Muy agradecida a la Biblioteca de Orientación Lacaniana en Madrid por la presentación de mi libro "El amor y sus enigmas" y a los amigos que tuvieron la generosidad de presentarlo: Eloisa Cano, Amador Fernández-Savater, Concha Mígueles y Damasia Amadeo. Y a todos los asistentes que llenaron la sala. Muy conmovida por lo que se dijo y con una gran alegría por este estupendo encuentro.
Encuentro con María Navarro en el Centro Cultural La Malagueta, en Málaga el 3 de junio 2025
¿Que sería el cine sin las películas de amor y sin los papeles que han
interpretado las mujeres? Tendríamos películas bélicas, del género negro, épicas, de
villanos, pero estaría amputado de una parte fundamental de nuestras vidas.
Ayer vi My Blueberry Nights de Wong Kar Wai, y me gustaría recomendar esta “sencilla” película. Es una película sobre el amor y el desamor que transcurre en Estados Unidos. Este director se mantiene fiel a sí mismo cuando combina de forma casi mágica los movimientos de los actores con la música y los colores. No podremos olvidarnos en sus otras películas del contoneo de la mujer que sube las escaleras, de la cacerola de los espaguetis y de los boleros que nos podrían parecer inapropiados para el paisaje urbano que muestra. Es un hacedor de películas de amor.
La barra de un bar es un elemento decisivo en torno al que se desarrolla este film, otro, las llaves…llaves dejadas por unos para otros, llaves no recogidas por nadie, casi como cartas “en soufrance”, “en espera” para llegar a su destino. Con estos dos elementos, y un hombre y una mujer se desarrolla una película que termina como comienza. Pero para que este cierre se produzca, tienen ambos que transitar un cierto tramo del camino a solas, tienen que darse tiempo. Tienen que desterrar la prisa.
Ella se tiene que curar del desamor que la ha dejado maltrecha, él de la espera equivocada. Ella emprende un camino por el interior de Estados Unidos y trabajando de camarera en turno doble para aturdirse, comienza a interesarse por esos hombres y mujeres aquejados por el desamor. Un hombre que no deja ir a su mujer aunque llevan tiempo separados, una hija que no puede amar por un amor siempre frustrado con su padre, le permiten a ella tomar el camino de vuelta. A través de las cartas que le envía a él, irá encontrando la manera de cruzar una calle, cruzar un umbral que parece tan difícil. Este “miedo” Wong Kar Wai nos lo hace sentir cuando de vez en cuando vemos pasar el metro vertiginosamente por encima de un puente. Del vértigo con el que comienza la película cuando él contesta al teléfono, a la cámara lenta cuando ellos dos se encuentran.
Un comentario escuchado al pasar al salir del cine sobre la película: “la vida real no es así” me hizo comprender mejor la fuerza de este relato. En esta frase “la vida real no es así”, este real no es el imposible del que hablamos los lacanianos, este real es la realidad que vamos conformando con nuestros fantasmas y miedos para alejarnos de lo imposible y por tanto de lo que podemos hacer posible. “La vida real no es así” que parece una frase muy realista es en realidad lo que nos aleja de lo real, de lo imposible, para sumirnos en la impotencia de la realidad fantasmática.
Wong Kar Wai muestra, al menos dos formas de lo real, la muerte y el amor; y él decididamente elige una, ¿por qué esta sería menos real que la otra? A este comentario de “la vida real no es así”, le siguió otro algo jocoso de una mujer, “sí claro, la vida real no es así porque nosotros no nos movemos a cámara lenta”, o quizás sí, a veces nos movemos a cámara lenta y logramos eternizar un instante.
Mercedes de Francisco
20 febrero 2009
Texto publicado en libro “Un Nuevo amor” .Ediciones Anagrama, en Bibliografica de Voros SA , Buenos Aires octubre 2012 ISBN 978-987-1649-86-0 Octubre 2012
My Blueberry Nights película del director de cine Wong Kar-wai estrenada en 2007. Protagonizada por Nora Jones, Jude Law, Rachel Weisz, Natalie Portman y David Strathaim
En un juego de palabras que permite la lengua francesa, Jacques Lacan, juega con la parecida sonoridad en francés entre dit-femme y diffame. El intento de decir a la mujer, de definirla, de universalizarla, de darla por conocida, fracasa.
La tendencia a la difamación de las mujeres a lo largo de los tiempos no necesita justificación. Incluso en este momento donde podemos considerar muchos avances en sus derechos y reconocimientos, esto sigue presente.Estejuego de palabras tan sutil y casi dicho al pasar, nos muestra una de las formas en las que se encarna la dificultad que implica la existencia de la mujer en el mundo.
Ya Freud en sus Contribuciones a la Vida Amorosa, en su texto sobre el Tabú de la Virginidad mostraba a partir de los estudios antropológicos de algunas tribus el tabú que rodeaba a las mujeres, por ser ese continente desconocido y misterioso frente a lo que el sujeto se horroriza y del que de alguna forma debía distanciarse. Esto que en los primitivos tomaba esta forma de tabú, en muchas religiones toma la forma de preceptos y prohibiciones. ¡¡Ese cuerpo que encarna la diferencia es lo que nos trae a maltraer!!
También ahora en pleno Siglo XXI, con los movimientos trans y ciertos feminismos se ha vuelto a poner sobre el tapete como definir a la mujer. Llevando a derivas, en ocasiones, bastantes problemáticas.
Mientras que estaba preparando esta charla, durante las vacaciones de Navidad, por recomendación de una amiga, vi la película “El último duelo” de Ridley Scott. Diré que comencé y casi abandono, pues todas las escenas de lucha encarnizada con las que empieza no me animaban a seguir, pero esta amiga insistió en que atravesara la primera parte, pues luego seguro que me interesaría, y ella sabe de los temas que trabajo y llevo indagando durante años. Este film está basado en un hecho real, el último duelo que se autorizó en Francia. Frente a dos versiones contrapuestas de los hechos, se suponía que el que ganara en el duelo-torneo a muerte sería el que había dicho la verdad, y Dios habría hablado con el consiguiente castigo al que hubiera cometido perjurio.
Pero esto que no nos resulta nuevo, en este caso adquiere un tinte muy diferente e interesante, el duelo surge a raíz de la denuncia de Marguerite de Carrouges de haber sido violada, en ausencia de su marido,por el escudero Jacques Le Gris amigo de este. Como dicho escudero negaba esta acusación, su marido el caballero Jean de Carrouges le reta a duelo para que se sepa la verdad.
Este film, no ha tenido mucho éxito de taquilla, pero quizás como en otras películas de Ridley Scott más adelante se valorará.
No me voy a detener en los detalles que han rodeado su realización, pero señalaré que el guion contó con el asesoramiento de Eric Jager autor de un libro documentado sobre estos hechos y titulado “El último duelo”
La película, tiene tres partes con el relato de cada uno de los implicados, pero lo que más me interesó de esto, que como ya sabéis ha sido una forma que se ha usado anteriormente por otros cineastas, es el título que dan a cada capítulo, cuando se trata del relato de los hombres reza así “la verdad según” …, cuando se trata de ella, aparece su nombre y después, la verdad.
Esta película es interesante por el interrogatorio al que se somete a Marguertie de Carrouges. En lo que llevo leído del libro de Jager, no he encontrado una corroboración documentada de ello como si de otras partes del film. Esa parte está guionizada por una mujer y resulta muy creíble que los interrogatorios a los que sometieron a Marguerite de Carrouges antes de que el rey decidiera si se realizaba o no el duelo, fueran de esa guisa. No es significativo si son exhaustivamente verídicos, lo importante es que podemos encontrarnos en la actualidad con algo muy parecido en los juicios sobre violaciones y agresiones sexuales a mujeres.
Freud aborda la diferencia sexual con el anudamiento del registro imaginario y simbólico. Por un lado, tendríamos esa imagen corporal que nos enfrenta a la diferencia anatómica y los efectos que de ello recoge lo simbólico con lo que Lacan nombrará como significante fálico que organiza la significación y que está marcado por la ausencia y la presencia, por el lleno y el vacío, por el tener y la falta.
Freud con la observación de los niños y la escucha de sus pacientes comprueba que en la infancia se da lo que nombrará como “la premisa universal de falo”, la creencia de que todos los seres humanos portarían un órgano, contraviniendo la percepción supuestamente objetiva de que hay unos seres que lo portan y otros que no, por tanto, esta creencia no responde a la imagen del cuerpo. Llegará un momento en que los sujetos se verán obligados a posicionarse frente a esta diferencia, ello tendrá como consecuencia para el varón el temor a la pérdida, la amenaza de castración, que toma distintas formas sintomáticas, y en las mujeres asumir que ellas no tienen ese órgano se traducirá en el temor a la pérdida del amor.
