Muy agradecida a la Biblioteca de Orientación Lacaniana en Madrid por la presentación de mi libro "El amor y sus enigmas" y a los amigos que tuvieron la generosidad de presentarlo: Eloisa Cano, Amador Fernández-Savater, Concha Mígueles y Damasia Amadeo. Y a todos los asistentes que llenaron la sala. Muy conmovida por lo que se dijo y con una gran alegría por este estupendo encuentro.
Safareig (propostes feministes)
Programa
Taula rodona 1
Vida democràtica i horitzons comuns: Què ens uneix?
La conversa es guiarà per dos eixos:
1. Patriarcat i paternalismes actuals: derives al voltant dels feminismes i la institució estatal
2. El rol dels estereotips de gènere en temps de de construcció.
Conversen:
María Jesús Izquierdo (bio)
Eugeni Rodríguez (bio)
Mar García Puig (bio)
Taula rodona 2
María Jesús Izquierdo (bio)
Eugeni Rodríguez (bio)
Mar García Puig (bio)
Taula rodona 2
Escrivint horitzons singulars
La conversa es guiarà per tres eixos:
Declivi del pare i el patriarcat
Diferència sexual
Violència
Conversen:
Laura Llevadot (bio)
Gabriela Galarraga (bio)
Mercedes de Francisco (bio)
5 de julio 2025 en HubSocialBcn
Carrer de Girona, 34 interior, Barcelona
- Fiodor Dostoievsky
Conferencia leída en la plenaria del Congreso de PIPOL 11, Bruselas 2 de julio de 2023
Los Hermanos Karamazov se considera una obra magistral, que Dostoievski publicó íntegramente, un año antes de morir. Este nombre, Karamazov, será usado, en ocasiones, por el autor, como adjetivo y nos dice algo del rasgo que comparten los hermanos: un exceso pasional que afecta a cada uno, incluso a Aliosha el hijo menor que toma el camino espiritual del amor al semejante.
Un padre lujurioso que no tiene límites, que expolia a su hijo Dimitri de la herencia de su madre, que nunca cuidó a sus hijos. Dos fueron las esposas que dieron descendencia a Fiódor Karamázov, de la primera nació Dimitri, de la segunda Ivan y Aliosha. Además, tenemos al hijo bastardo, Smerdiakov, nacido fruto de una violación y que acaba siendo el criado de su padre. Hay que destacar que Smerdiakov padece epilepsia, la misma enfermedad que marcó la vida de Dostoievski.
Podría parecernos exagerada la figura de este padre, pero en nuestros divanes, así como en muchas de las consultas de psicólogos y terapeutas, los profesionales, en su trabajo diario se encuentran con padres que detentas estas características. En la actualidad, encontramos en series de televisión como Succession, una suerte de versión de Los Hermanos Karamazov, pero con la sutil diferencia de que en la serie hay una hija. Precisamente la hija, frente al ataúd de su padre, hará una afirmación memorable: “a mi padre la idea de ser mujer no le entraba en la cabeza”. Una afirmación clara y sintética de lo que está en juego en la obra dostoievskiana.
En la novela, los tres mil rublos operan como la excusa ridícula sobre la que gira el honor, la deuda, la traición, la culpa e incluso el asesinato y el parricidio.
El padre está presente, casi como pretexto, porque a lo que verdaderamente accedemos, lo que verdaderamente escuchamos, es a unos hijos y a unos hermanos. En nuestra experiencia como psicoanalistas, nunca escuchamos a nadie enteramente como padre, salvo lo sintomático de su paternidad.
Estos hermanos y sus diferencias, muestra una forma singular de responder a un padre que se erigió en el patriarca y que no era digno de llamarse padre. El padre llega a competir con su hijo Dimitri por el amor de una mujer, que nos recuerda a la gran película de Louis Malle, La Herida.
¿Qué es un padre? Esta pregunta la podemos encontrar en el alegato que el abogado defensor realiza en el juicio a Dimitri Karamazov acusado de parricidio. Y la respuesta del abogado resuena con las afirmaciones de Lacan, cuando habla de quien es ese hombre que merece ser nombrado padre, ese padre digno de amor y respeto. Separa el padre puramente genitor, biológico, del padre que da cuidado a sus retoños. Y, también, nos habla de la madre que merezca portar dicho nombre. Pues tampoco la madre se da por cierta.
En las mil doscientas páginas de esta novela, solamente al principio escuchamos lo que dice este padre: reclama el respeto de sus hijos por el solo hecho de haber sido el que los engendró, a la vez que se presenta como víctima del destino y como un bufón que puede decir sin vergüenza lo que le da la gana.
