática a nivel de la satisfacción. Satisfacción que como sabemos se anuda a la repetición. A veces, se trata de “esas elecciones fatales, manifiestas en el matrimonio, la profesión o la amistad, y que a menudo aparecen en el crimen como una revelación de las figuras del destino” como nos dice Lacan en su texto “Funciones del psicoanálisis en criminología”.
Vemos a partir de aquí como la elección del partenaire, no es cualquier elección y se van a jugar en ella las marcas del pasado, los complejos familiares, las condiciones de deseo, goce y amor de cada sujeto.
Además de esta diferencia, queremos plantear ahora algunas cuestiones sobre la diferencia que lleva implícita la diferencia sexuada.
Cualquiera que indague un poco en sus experiencias vividas, en lo que le acontece con el deseo, el amor, el goce, que reflexione sobre lo que le aleja y le atrae en relación con su partenaire, se dará cuenta de que hay una diferencia entre hombres y mujeres imposible de soslayar.
Pero, lo curioso es que aunque esta diferencia es innegable, está muy arraigada la idea de que el hombre y la mujer pueden mantener una relación armónica y de completud, sostenida desde hace siglos en el mito de Aristófanes que Platón nos transmite en sus Diálogos sobre el amor. Idea de unión simbiótica, de complementariedad, de posibilidad de encontrar justo eso que nos faltaría para ser un todo, para ser esa figura esférica que estaba en el origen.
Es importante aclarar que para el psicoanálisis la posición sexuada, hombre y mujer, no está dada por la anatomía. Son posiciones que están referidas a la castración, al falo, a la particular manera de gozar.
La forma en la que se satisfacen los hombres y las mujeres es diferente. Aunque el capitalismo intenta vender la idea contraria y digo vender porque saca mucho rédito de ello, esta diferencia insiste. Y esta diferencia marca una distinta forma de amar que puede llevar en su seno el germen del odio.
Pero no creamos que en esta tragedia el único protagonista es él, pues también la mujer se encuentra con ese cuerpo que ella misma tiene que sostener en el mundo. Fácilmente la mujer por lo difícil e insoportable que esto se le torna echa mano de las otras mujeres para rechazar lo que de la feminidad hay en ella, a la manera del hombre. Es en otra mujer donde supone un saber sobre lo femenino. Así es como se desentiende de su cuerpo y de su manera de gozar y la externaliza, al tiempo que hace existir a cualquier semejante como si fuera una alteridad radical.
El goce en el hombre está referido al órgano que porta y su condición de amor es fetichista, es decir parcializada, metonímica. Lacan llega a nombrar esta forma de amor así: “amo en ti algo más que a ti y por eso te mutilo”. Y en la mujer la condición de amor es erotómana, lo que implica que su amor depende del signo del Otro, esta condición la podemos encontrar tanto en las neurosis como en las psicosis, en esta última con una certeza inconmovible. Por ello para la mujer su satisfacción, su goce sexual pasa por el amor, está íntimamente ligado a él.
Las diferentes formas de goce sexual implican una imposibilidad irreductible, que solamente puede ser tratada por la vía del amor. Pero si este amor no tiene en el horizonte esta imposibilidad y si no está advertido de ella, la guerra de los sexos pasará a la escena.
Con respecto a las mujeres, para entender su capacidad de consentimiento con el maltrato, debemos despejar alguno de los tópicos que circulan, incluso en el campo psicoanalítico. Muchas de ellas usan el famoso masoquismo femenino para explicar esta dependencia. En la constitución de cualquier sujeto, en las construcciones fantasmáticas que jalonan su vida hay un aspecto masoquista con respecto al Otro, que cuando lo extrapolamos a lo social podemos llamar servidumbre voluntaria. Es decir que este masoquismo no es ni masculino ni femenino. No hay un masoquismo específicamente femenino, sin embargo, como venimos diciendo si que hay una particular forma de gozar conectada al amor. Este mito del masoquismo ellas lo adoptan porque la doxa lo promueve, pero en cuanto las dejamos hablar aparece lo que realmente está en juego y que dicen claramente “lo aman”, y este maltrato aunque es algo dañino, al menos es un signo del otro, que por lo general viene acompañado del arrepentimiento de él y la declaración de amor. Entre alguno de los estudios estadísticos que se han hecho apareció un dato que escandalizó a la mayoría de “bien pensantes”, cuando chicas muy jóvenes decían que ciertos celos cuasi patológicos de sus parejas les parecía un signo de que las querían.
Desde luego uno podría decir que esto no es amor, pero si lo es, incluso el de ellos lo es, un amor dañino, destructivo, un amor degradado en odio. La historia está repleta de amores de este tipo, aunque no terminaron en asesinato, el destino fatal para ellas fue indudable. En este sentido existen bastantes ejemplos de esposas, amantes, de hombres famosos que quedaron en segundo plano y que se dedicaron a sostener a “su hombre”, en algunos caso con resultados dramáticos.
Es un amor que se va degradando en una pendiente imaginaria, donde lo insoportable de la alteridad de la que hablábamos antes, se traduce en violencia y destrucción. La no aceptación de que la mujer tiene algo de inapresable, de que no se la puede terminar de nombrar, de que no se la entiende, despierta en el hombre un sentimiento de impotencia que puede resultarle insoportable y llevarle al pasaje al acto violento. Esta violencia la encontramos en todos los estamentos sociales o de clases, no en la misma proporción pero sí con la misma intensidad.