Lacan comprueba que esta manera freudiana de abordar lo femenino resulta insuficiente y considerar el goce que experimenta una mujer “solamente” desde esta perspectiva fálica no alcanza. Lacan empieza a desembarazarse de la premisa que se podría derivar de todo esto, la universalización del goce fálico para todos.
Aunque Freud mostraba su ilusión de encontrar una fórmula “suficientemente normal” como para llegar a un encaje adecuado entre hombre y mujer que nos salvara de los padecimientos de la sexualidad y el amor, era muy honesto como para no comprobar que lo que antes consideraba malestares y perturbaciones neuróticas y patológicas, al final resultaban comunes a cualquiera.
Es Lacan el que se va encontrando en relación a lo femenino que la horma fálica no sirve para abordar el goce de una mujer. Y es así como definitivamente en su Seminario XX, Aún, pone en jaque el goce fálico y comienza a nombrar otro goce, que no es el reverso, ni el complementario del fálico, sino que es suplementario.
No hay otra significación que la fálica, las leyes del lenguaje responden a esa lógica que siempre es binaria. Por eso cuando se pide a las mujeres que den cuenta de este otro goce, que algunas conocen, no sueltan prenda. Pero no se trata de una ocultación o secreto intencionado sino de una dificultad estructural para nombrarlo. El campo de la palabra no alcanza para decirlo, y por tanto tampoco para decir La mujer. El intento denodado en definirla, en nombrarla, al encontrarse con este muro, este imposible, nos lleva a difamarla: “puta, bruja, zorra…paranoica, histérica”
Es evidente que esta difamación no parte exclusivamente de los hombres, las mujeres pueden ser terribles cuando entran en esta pendiente. Una manera que tiene la mujer de significar esta ausencia, esta falta, siempre desde la perspectiva fálica es considerándose en déficit, no puedo, no llego, no tengo…a sí misma. Por la vía de la difamación se evidencia el rechazo a lo “opaco” de este goce en la otra y en ellas mismas.
Por más educación, cambios logrados en los derechos de la mujer, que por supuesto son fundamentales para nuestras vidas, esto de lo que hoy trato de dar cuenta aquí es transversal a cualquier época y solamente poniéndolo en primer término tendremos una oportunidad de inventar otra cosa.
Por ello me pareció que esta película es muy interesante para ejemplificar esto.
Que esté inspirada en una historia real de la Edad Media viene muy bien para evocar lo que Lacan en el Seminario Aún afirma y que resulta en cierta manera enigmático, que en el Medievo a la mujer no le iba muy bien y que quizás por ello apareció el paradigma del amor cortés, encumbrando a la Dama, elevándola a la dignidad de la Cosa.
En este film queda patente que en la Edad Media con la mujer se podía hacer cualquier cosa, entre otras las violaciones permanentes y por eso tenían una teoría ad hoc para pensar la reproducción y seguir manteniendo a buen recaudo los patrimonios de los Señores Feudales y la Corona. Consideraban que si no se producía en el momento del coito el orgasmo que en francés textualmente es “la pequeña muerte”: la petite mort, no se produciría la fecundación. Salvaguardando así de los bastardos las herencias. Y por tanto también considerando que en una violación no podía darse este goce en la mujer y en el matrimonio sí.
Para el psicoanálisis la cuestión del goce es mucho más paradójico y no se puede hacer coincidir la reproducción con el orgasmo, aunque ciertas afectaciones del cuerpo pueden colaborar fisiológicamente en la fecundación, y tampoco se puede aseverar que una mujer en una violación, abuso, no va a experimentar satisfacción alguna.
Marguerite de Carrouges, queda embarazada justo por las fechas de la violacióny observamos como en el interrogatoriose pone en juego la maquinaria de la difamación, también, del lado de las mujeres. Ella debe estar mintiendo, el encuentro sexual debió ser consentido o debe tener un amante.
La situación de Marguerite que durante cinco años de matrimonio no había logrado quedar embarazada de su marido contravenía las teorías sobre la fecundación. Por un lado, o no gozaba con su marido y por ello no lograba el embarazo o había gozado con Le Gris por lo que el forzamiento que ella denunciaba no era tal, sino que se trataba de un encuentro consentido.
Le preguntan si goza con su marido y si gozó durante la violación. Y lo que me ha parecido más remarcable es la ambigüedad que deja abierta la interpretación actoraly las respuestas…no conseguimos tener una certeza de que diga la verdad sobre su goce. Podemos por las escenas sacar nuestras propias conclusiones, con respecto a su relación con el marido..., pero lo que queda patente es la afirmación de Lacan que cuando frente a un tribunal se pide que se diga la verdad toda la verdad y nada más que la verdad se trata de la verdad sobre el goce y esto es imposible. Por ello en el terreno del derecho se trata de hechos, aunque aspiran a lo otro.
El goce masculino en esta película está claramente explicitado y no lleva a ninguna duda. Se trata para ellos de las posesiones, tierras, mujeres, descendencia, apellido, honor, guerra, al final servidumbre, al Señor, al Rey, a Dios. La mujer es una posesión más.
Es el goce femenino el que interroga, el que perturba, el que pone en jaque al varón, es el que no le permite atraparla por entero, tenerla toda para él y en el film las miradas captadas por la cámara en el momento de las respuestas de ella ¡¡¡son excelentes! ¡¡¡Ellos penden de su hilo!!!
Esos hombres, que son capaces de luchas encarnizadas en el frente, con fama de valerosos, que se batirán en duelo por su honor se muestran horrorizados y aterrorizados frente a este goce otro, que les hace a algunos, -como Jean de Carrouges y Jacques Le Gris-, torpes y burdos cuando abordan una mujer… Usan su órgano como usan su espada…!! Y así, no sabrán nunca de que se trata hacer el amor a una mujer, pues se trata de poesía.
Mercedes de Francisco
Madrid 13 de febrero de 2022
1. Freud, Sigmund. “El tabú de la virginidad”. Obras completas, Tomo VII. Biblioteca Nueva, Madrid, 1986, pp. 2444 – 2453.
2. Jager, Eric. El último duelo.Ed. Ático de los libros, Barcelona, 2021.
3. Freud, Sigmund. “La organización genital infantil”. Obras completas,Tomo XIX. Amorrortu. Buenos Aires, 1992, p. 146.
4. Lacan, Jacques. El seminario, libro XX, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2015.
5. Película "El último duelo" del director Ridley Scott, Octubre 2021
Conferencia dictada el 14-01-2022 en el ciclo de conferencias del Seminario del Campo Freudiano en Málaga 2021-22
Hoy* es difícil concentrarse y tratar el tema del Amor, incluso del amor romántico que considera la muerte como una forma sublime que permite el encuentro de los amantes más allá del tiempo y del cuerpo…Abelardo y Eloisa, Romeo y Julieta…
Las características del amor romántico se derivan del amor cortés y si buscamos el germen del que se nutre llegamos a Platón, con las distintas versiones neoplatónicas, es decir un platonismo tomado por el cristianismo y a lo que los distintos filósofos considerados románticos han tratado de dar respuesta.
Su problema fundamental era cómo hacer con las tendencias sexuales y las tendencias amorosas, tratando de entender que no son la misma cosa y que a la vez pueden estar juntas. Unos dirán que la única forma para ello es el matrimonio basado en la amistad, otros que el amor pasional tiene que estar por encima de cualquier otro amor filial o amistoso.
Lo que está en juego son las dificultades para poder hablar de un lazo entre los sexos.
La sexualidad y el amor es un tema que ha interrogado a todos los filósofos y su máximo exponente lo encontramos en el diálogo platónico sobre el amor del que somos herederos.
En este diálogo de Platón hay muchas definiciones sobre el amor. Jacques Lacan hace un inédito análisis del Banquete en el Seminario de la Transferencia, en el cual trabajará intensamente el concepto freudiano que nombra el lazo “especial” entre analizante y analista.
En él está el germen de lo que serán las marcas del amor romántico…pero en el diálogo socrático la diferencia sexual no marcará la disimetría sino la posición entre amante y amado. El amor será entonces producto de la reversibilidad de los papeles, cuando el amante pasa a ser el amado y el amado el amante. Tendremos así como ejemplo paradigmático el sacrificio que hizo Aquiles muriendo por Patroclo. Si Aquiles es “el amado”, el que tiene el agalma para el otro ¿por qué sería él, que está del lado de la abundancia, de poros, el que llegaría al sacrificio de su propia vida por el amante, al que le falta? Se extiende una mano a la rosa y de la rosa surge otra mano, linda metáfora de Lacan para nombrar esta inversión y reciprocidad.
El cristianismo, partiendo de aquí, construyó un amor sostenido en el sacrificio y vemos como de alguna manera esta marca está presente en la relación entre el amor romántico y la muerte.