Como mostrará Dostoievski a través del alegato de la defensa, cuando un padre queda reducido a su carácter únicamente engendrador, se necesitará un acto de fe, un deber místico, para que un hijo lo ame.
Dostoievski a raíz de su período de cárcel en Siberia, opta por una vía espiritual y logra sobrevivir, incluso con su epilepsia. Para escribir Los Hermanos Karamazov, se inspirará en uno de sus compañeros de la prisión, acusado de parricidio y luego declarado inocente. En esos ocho años, el único libro permitido fue la Biblia, abrazó su sufrimiento y su enfermedad con todas sus fuerzas y partiendo de ahí dio lugar a su gran obra.
En Dostoievski no hay una salida feliz, en sus personajes nos adentramos a los lugares oscuros del goce. Los amantes de la obra dostoievskiana coinciden en considerarlo un hombre sin ambages frente a la oscuridad del alma humana. De Ivan, en su conversación con Aliosha el creyente, el espiritual, el que destila amor por el semejante, escuchamos las palabras más conmovedoras e hirientes sobre la inexistencia de Dios.
La tortura de un solo niño en el mundo ya es la demostración de que Dios no existe. Estas fueron para mí las páginas memorables que quedaron grabadas en mi alma en mi primera lectura de los hermanos Karamazov y no han perdido su fuerza lacerante.
Estos Karamazov, incluyendo al bastardo, son las diferentes caras de su autor. Dimitri, el excesivo, el vicioso; Ivan el ateo, intelectual; Aliosha el creyente, el que ama a la humanidad, el generoso; Smerdiakov el enfermo, la escoria.
Un padre se puede erigir en un patriarca, en la rectitud encarnada de una posición sin fisuras, sin castración, aunque sea el colmo de la lujuria y encontremos en su biografía infinidad de pecados. Freud, en “Dostoievski y el parricidio” muestra que la vía de la culpa y el castigo es un “circulo vicioso”, donde lo que verdaderamente se escamotea es la renuncia. Exceso, culpa, castigo, y volver a empezar. Freud nos advierte que para hacer posible la vida en común la renuncia es necesaria. Es por el temor a perder el amor del otro que se renuncia a las satisfacciones pulsionales.
Me encontré contingentemente con el libro Inclinaciones. Crítica de la rectitud de una autora italiana filósofa feminista, Adriana Cavarero, entre cuyas referencias se encuentra Lacan. Frente a la rectitud cuyo correlato es la geometría vertical, opone la inclinación. Frente a un yo que se legisla a sí mismo, autosuficiente, autártico, como alternativa tenemos las inclinaciones opacas e inconscientes. A una identidad cerrada sobre sí misma y sin herida, sin fisura, ni grieta que se promueve en esta época neoliberal, esta obra universal nos hace presente la variedad de pasiones, dramas, conflictos, contradicciones que agitan el alma de Dostoievski y la nuestra.
Dostoievski nos hace escuchar a esos personajes y nos enfrenta al mal que anida en cualquier corazón. No retrocede frente a la inmundicia de esos seres tan “humanos”. Y frente a esta descarnada humanidad la alternativa es su elección espiritual a través de la figura de Cristo y de alguna manera vuelve a salvar al padre.
Esta fratria sirve para “darse la mano frente al horror que les provoca lo femenino”. Qué decir de las mujeres en esta obra: Katerina, la noble, la de buena moral; frente a Grúshenka, la de dudosa conducta, que traicionada por su primer amor, decide dedicarse a seducir y burlarse de los hombres, llevándolos a la perdición. Si los personajes masculinos tienen un contorno psicológico muy bien definido, las mujeres quedan desdibujadas bajo estos arquetipos, apareciendo sus conductas como respuestas a las afrentas amorosas que padecen.
La inclinación más temida de las conocidas es el amor. Quizás por ello en esta época de capitalismo ultraliberal, las cosas del amor son rechazadas, como plantea Lacan en Hablo a las Paredes.
Si en el centro de la política y de la ética colocamos al “yo erecto” las consecuencias serán muy distintas que si ubicamos el “desamparo radical”. Esta vulnerabilidad con la que llegamos al mundo, hace de la inclinación de amor hacia el recién nacido la única posibilidad de existencia. Sin negar, que la pregnancia imaginaria que de esto se deriva suponga no poder ver a nuestro semejante sin pensar que tal semejante nos quita el lugar, como señala Lacan en la Tercera. Y sin confundir dicha inclinación con ningún maternaje o alternativa oblativa.