La impotencia que un hombre puede sentir no siempre se salda con el acto violento, lo que quiere decir que en estos casos concurren determinaciones patógenas edípicas. Según su particularidad, podremos encontrar alguno de esos hombres que ejercen la violencia con una mujer, y después con una nueva pareja esto no ocurre.
El psicoanálisis sin tener ninguna aspiración preventiva es una praxis donde el sujeto puede hacer el recorrido por estas determinaciones y encontrar una elección que no le lleve indefectiblemente a un destino fatal. Que solo se saldará con un castigo que le volverá a dejar en el puro desconocimiento y que no implica ninguna responsabilidad.
La pena, el castigo, que a los jueces les corresponde determinar no supone en sí mismo la asunción de la responsabilidad con respecto a los actos cometidos. La responsabilidad sobre las consecuencias de nuestros actos es lo que hace a la dignidad de lo humano. Pero está claro que no resulta fácil asumirla, pues somos responsables incluso de nuestros sueños como decía Freud.
Esta época que niega esta imposibilidad de la relación sexual así como niega el inconsciente del que hablábamos antes, se aleja, cada vez más, de esta asunción que dignifica la vida. Si la ley contempla atenuantes para las penas, para la responsabilidad subjetiva no hay ninguno.
Parece innegable la relación del agresor con el castigo. En las estadísticas del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial, el menor porcentaje son los que huyen después de realizado el asesinato, en la mayoría de los casos se intentan suicidar, se entregan o se quedan junto a la víctima. Este castigo es una forma en la que la pulsión de muerte, la tendencia destructiva del sujeto ha finalizado su recorrido circular. Primero la destruye a ella cuya alteridad niega y luego a sí mismo. Y en las víctimas, su relación privilegiada es con la culpa y la vergüenza.
Ellos en la lógica del tener, y ellas en las del don de amor. Ellos temiendo no poseer su objeto, ellas temiendo perderlo.
Si para las mujeres su existencia se sostiene en este amor, si como nos dice Lacan la mujer es acomodaticia y capaz de hacer cesiones sin límite por un hombre de sus bienes, su cuerpo, su alma, si su deseo está anudado al amor, no está del lado de lo múltiple; es fácil interpretar lo difícil que les resulta la separación.
No hay en ningún lugar escrito como ser hombre o mujer. Los hombres que frente a ellas no encuentran otra forma que la de ejercer un poder violento para autoafirmarse lo único que logran es quedar enredados en la voz superyoica que, en cada caso, a su manera, pone en cuestión su masculinidad. No debe ser casual que se produzcan muchas muertes cuando ellas se han ido de su lado, confirmando así que no han sido capaces de “dominarlas”. Incluso se han dado casos donde las matan cuando ellos tienen una nueva pareja.
En el caso de las mujeres, si ellas pudieran salir del círculo infernal del temor al desamor y de la culpa a los primeros signos violentos del partenaire habría muchas posibilidades de cambiar este destino trágico.
Para los hombres es más difícil que estos actos se tornen sintomáticos, son ellas las que más fácilmente pueden pedir ayuda para tratar de entender aquello que está en juego y que las concierne. Desde luego si se encuentran con corrientes de la psicología que lo único que tienen para aportar es una modificación de la conducta todo esto seguirá su curso. Por supuesto que la educación y la cultura son recursos con los que puede contar un sujeto para hacer en la relación hombre-mujer, pero no una educación y una cultura que lo que intente es hacernos creer que somos dueños de nosotros mismos y que no contemple que nuestros pensamientos inconscientes tienen más efectividad que el mundo de la conciencia.
Lo que el psicoanálisis oferta es una praxis donde la palabra es el único medio del que se dispone. Se comprueba en los dichos ese horizonte de imposibilidad que hay que aprehender a amar para que el amor no termine degradándose en odio y sea un amor más digno que torne posible el lazo entre hombres y mujeres.
Mercedes de Francisco
Publicado en VV.AA. "Relaciones violentas; entre el amor y la tragedia". Compilaciones por Patricia Sawicke y Beatriz Sotillo, Grama Ediciones 2014.
Sobre mí
Mercedes de Francisco
Psicoanalista
Mercedes de Francisco Vila es psicoanalista, AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente del NUCEP y del Instituto del Campo Freudiano. Co-coordinadora del NUCEP y co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España. Fue Presidenta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España en el periodo 2000/2002. Ha impartido múltiples seminarios y conferencias, y ha publicado numerosos artículos en distintos libros, revistas y medios digitales. Autora del libro Un nuevo amor editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2012 y del libro En Femenino Singular editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2016.
CATEGORÍAS
- AMOR (28)
- CINE (9)
- FAMILIA (1)
- GENERO Y FEMINIDAD (21)
- LITERATURA (12)
- POLITICA (7)
- PSICOANALISIS (37)
POSTS MÁS LEÍDOS
-
Desde hace casi 14 años participo en una tertulia en un café céntrico de Madrid “Una mirada analítica sobre el cine”, el día que dedicam...
-
El impacto de Casablanca, la luz que desprendía Ingrid Bergman frente a Humphrey Bogart, esa mirada entre suplicante y ardiente que tras...
.jpeg)








.jpeg)


.jpg)