El amor romántico hunde sus raíces en el platonismo y en el amor cortés. En el amor cortés la disimetría se da entre el caballero y la Dama, derivada de la diferencia de clases y lugares, es la Dama la que tiene un lugar privilegiado.
Lacan nos dice que en la Edad Media las cosas andaban mal para la mujer y es ahí donde surgió un amor que ponía en un pedestal a la Dama, que la idealizaba. El amor y la pasión por un lado y el matrimonio por otro, permitía un orden.
La herejía cátara como antecedente del amor cortés hizo que la Iglesia tomara cartas en el asunto y que lo que antes era permitido en la sexualidad estuviera prohibido a partir del IV Concilio de Letrán. Los cátaros con la idea de que en el ser humano anidaba el Mal estaban en contra de la procreación y la descendencia. Por ello, en el relato del amor cortés entre los amantes se impone la castidad, es un amor imposible porque las circunstancias no lo permiten, los cuerpos y la reproducción quedan afuera.
Mientras estuvo separado el amor del matrimonio, a la mujer se le “permitía” tener deseos y pasiones.
Algunos filósofos que se sostienen en el cristianismo o en el protestantismo intentan combatir el “vicio”, las pasiones, la sexualidad y para ello consideran el matrimonio como una salida que conjugue amor y sexualidad.
De ello se deriva el amor romántico, cuyo final feliz viene acompañado del matrimonio. A partir de mediados del XVIII y en el XIX se instala este lazo entre la unión conyugal y el amor, que a nosotros nos parece “tan natural”. Muchos reaccionaron frente a ello porque vieron en esto un problema, el matrimonio se vería librado a los vaivenes del amor y esto haría que la institución que protegía el patrimonio se viera zarandeada. Se instaló una moral donde los deseos y pasiones quedaban reservados a los “hombres”, y para las “mujeres” la inhibición y una relación con la sexualidad mas como un deber que como un deseo o una pasión…Es sujetando a la mujer como podían correr el “riesgo” de esta unión entre amor y matrimonio.
Es a partir de aquí que se instalan los conceptos de homosexualidad (1869) y heterosexualidad (1890)[1]que antes no aparecían en los discursos. Vemos surgir en el XIX una moral victoriana que sirve a los intereses patrimoniales y que pretende resolver “algo irremediablemente equivocado de la sexualidad humana”[2]
De esta rápida contextualización deducimos el impacto del descubrimiento freudiano y lo que supuso para la moral victoriana que Freud hablara de la sexualidad en los niños, de la bisexualidad y, por supuesto, de la sexualidad femenina
No podemos obviar como el falo fue una referencia privilegiada de Freud, y que su abordaje de la diferencia sexual estuvo marcado por ella. Es cierto que algunos de sus discípulos entendieron estas cuestiones por el sesgo menos verdadero y las convirtieron en una moral, así pasaron a realizar un psicoanálisis educativo cargándonos, como nos advirtió Lacan, con el fardo de la “normal genitalidad”.
Como ya hemos explicado anteriormente debemos agradecer a Freud que hubiera abierto la caja de pandora con su pregunta “¿qué quiere una mujer?” y cuando nos mostró tanto con sus casos clínicos como en su propia vida, la disarmonía que reina en el campo de lo sexual.
Lacan condujo estos interrogantes a otro lugar, al separar amor y sexualidad propiamente dicha, cuando de forma enigmática enuncia que el “amor no es cuestión de sexos” .
Referente al amor, Lacan muestra algo muy importante: que el amor es producto del lenguaje y del hecho de hablar, que es una construcción para suplir la “no relación sexual”, esto que no se puede terminar de escribir entre hombres y mujeres.
Para Lacan los esfuerzos fallidos del pensamiento occidental tienen que ver con ese intento de velar la imposible relación sexual que ha marcado la filosofía y la religión. El amor es la construcción que sirve para suplir esta imposibilidad, suplencia que nunca ha logrado ser completa.
El amor romántico es heredero, -sin olvidarnos de las diferentes transformaciones que el amor ha experimentado a lo largo de la historia-, del mito de Aristófanes que es una referencia privilegiada en Freud y que Lacan ubica del lado de la pulsión de muerte. Este intento de hacer de dos uno es la cara de la muerte.
En las distintas versiones de este amor se trata de la “armonía” y la “imposibilidad de ella”. Un ideal que como es inalcanzable, acude a Dios o incluso a la eternidad para lograrse.
Lacan dice que lo que nos queda de este amor se da en la sala oscura del cine. El cine y la publicidad de los años 60 son el espejo privilegiado del estallido del consumo capitalista. El cine empieza a marcar con sus estereotipos nuestro amor que estará cada vez más afectado por el discurso que sostiene al capital. Lacan habló en los años 69/70 de cuatro discursos que organizaban el lazo social y, más adelante, de un quinto que sería más bien un “antidiscurso” porque rompe con el lazo con el otro al dejar de lado la imposibilidad y transmitir que todo es posible y está a nuestro alcance.
La inédita fórmula que alumbra Lacan de la imposibilidad de la relación sexual y del amor como la suplencia que nos asiste y sostiene el lazo con el semejante, le lleva a hacer una distinción fundamental entre tener un cuerpo y el “ser de goce”. Nacemos con un cuerpo que ya antes de la cuna es un polo de atributos y expectativas, -His Majesty de Baby lo nombró Freud- pero nuestro ser de goce no mantiene correlato alguno a la imagen del cuerpo.
Tener un cuerpo no es fácil ni para el que es portador del órgano fálico, ni para la que nace privada de este objeto. Tanto para el hombre como para la mujer sus cuerpos pueden ser rechazados y transformados según las estéticas imperantes y también -como no- mutilarlos con la connivencia de la ciencia.
Nuestro sinthoma singular, único e incurable, marcará nuestra existencia y habita en la morada del cuerpo que es, al mismo tiempo, tanto el primer objeto de la libido, como aquello que siendo lo más íntimo nos es extranjero en su extrañeza.
Lacan habla del hombre y de la mujer, sin aplastarlos con el género gramatical en tanto que la anatomía no forzosamente coincide con la posición sexuada A esta disarmonía entre el peso de lo anatómica y la posición sexuada Lacan lo nombró como “carta de almor”, jugando con la palabra amor y alma, y dijo que se trata en general de una cuestión “hommo” para todos y todas, algo de lo mismo y de lo fálico, que está conectado a la misma estructura del lenguaje. Es por ello que la diferencia de posición y de lógica vendrán del lado mujer, sin que esto quiera decir que las que nos consideramos tales estemos en ese lado de la fórmula. Porque esta lógica es la que horada el lenguaje, la que lo agujerea, la que plantea que no-todo se puede decir, la que responde a un goce que no es parcial como el fálico.
Como decíamos, ya en el cine de los años 50 vemos como al capitalismo le ha venido perfecto el tipo de amor que llamaba a hacer de dos, uno. Sobre este presupuesto de fusión amorosa la publicidad promete la felicidad y la pareja perfecta si se compra un refresco, si se tiene un coche, si se hace un viaje, etc…y si esto falla también te oferta la alternativa tecnológica que lo resuelva. Se trata de hacer un perfil psicológico y buscar a alguien que te complemente, que se te parezca y así borrar las diferencias. En la serie cómica de televisión estadounidense “Modern family”, nos presentan parejas no “tradicionales”: dos gays que adoptan una niña, un hombre de edad con una joven-hispana, una pareja más tradicional pero que tienen hijos frikis, y al final todos se llevan bien y todo va sobre ruedas en el sueño americano. De moderna tiene poco, más bien es el ideal romántico de los años 50 adaptado a los nuevos tiempos, vendiendo felicidad pero nada de imposibilidad. ¿Qué país, qué nación, no querría importar esta forma de vida que nos promete el principio del placer absoluto?
Nuestros cuerpos y nuestras pasiones, han entrado en el mundo de la mercancía…y no se trata de una nueva concepción del amor por un cambio de paradigma, sino de su aniquilación. No defendemos, nostálgicamente, el amor romántico al contrario queremos mostrar que en un tiempo donde nada es imposible, el amor, -como suplencia de esta imposibilidad-, no tiene razón de ser.
Lo que sostiene la imposibilidad es la diferencia que introduce la lógica del no-todo, que es efecto de la existencia del cuerpo de la mujer en el mundo, ese cuerpo hecho de un trazo alrededor de un vacío, que no logramos nombrar, totalizar, hacerlo todo nuestro, que nos enfrenta a un goce diferente y no complementario, que desbarata la ficción fecunda a la vez que ingenua del “orgasmo compartido”.
Para Lacan en la sexualidad no hay una nueva perversión que inventar. Ya Freud nos habló de la sexualidad del niño como polimorfa perversa, y ya no hay nada nuevo aunque ahora quieran hacernos creer que sí, a través del uso de los artilugios que propone el mercado que son sucedáneos del órgano.