Frente al patriarca, el padre y sus inclinaciones en el amor.
Al movimiento feminista tanto en los años 70 como ahora les conviene leer a Lacan. Desde luego el padre del que habla Lacan no participa de esta “rectitud patriarcal” que denuncia el movimiento feminista. El problema de esta denuncia es que promueva y se sostenga en una “rectitud moral”, una aparente trasparencia y un manejo a voluntad de las tendencias y goces de hombres, mujeres, trans, lesbianas, gays.
Se puede criticar el patriarcado y, a la vez, afianzar sus cimientos. Se puede creer que como Dios ha muerto todo está permitido y en realidad como Dios ha muerto nada está permitido, formulación de Lacan en el Reverso del psicoanálisis. Nada está permitido, ni siquiera inclinarnos sobre el otro.
Bajo la aparente permisividad actual, se esconde la servidumbre al imperativo: ¡Goza!. En una época del declive del Edipo como síntoma, se entroniza la voz atronadora del superyo. Por ello no son buenas épocas para el amor.
Las mujeres son las que han puesto el acento en que el patriarcado les daña, y quizás por una falsa dicotomía pareciera que los hombres están bien acomodados a ello, que se sienten como pez en el agua. Nada más lejos de lo que escuchamos en nuestras consultas o en las instituciones en las que se trabaja.
Por eso elegí los Hermanos Karamazov que hace patente lo dañino para unos hijos varones, de un padre que no transmite ningún recurso por la vía del amor para acercarse a lo femenino.
Mercedes de Francisco
25 de junio de 2023
¿De qué inconsciente hablamos cuando decimos el inconsciente aún…todavía?
Este tema me ha llevado al Seminario 24 de Lacan donde se pregunta si será posible un futuro para el psicoanálisis que no sea histérico.
Para Freud el encuentro con la histeria hizo posible el inicio, el invento del psicoanálisis, pasar de una clínica de la mirada a una de la escucha y darle a la palabra y al lenguaje un lugar preeminente, pues en las palabras que marcan el cuerpo anidan el malestar y el sufrimiento del sujeto.
Después de su retorno a Freud y de la primera época de su enseñanza, donde el registro Simbólico tuvo toda su preeminencia, para Lacan la existencia del psicoanálisis implica separar su devenir del de la histeria. Este salto lo encontramos, especialmente, en sus últimos Seminarios, fundamentalmente a partir del Seminario XX.
Lacan habla de “la chifladura psicoanalítica” como posible heredera de esas grandes histéricas de antaño.
¿De qué chifladura se trata? De la chifladura del sentido, la significación, la del parloteo histérico que no sabe lo que dice, un dibujo grosero, una metafísica.
La histérica se dirige a un Otro intérprete, a un amo para que produzca un saber que será impotente para desentrañar su goce. Un saber que a la vez que impotente sostiene en el horizonte un saber Absoluto. Que desconoce que a cada uno no le corresponde su cada una, que no hay saber a disposición de esos seres que hablan para encontrarse con el partenaire. Que hace existir al Otro, aunque sea a costa de su propia inmolación: en la cesión sin límites en el amor o cuando ofrece su cuerpo a los dioses oscuros de la ciencia y la tecnología, en un intento vano de responder a esa pregunta que preside su vida: ¿qué es ser una mujer?
Los dichos que el analizante despliega llevan implícito el olvido de un decir y estos dichos pueden dar vueltas y vueltas a lo largo de un análisis si no hay una intervención analítica que produzca un corte.
Esta cadena de dichos generalmente referidos a la genealogía edípica, que se metaforizan y se desplazan, no implican ningún saber sobre ellos. Por eso, el sujeto se dirige a un sujeto supuesto saber para obtener una interpretación que le permita descifrar su decir, que le aporte un saber que pueda despejar algo sobre su síntoma.
Un síntoma en la histeria, extraído del Otro del que está enamorada, un síntoma que participa de una parte del síntoma del padre.
Al inconsciente derivado del encuentro con la histérica, Lacan en el Seminario 24, de forma contundente, lo considera un embrollo y una farfulla. Frente a este embrollo tenemos la interpretación por la vía del sentido, la interpretación que descifraría esta farfulla, se tratará de un sentido más, que el sujeto histérico desechará, Por ello la interpretación que participa de la explicación o de la comprensión, la que hace florecer el sentido nos desorienta con respecto a lo Real.