Si algo nuevo es posible será en referencia al amor, un amor sostenido en esta imposibilidad, en el poema que uno puede escribir de su propia existencia como respuesta a esa diferencia que introduce el cuerpo de la mujer en el mundo.
Esto no será más fácil para las que nos consideremos mujeres, porque podemos hacer de hombre incluso más ferozmente que ellos.
El desarrollo del capitalismo, que lleva la marca de Tánatos allí por donde pasa, se sostiene en un rechazo fundamental a este no-todo del que venimos hablando. La globalización es el nombre moderno del “todo” frente al que nos encontraremos.
En nuestras democracias que se pretenden defensoras de los derechos humanos y de la igualdad de los sexos, veremos proliferar el rechazo al cuerpo de la mujer en sus distintas formas, una de ellas es la del subdesarrollo que el capitalismo conlleva[3]y cuyas principales víctimas son las mujeres y los niños. Frente al capitalismo la única alternativa es aceptar el amplio campo de las diferencias, así como tener en cuenta la imposibilidad que nos permite hacer de las categorías de lo contingente y lo posible algo distinto de la repetición.
Mercedes de Francisco
[1]Quignard, P. El sexo y el espanto.Editorial Minúscula, S.L. Barcelon 2014
[2]Lacan, Jacques.Discurso a los Católicos, Paidós Ibérica, Bs. As. 2005
[3]Lacan, J, El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Bs. As. 2006. Pág. 36
Conferencia dictada el 16 de noviembre 2015 dentro del ciclo ¿Qué hay detrás del amor? Critica al pensamiento amoroso, identidad y reproducción social. Organizado por Nociones Comunes de Librería Traficantes de Sueños. (C/Duque de Alba 13. Madrid)
Texto publicado en mi libro En femenino singular. Editorial Grama. 2016
El amor no es un tema nuevo, pues en cada momento de la historia adquiere diferentes formas y responde a distintos paradigmas, aunque, por otro lado, mantiene algo constante, algo que insiste. Desde los famosos diálogos platónicos muchos ríos de tinta han corrido para tratar de saber ¿qué es el amor? Sin tener aún respuestas definitivas a esta pregunta, hoy asistimos a otra vuelta de tuerca sobre este enigma, ya que el nuevo paisaje tecnológico en que andamos a tientas, añade nuevas e inquietantes variables a una ecuación que no podría ser más desigual. Nuestro grupo se propone, con toda humildad, explorar esta selva oscura de los sentimientos, con la creación de un “Observatorio del amor” que detecte, en la medida de lo posible, el rumbo que hoy en día toman la experiencia y la idea del amor.
Uno de los aspectos más inquietantes de las nuevas formas de amar es la diferencia que aflora en la demanda y las expectativas sobre el amor (en la relación de cada uno consigo mismo y con el otro): la dificultad de encontrar visiones compartidas, que tantas veces desemboca en incomprensión y violencia, parece indicar que mujeres y hombres viven de manera profundamente distinta el amor. Después de la jornada que ya dedicamos en 2021 al sentimiento del amor en abstracto y en general, nos proponemos ahora verificar la especificidad genérica del amor, empezando por el universo femenino, que será ilustrado y debatido en una nueva jornada.
DEBATE ONLINE A TRAVÉS DE ZOOM - Los inscritos tendrán acceso a la grabación del evento.
INSCRIPCIÓN
️ PROGRAMA
6 de mayo 18:00 h - Experiencias en diálogo
• Marisa Álvarez "Lo que cambia y lo que no cambia en el amor"
• Carolina Bertaggia "Amar / ser amada : Conocer / ser conocida"
• Carolina Meloni "Atra-besada: de amores y querencias germinadores de mundo"
• Mireia Varela Rodríguez "Amor, no te llame amor el que no te corresponde"
19:00 h - Coloquio con el público
Moderadores: Mercedes de Francisco y Raffaele Pinto
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• Marisa Álvarez "Lo que cambia y lo que no cambia en el amor"
• Carolina Bertaggia "Amar / ser amada : Conocer / ser conocida"
• Carolina Meloni "Atra-besada: de amores y querencias germinadores de mundo"
• Mireia Varela Rodríguez "Amor, no te llame amor el que no te corresponde"
Moderadores: Mercedes de Francisco y Raffaele Pinto

El amor no es un tema nuevo, pues en cada momento de la historia adquiere diferentes formas y responde a distintos paradigmas, aunque por otro lado mantiene algo constante, algo que insiste.
Desde los famosos diálogos platónicos muchos ríos de tinta han corrido para tratar de saber ¿qué es el amor? En estas Jornadas cada uno de los participantes tratará de cernir a través de sus aportaciones y el consiguiente debate este aspecto indefinible, este imposible de escribir que encontramos en los distintos saberes.
En este año marcado por una pandemia globalizada, el amor, con sus luces y sombras, sigue siendo una brújula que nos orienta en este mar embravecido en el que rozamos el naufragio y quizás es una tabla de “salvación” en estos tiempos que corren.
PROGRAMA 4 JUNIO 2021
16:00 h - Primera parte
Moderadora: Mercedes de Francisco
- Carlos Fernández Liria: La anomalía del sexo en la Filosofía
- Mercedes de Francisco: Lo irresistible en el amor
- Javier Sáez: El "amor" como concepto moderno y no universal
18:00 h - Segunda parte
Moderador: Raffaele Pinto
- Carolina Bertaggia: El imaginario salvaje del amor
- Raffaele Pinto: "Eres mía / Soy tuya" la dialéctica de la dependencia
- Mireia Varela Rodríguez: El lado oscuro del amor
Inscripción
Debate online el 4 de junio 2021, mediante la app Zoom.
Inscripción 4€ en concepto de colaboración con los gastos de organización.
Intervienen
Carolina Bertaggia
Licenciada en Literatura Comparada por la Universidad Alma Mater Studiorum de Bolonia, ha vivido y enseñado en Italia, España y Argentina. Ha sido responsable de eventos culturales en el Consulado de Italia en Córdoba (Argentina) y en el Comites (Comité de Italianos en el Extranjero) en Madrid. Actualmente trabaja como profesora especializada en un instituto de Bolonia, organiza cursos y talleres de escritura creativa y colabora con el Departamento de Estudios Italianos de la Universidad de Bolonia.
Carlos Fernández Liria
Profesor de Filosofía de la UCM, autor de El materialismo, El orden de El Capital y de algunos libros más sobre Marx. Su último libro publicado es Sexo y Filosofía. El significado del amor, cuya tercera parte se adentra en temas freudianos, bajo el título de Amor y Neurosis. Fue guionista de La Bola de Cristal en los años ochenta.
Mercedes de Francisco
Psicóloga clínica y Psicoanalista. Analista Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano, Miembro de la Asociación Muncial de Psicoanálsis. Co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España. Primera Presidenta de la ELP del CF (2000-2002) Libros publicados: Un nuevo Amor editorial Grama, En femenino singular. Participa en distintas publicaciones y dicta conferencias en distintos foros.
Raffaele Pinto
Profesor de Filología Italiana en la Universitat de Barcelona desde el año 1974. Es socio fundador de la Societat Catalana d’Estudis Dantescos (2000-2021) y forma parte del comité de redacción de "Tenzone", Revista de la Asociación Complutense de Dantología (UCM), en la cual ha publicado numerosos ensayos. Coordina el "Seminario de psicoanálisis cine y literatura" de la Universitat de Barcelona y ha realizado investigaciones filmadas sobre el malestar afectivo de los jóvenes: malestarafectivo.blogspot.com
Javier Sáez
Sociólogo, traductor y activista LGBTIQ. Trabaja y escribe sobre activismo queer, antirracismo, psicoanálisis y política.
Ha publicado diversos libros sobre teoría queer y políticas del cuerpo (Teoría queer y psicoanálisis, Síntesis 2004). Su último libro, el Libro de buen Vmor, editado con Fefa Vila (2020), reúne a diversas escritoras y activistas feministas y queer para impulsar y politizar debates actuales sobre el archivo, la memoria y el deseo.
Ha traducido 25 libros de autoras feministas y queer (Butler, Wittig, Halberstam, Ahmed, etc.).
Más info: https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_S%C3%A1ez_del_%C3%81lamo
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Mireia Varela Rodriguez
Barcelonesa del 84. Raíces de norte y sur, lleva, pues, la mixtura en el ADN. La lectura la secuestró en su multiplicidad dimensional y la convirtió en persona solitaria arropada por silencios. De ahí que sus investigaciones se centren en silencios, palabras y significados en la literatura. Actualmente doctoranda por la UAB con proyecto de tesis sobre La poesía del exilio de Jomí García Ascot. Colabora en prensa digital, activa en las redes sociales y co-organizadora del ciclo de veladas literarias en torno una figura o cuestión de la literatura junto a los profesores Bienvenido Morros y Raffaele Pinto. Fue encargada y conductora de un espacio radiofónico sobre literatura en @masquetw y sigue emprendiendo actividades en relación con la divulgación literaria.

Muy interesante conversación sobre Feminismos en la que participé junto a Carolina Meloni y Jorge Alemán, en el canal de youtube Punto de Emancipación.
Para Freud, amor y trabajo eran los dos temas candentes que generaban conflictos y malestar en los sujetos, y más concretamente las problemáticas sexuales. Descubrió escuchando a sus pacientes que en la sexualidad no hay nada que podamos considerar normal. Esto que se nos vende una y otra vez, geles, viagra, técnicas sexuales etc. en nombre de una sexualidad adecuada es un engaño.
Freud no solamente tuvo el atrevimiento de plantear esto, sino que también habló de la sexualidad infantil, y por supuesto de la sexualidad femenina.
Después de años escuchando los síntomas y malestares de sus pacientes, quedaba abierta la pregunta ¿qué quiere una mujer? Y planteaba dos grandes problemas a la hora de avanzar en un psicoanàlisis, las tendencias destructivas de los sujetos contra sí mismos, que nombró como pulsión de muerte, y el mayor de los obstáculos a tratar: “el rechazo de lo femenino” que atravesaba la historia de la humanidad, tanto para hombres como mujeres.
Sosteniéndose en estos presupuestos Lacan toma el relevo y avanzando en su clínica y trabajando y escuchando la de sus colegas, afirma que no disponemos de un saber para hacer con el otro sexo, y tampoco para hacer con esta “anatomia”, este cuerpo, que nos ha tocado en suerte. El saber institual, biológico, se perdió desde que el humano habla y se instaló el malentendio. Pero también nos queda ese algo vital que la palabra no tiene forma de nombrar.
Hablamos de goce como ese mixto de placer y sufrimiento, de eros y tánatos. El goce del cuerpo no copula con la palabra. “la relación sexual es imposible”, nunca habrá proporción, ni complementariedad, la unión fusional del mito esférico platónico queda puesta en cuestión.
¿Cómo entender entonces que los encuentros sexuales continuen, que hombres y mujeres sigan compartiendo espacios, afectos, hagan comunidad?
Frente a esta imposibilidad que cualquiera ha experimentado, pero que hace falta tiempo para comprender, la suplencia que hemos construido ha sido el amor. Un momento contingente en donde ilusoriamente se suspende esta imposibilidad y parece que es posible el encuentro entre los cuerpos sin fisura, sin vacío y sin síntoma. A veces, intentamos que no deje de escribirse esta contingencia la queremos eterna, surge así el amor que fija su objeto, será él o ella pero ningún otro u otra. En el caso de los místicos sin la intervención del cuerpo del otro, pues el éxtasis experimentado en el cuerpo responde al encuentro con Dios.
No existiría el amor sino existiera la palabra amor, su fuerte anudamiento a lo simbólico e imaginario ha hecho que a lo largo de la historia el amor fuera cambiando de forma, pero en cualquier época es una suplencia a este goce autistico del propio cuerpo, que nos permite el lazo con los otros. Estas diferentes formas de amor que ha producido el pensamiento occidental, encubren esta imposibilidad de una u otra manera. Sin embargo, la poesia ha mostrado lo que la estructura social no dejaba ver. La poesia amorosa y la mística siempre han apuntado a este imposible a esta herida incurable del ser que habla, a esta ausencia y a esta soledad. Así nos lo muestra Alejandra Pizarnik en este poema: “no/las palabras/no hacen el amor/hacen la ausencia/si digo agua beberé/si digo pan comeré”…
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Mercedes de Francisco
Texto publicado en el nº39 de la Revista La Maleta de Portbou
Enero 2020
Los psicoanalistas no solemos hablar de amistad, sino del lazo social que Lacan sostuvo en sus discursos. Sin embargo, la amistad está nombrada de una u otra manera en la enseñanza de Lacan como tal, o con el nombre que en griego se le daba: philia.
Platón, en los diálogos donde aborda este tema termina deslizándose a la cuestión del Eros y quedan poco claras las diferencias de Eros y philia. En todo caso la diferencia más palpable es que en el caso del Eros a la philia se le añade el deseo sexual. Aristóteles está más empeñado en tratar la cuestión de la philia y en conseguir dar una explicación más clara que la platónica. Considera que para poder especificar mejor que es la amistad es importante regirse por lo que la causa. Por ello la amistad que surge de la utilidad o del placer tiende a ser menos duradera y elevada y, sin embargo, la que responde a la aspiración al bien a través del amigo es duradera y superior.
Para Platón en el amor hay una disimetría, y en la philia aristotélica la semejanza o la afinidad es una marca a la que una y otra vez vuelve Aristóteles.
El Seminario Aún se puede leer como una respuesta a Aristóteles y muestra, entre otras cuestiones, el interés de Lacan en diferenciar el goce fálico del goce femenino y por tanto la lógica del “para todo” de la lógica del “no-todo”. Cuando nos habla del amor en su capítulo “una carta de almor” considera que en Aristóteles se trata de una ética “fuera sexo”, que se sostiene en esa aspiración al Ser Supremo y al Bien que encarna, y que la valentía para soportar esta intolerable relación es lo que permite que los amigos se reconozcan y se elijan.
Freud vino a desbaratar este intento de separación perfecta entre el Bien y el Mal. No va de suyo nuestra aspiración al bien propio o al del semejante y la historia nos lo demuestra. Las pasiones más bajas y las tendencias que no responde al Eros, sino a Tánatos y que nombró como pulsión de muerte, conviven desde nuestros primeros pasos en el mundo. Freud nos advirtió que el hombre no quiere su propio bien y por ello puso en cuestión el mandamiento de “amarás al prójimo como a ti mismo”.
Lacan considera la lógica aristotélica como una exponente de la “lógica macho” donde la diferencia que introduce la mujer en el mundo es dejada de lado. Por tanto, lo “hetero” por excelencia se aparta para llevarnos a un lazo sostenido en lo “hommo”, lo mismo, que deja por fuera la diferencia sexuada.
Los hombres se dan la mano, formando grandes comunidades y así logran tener el coraje para enfrentarse a los “riesgos” que implica el encuentro con una mujer.
El lazo entre los amigos, la semejanza y el anhelo del bien eran para Aristóteles el pilar de una sociedad y una comunidad. Lacan con su desarrollo sobre los discursos y el lazo que sostienen, viene a tratar de mostrar una alternativa donde “lo imposible” conserve un lugar en el vínculo con el semejante. Imposible y diferencia que se puede nombrar como sintomática. ¿Cómo surgirá un lazo que no se sostenga en pasiones estériles y aunque se trate de “amistad” y no de erotismo no expulse la cuestión de la diferencia sexuada?
Los lazos amistosos de los hombres una vez que conformaron una pareja, matrimonio, etc, es muy frecuente que se disuelvan. En la mayoría de los casos la amistad se desvanece una vez cumplida la función de defensa frente al riesgo femenino.
El fantasma válido tanto para hombres como mujeres y donde la diferencia sexuada no está en primer plano, parte de una posición macho, donde ellos, y ellas -desde la histeria-, se relacionarán con lo femenino parcializándolo, mutilándolo.
La philia surge de un mundo de hombres y mi interés es indagar que supone la amistad entre mujeres, que no se reduzca al encuentro entre dos sujetos histéricos que “hagan de hombres” y, por ende, rechacen lo femenino que las embarga de forma, en ocasiones, más feroz que la de los hombres.
Y en este intento me encontré con una novela que me regaló una gran amiga que conocí en la universidad a los 18 años. Es la novela “La amiga estupenda” que da comienzo a la saga de las dos amigas de Elena Ferrante. En estas cuatro novelas que conforman la saga, Lenú irá relatando la amistad que mantuvieron Lila y ella desde los primeros años escolares hasta la vejez.
De Lila lo que sabemos son las interpretaciones y versiones que nos da Lenú y lo que supuso para ella la presencia de Lila desde sus primeros encuentros. Es una escritura sencilla y que tiene la virtud de definir los personajes de un barrio pobre de Napolés a mediados de los años 50, mostrando los problemas sociales y el propio mundo que el barrio organiza con sus jerarquías, su locura y su propia destrucción.
Desde el comienzo está en juego la diferencia sexual y los avatares que su inevitable encuentro supone para cada uno. No solamente tenemos una visión de estas dos niñas, luego dos adolescentes, más tarde dos adultas y por último dos mujeres mayores y ya abuelas; sino que también los hombres en sus distintos momentos vitales juegan la partida con ellas. Ferrante logra con gran sencillez mostrarnos los “dramas” que esos encuentros suponen.
Figuras paternas que nunca logran estar a la altura de su función. Lacan en sus últimos años de enseñanza se refiere al padre usando el juego de palabras entre padre y perversión. La versión de un padre que será una referencia para el sujeto, no nos la da su función legisladora freudiana formalizada por Lacan como Nombre del Padre, sino la versión de su goce.