Y frente a este inconsciente de palabras, de significantes donde unos remiten a otros, nos propone como alternativa, sostenernos en el escollo, la equivocación, el tropiezo, el error. Ya sea este error de orden lógico, fonético, gramatical, de lo que se tratará es de hacer comparecer un decir. Un decir deudor del no hay relación sexual.
Este decir que resuena en la equivocación, tiene valor de acontecimiento. Los significantes que evocan este decir, son los que han capturado la vida de un sujeto.
Estos significantes solamente podrán ser escuchados si el psicoanalista ha abandonado la idea de una interpretación que explica y no pretende aportar un sentido alternativo al del propio analizante. Se tratará de no favorecer la proliferación de significación que puede llegar a rozar tintes delirantes.
Abandonaremos este lugar del Otro como intérprete, y escucharemos esos significantes que tienen un relieve especial, esos significantes que llevan inscritos las tres dimensiones, Real, Simbólico e Imaginario, que son una cifra en sí mismos.
El estatuto de la interpretación se verá afectado. Hablaremos entonces del corte de sesión, de una intervención del analista que será equívoca, que tendrá efectos de resonancia, y en última instancia se tratará de un corte limpio a la manera del cirujano para así obtener un saber de este escollo, de esta equivocación, de esta metedura de pata.
No podremos nunca curarnos del sentido, seguirá existiendo un discurso histérico, y ese síntoma extraído del padre; pero Lacan nos legó el sinthoma con th. En esta nueva escritura del sinthoma se trata de un funcionamiento que insiste, deudor de estos significantes “solos” que mordieron la “carne” y que provocaron un acontecimiento en el cuerpo.
Este funcionamiento que nombramos como sinthoma, no es algo plácido, nos hace padecer y es la fuente de nuestro malestar, a la vez que es esa cifra poética que hace de nuestra existencia algo irrepetible, único, inclasificable.
Se tratará de saber hacer allí, saber desembrollarse, desenvolverse, saber comportarse. Un saber que perderá toda la pregnancia de la erudición para estar a merced de la contingencia y el azar.
Padecemos la enfermedad del lenguaje, pues la palabra más que para la comunicación sirve para el malentendido. La palabra alivia, calma pero también hiere, daña.
Para los humanos no hay relación sexual que se pueda escribir. La sexualidad por el hecho de hablar es una sexualidad sintomática, no hay normalidad en su horizonte.
“No hay relación sexual” que pueda ser escrita, afirma Lacan, y todos lo hemos experimentado, pero esto no basta pues se necesita tiempo para comprenderlo.
Es en este funcionamiento donde se pone en juego lo más propio e íntimo de cada uno, lo singular, como respuesta frente a esta imposibilidad de escritura, frente a este “No hay” indialectizable.
Pero esta existencia singular no puede sobrevivir sin las demás existencias, basta con mirar la fragilidad de ese “mono inmaduro” que somos cuando llegamos al mundo. Necesitamos que alguien nos asista, nos socorra, se incline sobre nosotros.
Solamente sobrevivimos amparados en el azar, en la contingencia del amor.
En el nuevo amor de Lacan, se trata del encuentro entre dos exilios de la relación sexual…, donde esos significantes se conectan, pero no para una armonía y un encaje, no para hacer de dos uno, no para la identificación, sino para sostenerse con otro en esta diferencia que nos hace únicos.
Lacan nos dio las claves para que el psicoanálisis no desaparezca en el mar de las psicoterapias que nos oferta el mercado. En ese bienestar y felicidad para todos, en ese modelo de vida que nos homogeneiza con los otros y a lo único que lleva es al odio y la agresividad.
El psicoanálisis seguirá existiendo si fracasa, si no tiene el éxito que nuestra actualidad promueve, si mantiene vivo este incurable frente a una cura uniformada, si no se degrada en una psicología.
En un momento dado Lacan dice que lo que llamamos mundo son esos sentidos que compartimos con un grupo de seres humanos. Que a veces llamamos nación, patria, otras, familia, amigos, otras incluso Escuela.
Me vuelvo a hacer la pregunta del comienzo: ¿Qué lugar para el psicoanálisis en el mundo?, el de la extravagancia, la rareza. El que se sale de los límites que propone el mundo.
Nuestro horizonte es no dejarnos atrapar en cualquiera de los mundos que habitamos, aunque no desconocemos que somos parte de ellos. Por lo que es inevitable estar atentos cada vez para comprobar si lo que nos aspira como psicoanalistas en nuestra práctica o en nuestra Escuela es el sentido o es lo Real.