Mujeres que aman a sus maridos o que los amaron y en los años sesenta soportan “estoicamente” este lazo más allá de cualquiera de sus anhelos. Marcadas y dominadas por el objeto de su fantasma que son los “hijos” y que incluye al marido como un hijo más intentando escamotear la imposibilidad de la relación sexual.
Lila vista desde Lenú y desde los demás personajes tiene un atractivo que no deja a nadie indemne, desprende un halo de singularidad y decisión que los deja rendidos a sus pies. Ellos se enamoran, a veces locamente, y ellas aspiran a ser su amiga y la pasión que padecen es la envidia. Pero Lila elige a Lenú para ser su mejor amiga y Lenú la elige a ella, el encuentro es recíproco pero no simétrico. Lila someterá a Lenú a una serie de pruebas para calibrar si es capaz de seguirla en sus certezas. Lila hace desaparecer a la muñeca querida de Lenú y más bonita que la suya y Lenú responde tirando la muñeca de Lila al pozo. Este sacrificio del objeto no me parece nada despreciable en este lazo que se inaugura, ambas pierden para unirse en esta amistad que durará toda la vida, pero que a diferencia de la philia aristotélica no está presidido por el Bien ni será fuera de sexo, aunque nunca se trate de una relación lesbiana entre ellas.
Lo más inquietante que atraviesa todos los años de relación de Lenú con ella es la pregunta histérica ¿qué es ser una mujer? Lenú quiere encontrar en Lila esa respuesta y ello la llevará por momentos a emularla, al menos a través de la “inteligencia”, escritura, etc, para lo que Lila tiene grandes dotes y también intentará separarse de ella y de su influencia sin éxito. Aunque Lenú logre hacerse escritora, casarse con un hombre al que no ama para llegar a formar parte de una clase intelectual y social que la aleje del barrio y de su amiga no logrará la respuesta buscada. La búsqueda de su identidad es el resultado de que para Lenú, Lila encarna “el secreto de lo femenino por excelencia”. Nunca sus novelas serán lo suficientemente suyas, lo suficientemente buenas, lo suficientemente impactantes como son los escritos de su amiga, aunque no se publiquen, aunque la propia Lila los desprecie.
Y es evidente que Lenú sabe de las “debilidades” de su amiga, de esos momentos en los que para Lila tanto el cuerpo de los otros como el suyo se difumina, pierde sus límites, sus contornos. Esto que Lenú ha presenciado y que Lila le ha trasmitido no afecta a este lugar de Otra que Lila ocupa para ella. Lenú no entenderá que para su amiga ella es su sostén frente a lo femenino que la “disuelve”. Lila tuvo varias oportunidades de salir del barrio y las rechazó. A pesar de ese padre que la tiró por la ventana, ese primer marido que la propinaba palizas, esos hombres enamorados para los cuales ella suponía un peligro y un reto y que en ningún caso les importaba, Lila no optó por la salida. Los límites del barrio le hacían de límite a ella misma…parecía que allí se manejaba como pez en el agua o al menos creía poder atravesar estos momentos protegida por esa frontera invisible de calles, viviendas, tiendas, etc.
Vemos a una y a otra de las amigas no encontrar una mejor salida para hacer con ese cuerpo de mujer. Los encuentros sexuales con los hombres no implican una posibilidad de reconciliación con su singular femineidad. Lenú pareciera que cuando logra encontrarse por fin con el hombre que ama, Nino, rápidamente por las características de él, le harán caer en el pozo de la histeria ayudada por Lila. Los hombres no están menos perdidos frente a lo femenino, hay una variedad interesante de personajes masculinos que muestran esta desorientación que los psicoanalistas escuchamos en nuestras consultas una y otra vez.
A raíz de esta lectura muy recomendable, me he preguntado si es posible la amistad entre mujeres diferente a lo que nos muestra Elena Ferrante. En una experiencia analítica, el mayor obstáculo a atravesar además de la pulsión de muerte, es el rechazo a lo femenino. Este rechazo no se experimenta solamente en el encuentro con los hombres. La Otra que encumbra la histérica puede ir acompañada perfectamente de una “misoginia” femenina. Cuanto más se intenta fallidamente encontrar una definición de la Mujer construyendo Otra, más fácilmente regirá las relaciones de unas mujeres con otras la envidia, la identificación imaginaria, la rivalidad, y se desterrará lo femenino de cada una de ellas. Tanto en el “nuevo amor”, como en una amistad digna entre mujeres, es fundamental que lo imposible y el reconocimiento de que no hay una respuesta universal para responder a ¿qué es una mujer? sea preservado y cuidado. Este respeto a la singularidad de la otra, este saber sobre la diferencia que la amiga hace presente en el mundo y que implica la propia diferencia, permitirá construir una amistad “inédita”, digna y poco común. Una amistad advertida de la permanente tendencia al “para todear”, al universal, a la instalación de Otra que nos arrase lo más propio, y alerta frente a esta inercia dañina.
Una amistad más “digna” para la que se necesita “coraje”, esta que encontré hasta el último minuto en mi amiga Rosa Mª Calvet i Romaní a la que dedico este texto.
Mercedes de Francisco
9 de octubre de 2019
Publicado en Letras Lacanianas nº18 noviembre 2019.
Revista de Psicoanálisis de la comunidad de Madrid-ELP
BIBLIOGRAFÍA
ARISTÓTELES. Ética Nicomáquea. Libro VIII y IX. Editorial Gredos. Madrid 2000
REVISTA COLOFÓN, Nº 17. Madrid 2000
FERRANTE, E. La amiga estupenda. Editorial Lumen. Barcelona 2012
FERRANTE, E. Un mal nombre. Editorial Lumen. Barcelona 2013
FERRANTE, E. Las deudas del cuerpo. Editorial Lumen. Barcelona 2014
FERRANTE, E. La niña perdida. Editorial Lumen. Barcelona 2015
LACAN, J. Aún. Paidós. Buenos Aires. 1981
LACAN, J. Hablo a las paredes. Buenos Aires, 2012.
PLATÓN. Diálogo Lisis. Editorial Gredos. Madrid 20000
Recuerdo sobre los nueve o diez años un gran desasosiego con respecto a ciertas palabras. Infinito y siempre eran dos significantes que suponían un tope al significado, suponían una fuga del sentido. No había ninguna representación que viniera en mi ayuda. Abrían un agujero que no había forma de llenar y que desesperaban un poco a esa niña cuyo amor por las palabras y la escritura había sido un ancla desde los cinco años. Así hizo su aparición “este significante que falta en el Otro” e implicó una experiencia en el cuerpo inquietante.
Pocos años después y como contrapartida, la experimentación en el cuerpo de cierto acontecimiento de goce respondió a ese agujero.
A los veintitrés años, en un momento convulso de mi vida amorosa, realicé un viaje sola a Roma, que me enfrentó a una intensa vivencia donde cualquier signo se tornaba cargado de significación. Este “trance” lo creo íntimamente ligado a esta experiencia de la “no relación”.
Una mañana de verano llegaba a Roma sin hotel reservado y sin que nadie supiera a ciencia cierta en que ciudad de Italia y en qué lugar me hospedaba. En esos años no existían los teléfonos móviles, ni los localizadores. Dispuesta a hacer este viaje que podría nombrar como de “aprendizaje” al estilo de los viajes de Wilhelm Meister(1) emprendí de la búsqueda de un hospedaje no muy oneroso. Para ello caminé desde la estación de tren hasta un pequeño hostal que se encontraba en un piso y cuyo nombre que aparecía en la puerta no era un significante cualquiera sino un as de las cartas de póker no recuerdo de que palo y un nombre en italiano debajo de la carta. El recepcionista también estaba marcado por un rasgo, era bizco. Todos estos pequeños detalles que jalonaron mi entrada en Roma después de un largo viaje por barco desde Valencia hasta Génova y desde Génova en tren hasta Roma, no tomaron relevancia hasta horas más tarde.
Dado mi cansancio, no salí rápidamente a pasear, dormí unas cuantas horas matinales y antes de la hora de la comida paseé sin rumbo, en busca de un lugar agradable para reponer fuerzas. En un pequeño café, un hombre bastante amable y educado conversó conmigo y después de un rato me preguntó si quería que fuéramos a comer pizza. Me dijo que él tenía su coche cerca. Hacía dos años más o menos que había viajado a Roma unos tres o cuatro días acompañada por mi pareja de ese momento, y por supuesto no conocía la ciudad, por lo que no sabía a ciencia cierta donde me encontraba. En principio ese hombre desconocido me daba confianza, pero cuando me senté en su coche, que por lo que sé ahora y desconocía en ese momento debía ser un descapotable rojo probablemente un Ferrari o una marca similar, y me dijo que podíamos ir a comer pizza a un sitio magnífico a las afueras de Roma, me puse alerta, y por primera vez desde mi llegada tuve miedo. Comprendí en un instante que por mi condición de mujer estaba corriendo un riesgo “innecesario”, que había sido imprudente subirme a su coche. Muy educada y discretamente le dije que prefería quedarme en el centro de Roma y que, además tenía que volver a mi habitación porque “mi marido”, que llegaba al día siguiente, me llamaría al hotel en una hora más o menos. Todo ello era mentira. Con mi pareja de ese momento estaba en proceso de separación, nadie me iba a llamar al hotel porque nadie sabía la dirección, ni siquiera mis padres ni ninguna amiga, estaba realmente sola. Por suerte para mí, este hombre aceptó mis evasivas, no me llevó a las afueras y me las ingenié para despedirme de él e irme al hostal sin que me acompañara pues no quería que supiera donde estaba.
Ya había comenzado el efecto sobre mí de esta “soledad” elegida en este viaje de transición y de decisión. De golpe comprendí lo vulnerable que me encontraba, ¡nadie sabía de mi paradero! Y me encontraba en una encrucijada “amorosa” difícil de resolver.
Llegué al hotel con la idea de que allí me hallaría de alguna manera cobijada y que “al día siguiente sería otro día”, pero ya se había abierto la espita de la angustia con toda su potencia. A partir de aquí el nombre del hostal se me tornaba inquietante, el recepcionista bizco me producía gran inquietud, me sentía totalmente desprotegida y a merced del Otro. Había sentido el desamparo radical de no tener, aunque fuera solo por unos días, ningún lugar en el Otro. Pero no sabía cómo salir de esta angustia y lo primero que hice es tratar de ponerme en contacto con mis padres, para ello me fui a una central telefónica lo más cercana posible y que ya estaba a punto de cerrar, eran las 20 horas, más o menos, en pleno agosto romano. No encontré a mis padres, llamé al hombre del que me estaba separando y tampoco, a mi mejor amiga no la ubiqué, el nuevo hombre de mi vida estaba inaccesible en ese momento…seguía como antes, a la intemperie. Todo me hacía signo en el hostal y aunque sabía que esto respondía a este momento de desamparo no podía pararlo, cada vez se me hacía más insoportable pensar pasar la noche allí. En el intento de hacer esta llamada al Otro, le pregunté a un usuario de la central telefónica que cual era el significado del nombre del hostal y su respuesta que esperaba me apaciguara fue todavía más inquietante, se trataba de un tipo de trampa que se puede hacer en el póker. Es ahí cuando ya en un cierto borde de la desesperación decidí no luchar contra mi “trance paranoico” al estilo daliniano y buscar como tranquilizarme. Como era el comienzo de mi viaje llevaba todo el dinero del que dispondría para esos quince días de vacaciones por Italia, así que salí a caminar hasta que encontré uno de los mejores hoteles de Roma y cogí una habitación para esas dos o tres noches que me quedaría en la ciudad.
Los semblantes de respetabilidad que daba “la categoría” del hotel paró la proliferación de sentido y pude aceptar seguir ese viaje con tranquilidad. Era muy joven, y quizás eso me daba una valentía que me permitió seguir mi viaje de Roma a Florencia y de ahí a Venecia y vuelta a Génova para coger el barco. Estos traslados solía hacerlos en tren y por la noche para no gastar demasiado. En la Italia de los años 80 una joven turista viajando sola por la noche no era muy habitual. Recuerdo una conversación en un tren con una mujer y su hija, donde me preguntó que cómo era que viajaba sola, así me transmitió discretamente que me convenía cuidarme y que lo que estaba haciendo era arriesgado. Pero ahí ya había salido del bache, había contactado días posteriores con mi familia y aunque seguían sin saber muy bien donde me encontraba salvo la ciudad de la que se trataba, estaba más tranquila.
Y sobre todo la tranquilidad me vino cuando comprendí que estaba “realmente” sola con respecto a ese nuevo hombre en mi vida y tomé la decisión de dejarlo. Curiosamente esta doble separación y pérdida que había decidido poner en práctica a la vuelta de Italia, me apenaba mucho, no solamente porque un amor se hubiera terminado, sino porque el nuevo también terminaba…no por falta de cariño como dice el bolero. Por esto, fue un viaje agridulce…Venecia fue la última ciudad visitada en la que también tuve vivencias de una gran intensidad pero no como las romanas…Adelanté mi vuelta unos dos o tres días por falta de recursos y porque ya había hecho mi viaje en todos los sentidos y en Madrid me aguardaba poner en práctica las decisiones, de gran importancia para mi vida, que había tomado. Aceptar la soledad más radical no implica la vida solitaria, ni es necesario exponerse y buscar esa vulnerabilidad…eso es algo que aprendí en este “trance del exceso del sentido”.
Nada más llegar a Madrid puse en marcha mis decisiones, me separé definitivamente de mi pareja, me fui a vivir con mi amiga íntima y su novio, y me alejé de ese nuevo hombre en mi vida...y ¿querríais saber cómo siguió o terminó la historia?: eso ya es “otro cantar”. Aunque el Otro sea inconsistente, los otros existen, responden y actúan y a veces podemos encontrarnos con una sorpresa. Saber lo que va a hacer el “otro con minúscula” no es un signo de amor…el signo de amor surge de lo imprevisible… y eso fue lo que ocurrió.
Mercedes de Francisco
Publicado en Letras Lacanianas nº 15 abril 2018
Revista de Psicoanálisis de la comunidad de Madrid-ELP
(1) J.W.Goethe. Los años de aprendizaje de Wilheim Meister, editorial Cátedra.
Me da mucho gusto poder presentar este libro porque ha sido para mí un libro esperado e hiper consultado. Con frecuencia me lo encuentro en mi casa en los sitios más insólitos y otras veces lo pierdo, lo busco y no lo encuentro. El tema que aborda el libro tiene sin duda mucho que ver con esta sensación, ya que el nuevo amor es algo de lo que hablamos muy a menudo, pero que cuesta atrapar, alcanzar.
En este sentido, la estructura misma del texto exhibe la dificultad de aprehender el amor por la vía del sentido, es, más bien, la invitación a emprender un recorrido un poco sin “ton” ni “son”, como señala su autora.
Personalmente, me zambullí en este libro creyendo encontrar LA respuesta a todas mis preguntas sobre el amor, ilusión que, por otra parte, nunca acaba de perderse, pero terminé haciendo la experiencia de lectura que con 15 años había hecho con Rayuela de Cortázar, saltando los casilleros con números y perdiéndome en su laberinto, tratando de ir de la Tierra al Cielo.
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Textos: Constanza Meyer, Rosa María Calvet, Pablo Messiez
Imágenes: Ivan Imarn
Presentación realizada en Noches de la Biblioteca de la Sede de Madrid de la ELP el 20 de marzo de 2013.
Artículo publicado en Letras Lacanianas nº 6, 2013.
Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid - ELP
Conferencia de Mercedes de Francisco bajo el titulo "¿Un nuevo amor? El amor como subversión del pensamiento"dictada en el Curso "Amores Subversivos. Paradigmas amorosos más allá del orden monógamo heterosexual" celebrado del 4 de marzo al 8 de abril de 2019 organizado por Traficantes de Sueños (C/ Duque de Alba, 13), Madrid.
Empezaremos por plantear que para el psicoanálisis el sujeto histérico no solamente abrió el camino del inconsciente y de la cura por la palabra, cuando aquellas “magníficas” histéricas le pidieron a Freud que las dejara hablar, sino que también puso en primer plano el amor de transferencia hacia el analista. El sujeto supuesto saber se sostiene en esta formulación que en una entrevista Jacques-Alain Miller rescata: “a quien le supongo un saber sobre mi ser le amo”. Vemos así ya desde el comienzo de esta práctica inédita que inventa Freud, el inconsciente, el saber y el amor articulados. Estos tres términos serán el pilar fundamental del título y de los desarrollos del Seminario XXIV de Lacan del año 1977: “Lo no sabido que sabe por la equivocación se ampara en la morra. C’est l’amour”.
La enseñanza de Lacan desde su comienzo hasta el final, está atravesada por su abordaje del amor y también de la histeria. Uno de estos primeros textos con respecto al famoso caso Dora de Freud, “Intervención sobre la transferencia”, anudan estos dos ítems. Dora pondrá el dedo en la llaga sobre lo que esconde esa escena de a cuatro, entre su padre, la señora K (amante del padre), el señor K (marido de la Sra. K), y ella misma. Esta escena era estable hasta el momento que el Sr. K declarando su amor a Dora, pronuncia la famosa frase, “mi mujer no es nada para mí”, y Dora responde a la declaración amorosa con una bofetada. A partir de este momento Dora no está dispuesta a seguir sosteniendo esta escena libidinal. Lacan releyendo el caso freudiano introduce algo fundamental: “la responsabilidad de ella misma en esto que denuncia, su implicación, su complicidad”. Hay una satisfacción que se puso en juego para Dora en el sostén de este cuarteto. Es esta una primera indicación clínica con respecto a la histeria, su queja desconectada del goce que la sostiene y el momento donde esto se quiebra.