Mercedes de Francisco
29 de noviembre de 2023
de Luis Alegre Zahonero , Eulalia Pérez Sedeño, Nuria Sanchez Madrid.
Tengo el honor de participar en esta enciclopedia con la entrada a la Histeria.
Editorial Arpa Editores, septiembre 2023
Intervención de Mercedes de Francisco con el texto Las inclinaciones del padre, en la mesa Plenaria del 7º Congreso de Psicoanálisis Europeo PIPOL 11, celebrado en Bruselas los días 1 y 2 de julio del 2023
Mesa plenaria PIPOL 11, Ecos del patriarcado en la cultura
participantes Celine Menghi (SLP,Roma), Virginie Leblanc-Roïc (ECF, Lille), Mercedes de Francisco (ELP, Madrid), moderador Geert Hornaert (NLS, Gante)
Los autores Jorge Alemán y Germán Cano presentaron a finales de marzo de 2017 su libro «Del desencanto al populismo» en la Sala de Juntas del Circulo de Bellas Artes en Madrid. Aquí la presentación de Mercedes de Francisco
A la memoria de mi padre
En el momento de mayor éxito, como escritor, de León N. Tolstoi - había publicado ya Guerra y Paz y Anna Karénina-, y de una estabilidad económica y familiar envidiable, la vida pierde color y todo se sumerge en el sin-sentido. ¿De qué sirve su escritura, su hacienda, sus numerosos hijos, su esposa, si todo ello va a ser arrasado por la muerte?. La única salida que encuentra a estos razonamientos, para ser coherente, es el suicidio que le tienta y no consigue realizar. Este episodio documentado en su texto Confesión, supuso un cambio en Tolstoi, que le convirtió en un defensor de los desposeídos sin el uso de la violencia y que inspiró movimientos como el de Gandhi. Salió de esta crisis creando una religión propia, y fue tanto así que en los últimos años de su vida fue excomulgado por la Iglesia ortodoxa y era considerado un hombre peligroso para el poder zarista.
Este episodio, además de impulsar este movimiento entre político y religioso, desencadenó en su matrimonio una guerra que se hizo cada vez más cruenta con el paso de los años y cuyo desenlace final fue la huida de Tolstoi de su casa de Yásnaia Poliana, encontrando la muerte en dicha huida. De todo ello encontramos muchos documentos escritos.
Distintas preguntas me surgieron al comienzo, primero tratar de entender que estatuto darle a esta crisis de Tolstoi que se salda con una salida religiosa que tenía como lema el “amor universal”, ejemplo de ello fue su decisión de no ganar derechos de autor por sus escritos.
La presencia de la escritura a través de los diarios preside la vida de Tolstoi desde joven, y su matrimonio desde el inicio. Ella es una joven de 18 años y él un hombre de 34, y según nos dice en Confesión “No hay crimen que yo no hubiera cometido y, por todo ello, recibí elogios; mis coetáneos me consideraban un hombre de bien...”, y en un ataque de pánico, el día antes de su boda, temiendo que el matrimonio no tuviera un buen destino si ella no sabía quien había sido él, le dio a leer a Sonia su diario de juventud. Estuvo a punto de no celebrarse la boda, esta joven “inocente” quedó espantada de los excesos del que iba a ser su marido, al parecer sobre todo de los sexuales. A partir de aquí, tanto él como ella escribirán diarios sobre su vida en común, y desde el comienzo es un verdadero testimonio de un permanente vaivén entre pasión amorosa y odio. Desde luego más allá de los sucesos que estos diarios documentan, el mismo hecho de su escritura es un goce que Tolstoi mantiene hasta su muerte. No se trataba de diarios para preservar lo íntimo sino una exhibición de sus cuitas más pulsionales, asistimos al despliegue de una realidad fantasmática que su unión forjó y que se saldó con un final dramático: “la huida” de Tolstoi de la que había sido su casa familiar y la muerte que lo sorprendió en la estación de Astápovo.