En este texto, el acento de Lacan está puesto en el abordaje por parte del psicoanalista, en este caso Freud, y lo que fue su obstáculo para llevar adelante la dirección de la cura.
En la histeria se pone en juego la pregunta de ¿cómo se es una mujer? O ¿qué es una mujer? Lacan planteó a partir de su Seminario XX que esta pregunta llama a una definición inexistente. En este intento de definición, el sujeto histérico, pondrá a la Otra mujer como la que tiene la respuesta de ese enigma que es para ella lo “femenino”. Esta admiración que Dora nombraba “como ese cuerpo blanquísimo de la Sra. K”, ubicaba en el cuerpo de la otra mujer la respuesta a esa definición imposible. Pero el abordaje de la histeria hacia esa Otra pasa en muchas ocasiones por la vía de la identificación al hombre, en el caso de Dora, a su padre amante de la Sra. K. ¿Y a qué del padre? a esa forma de goce que ella conoce por las confesiones de la Sra. K sobre la sexualidad entre ellos, donde la práctica del cunnilingus derivada de la impotencia del padre toma toda su relevancia, y queda metaforizada para Dora en este síntoma de la tos y la afonía…
Se juega para el sujeto histérico una mediación masculina para el abordaje de esta Otra. Llevada por la pregunta sobre en qué consiste ser mujer, el sujeto externaliza la respuesta y se aleja de las propias condiciones de su feminidad y de ese goce suplementario que no se subsume en la horma fálica.
Pero en todo esto, ¿donde estaría el amor?, en un primer plano un amor al padre tornado en identificación…pero tanto ese amor, como esa identificación sintomatizada deja de lado el goce singular de una mujer.
Durante mucho tiempo hemos puesto el acento en la cuestión del deseo en la histeria, donde el sujeto se empeña en mantener este deseo como insatisfecho. Pero Lacan se encargó de mostrar que esta característica es lo que define al deseo mismo, pues el deseo es siempre deseo de otra cosa. Lacan irá un paso más allá y subrayará que se trata en realidad de un tipo de goce que se caracteriza por ser un goce de la privación. El sujeto histérico se satisface de la “privación” del goce que puede obtener con la mediación del encuentro con el hombre, con la mediación fálica. Este rechazo de lo fálico es lo que le permite a ella negativizar su posible goce femenino privándose de él y haciendo depositaria de dicho goce a la Otra.
Lacan, en su Seminario XVII, formaliza cuatro discursos, el del amo, el histérico, el universitario y el psicoanalítico, mostrando en cada uno de ellos cómo se da el lazo con los otros. Me gustaría remarcar la importancia de este salto, de considerar la histeria desde su aspecto psicopatológico a considerarla como un tipo de lazo con los otros. Si el discurso del amo es equivalente al funcionamiento del inconsciente y lo que deja opacado es al sujeto, en el caso de la histeria es el sujeto el que toma las riendas y dirigiéndose al amo le hace producir un saber que no podrá dar cuenta de su goce.
Es así, como Freud con Dora, confundido con el lugar del amo y del padre, construye un saber que ella rechaza pues resulta impotente frente a su goce. El sujeto histérico querrá conseguir del analista esas formulaciones para luego considerarlas “insuficientes”, equivocadas. Se tratará de un saber impotente.
A partir del Seminario Aún Lacan, va a conectar la cuestión del goce y del amor y hará una diferenciación fundamental entre el goce fálico y el goce femenino. Aunque la mujer participe de lleno en la lógica fálica, no todo en ella queda subsumido en dicha lógica. Hay una conexión de La mujer tachada, o inexistente, con el significante que falta en el Otro, ese significante que con su inexistencia no nos permite escribir la relación sexual. No sabemos cómo hacer con el otro sexo…no tenemos una escritura que nos guíe. Esto es nombrado como “la relación sexual es imposible”. Esta imposibilidad, esta inconsistencia del Otro que no se puede confundir con la incompletud, es por lo que hablamos y amamos.
Para la mujer goce y amor van de la mano. Lacan plantea que no hay relación sexual pero sí posiciones sexuadas, donde de un lado tenemos el lugar hombre y del otro el lugar mujer. A partir de aquí se produce un salto fundamental, las posiciones sexuadas no solamente se abordarán en relación al falo, sino que entrará en juego el cuerpo y este goce que se experimenta en él y que hace su presencia en el mundo por la existencia del cuerpo femenino. La imposibilidad afectará al saber, al amor, al cuerpo.
Frente a esta imposibilidad de la relación, frente a este vacío, el amor funciona como suplencia y abre la posibilidad de encuentro entre los sujetos. Es por ello que es un afecto engañoso con respecto a lo imposible, es por un momento lo que suspende la imposibilidad, lo que nos hace creer que la relación existe. Son tan diferentes las posiciones sexuadas de hombres y mujeres que nos resulta “milagroso” que se produzca el encuentro amoroso entre ellos.
¿Y qué podemos decir de la relación de la histeria con lo imposible? Y en cuanto al goce, ¿cuál es la respuesta del sujeto histérico frente a ese goce nombrado por Lacan como goce femenino, experimentado en el cuerpo y que no pasa por la medida fálica y por tanto tampoco por la palabra?
La deriva histérica para una mujer, le hace “hacer de hombre”, colocarse en el lado masculino, apartando así los ecos singulares en su cuerpo de ese goce femenino que se podría alcanzar por la mediación de ese hombre que porta el órgano. Una serie de síntomas surgen de este rechazo, la frigidez en los encuentros sexuales, la apatía con respecto al deseo sexual, etc.
Lo sintomático para la histeria con respecto a este goce femenino que rechaza y con el que no se lleva bien la lleva a sustituir esta imposibilidad por la impotencia; la impotencia del padre, la del analista cuando pretende estar en posesión de un saber. Y, lo que supone transformar la imposibilidad en impotencia es tener en el horizonte un Otro potente, consistente, y un saber que pueda dar cuenta de todo. Es por estas cuestiones, entre otras, que Lacan considera al discurso de la histeria en sintonía con el discurso científico. Para la ciencia no hay nada imposible, lo que no sabe hoy lo sabrá mañana.
La histeria convierte este goce positivo experimentado en el cuerpo en un goce negativizado a través de la privación. Privándose de los encuentros con hombres aleja la posibilidad de experimentar ese goce en el cuerpo.
Lacan nos advierte de la dificultad desde la posición macho de acceder a un amor que no se sostenga en el fantasma, un fantasma que implica lo mismo. La dificultad para gustar de las mujeres, es decir de lo hetero por excelencia, de la diferencia, tanto para ellos como para ellas se sostiene en el fantasma Hommosexual, neologismo que anuda hombre, mismo y sexualidad. La histeria se desliza por este fantasma de lo mismo haciendo “de hombre”. Siempre advertimos que cuando hablamos de estas cuestiones, hablamos de posiciones y su anudamiento a la anatomía, pero que no tienen por qué coincidir con dicha anatomía. En parejas de mujeres, podemos encontrar estas dos lógicas o incluso solamente la masculina obstaculizando el amor y generando síntomas a nivel de la sexualidad.
El amor que se sostiene en “lo mismo”, deja de lado lo femenino, nombre por excelencia de lo hetero, este “lo mismo” será el enemigo de un amor más digno sostenido en la imposibilidad. Esta es la propuesta de Lacan con su nuevo amor, un amor que no se sostenga en lo hommo, sino en lo hetero. Y nos dice que una mujer cuando se presta en el amor al “baile” del fantasma masculino muchas veces se desliza por el tobogán de la histeria. Pasa así de un amor que le permitiría conectarse con su femineidad a un amor que trasmutado en la identificación masculina la aleja de “volverse mujer” y la mantiene en esa permanente pregunta ¿qué es ser mujer? y en la espera de una definición imposible.
Mercedes de Francisco
Conferencia impartida en el Centro Lacan de Valladolid, el 23 de febrero de 2018.
Sobre mí
Mercedes de Francisco
Psicoanalista
Mercedes de Francisco Vila es psicoanalista, AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente del NUCEP y del Instituto del Campo Freudiano. Co-coordinadora del NUCEP y co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España. Fue Presidenta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España en el periodo 2000/2002. Ha impartido múltiples seminarios y conferencias, y ha publicado numerosos artículos en distintos libros, revistas y medios digitales. Autora del libro Un nuevo amor editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2012 y del libro En Femenino Singular editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2016.
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