Tolstoi es un hombre que atestigua de un deseo sexual que no se amortigua ni con sus 73 años, cuyo comienzo fue a los 13 y que a partir de su conversión religiosa trata de refrenar sin conseguirlo. La cópula para Tolstoi como para Borges, junto con los espejos, son abominables. Introduzco en este punto los espejos porque Tolstoi desde niño está verdaderamente atravesado por el padecimiento de considerarse feo, lo que le lleva a una sobrevaloración de la belleza y la perfección. Así relata su encuentro a los 12 años, con Sergio, dos años mayor que él, “su original belleza me atrajo, desde que lo conocí, de un modo irresistible” Pero, no tarda mucho en aparecer una niña de la edad de Sergio que le fascina. Sonia viene a sustituir al bello amigo, y este primer encuentro traumático con lo femenino, pues Sonia prefiere a Sergio, le hace sentir de improviso “un profundo desprecio hacia el sexo femenino en general y hacia Sonia en particular”. Esto que ocurre a tan temprana edad le acompañará el resto de sus días
Gorki después de una conversación con Tolstoi, siendo este ya septuagenario, escribirá: “su actitud para con las mujeres es de una terca hostilidad. Nada le gusta tanto como maltratarlas...¿Es la venganza de un hombre que no ha conseguido toda la felicidad a la que aspiraba o una enemistad provocada por los humillantes impulsos de la carne? Como quiera que sea se trata de hostilidad, y muy enconada”.
Frente a la muerte que opaca toda belleza, Tolstoi encuentra la salida por la vía de la fe y del amor universal a los desfavorecidos y campesinos. Pero Tolstoi, con su anhelo de perfección no lleva bien sus contradicciones internas que su esposa se encarga de señalarle permanentemente. Le inquietan los propios preceptos que no cumple, uno de ellos y muy importante, la abstinencia sexual, otro la renuncia a los placeres que su vida acomodada le proporcionan. Su dificultad para refrenarse en muchas ocasiones la carga en la cuenta de la mujer que lo tienta, cuando en realidad Sonia ha expresado claramente en sus diarios su desinterés por el deseo sexual, al que accede porque sabe lo importante que es para su marido. Ella está muy preocupada por el amor de él y el lugar que él le otorga.
A la luz de las lecturas, comprobamos el desconocimiento en el que ambos cónyuges se hallaban sumergidos. No solamente el empuje a decirse la verdad resultó ser venenoso, además, no podemos dejar de subrayar el hecho de que Sofía la mujer de León N. Tolstoi, que él desde el primer momento se empeña en nombrar como Sonia es, además, la hija de Sonia su primer amor. ¡Difícil para Sofía, no dudar del lugar que León N. le otorgaba en su vida!
Y si esto fuera poco, apareció en la escena un díscipulo Chertkov que compartía las ideas de Tolstoi con respecto a su obra y que le fue encandilando hasta conseguir que le otorgara ser el guardián de sus diarios y sus escritos. Sofía queda así desplazada del lugar que hasta ese momento había ocupado para su marido. Valiéndonos del esquema que realiza Jacques-Alain Miller en el Partenaire-Síntoma, podemos decir que el rol de burguesa le iba más o menos bien a la condesa Tolstoi, pero cuando esto se resquebraja, el desvarío femenino no encuentra una brújula en el gran escritor.
Tolstoi, en el momento de su crisis, está muy preocupado por “el carácter perecedero de lo bello y lo perfecto” y esto se resuelve para él con una pretensión de eternidad. Desde luego su vida estuvo marcada por la muerte, de la madre, del padre, del hermano, de la tía...y es esta salida por la religiosidad frente a este amo absoluto lo que le aleja de lo que el atisba claramente llegando a decirle a Gorki “El hombre pasa por terremotos, epidemias, el horror de la enfermedad y toda clase de tormentos espirituales, pero la tragedia más angustiosa que padece ha sido siempre y siempre será la de la alcoba”.
Tolstoi eligió para “salvarse”...¡es un decir!, mirar para otro lado, salió de su desesperación con su fe en el amor universal. Evitaba así, quizás sin saberlo, afrontar la angustia frente a lo femenino y se acercaba a la vana ilusión, que su hermano mayor Nikolai había sembrado en él, cuando teniendo Leon N. cinco años, le relató la fábula de la estaca verde enterrada en las tierras de Yásnaia Poliana. Algún día esa estaca sería encontrada y su inscripción revelaría el secreto para que todos los hombres pudieran alcanzar la felicidad y el amor universal. Tolstoi quiso ser enterrado en ese lugar, donde se gestó el germen de su creencia en la posibilidad de escritura de la relación sexual...alejándole de lo imposible y sumiéndole en la impotencia frente a la mujer que le llevó a su “huida final”.
Detrás de ese cuerpo tosco, a la vez que de una sensibilidad extrema (casi femenina) que se desborda de emoción con la música y la mujer y que León, no pudo más que sancionar como feo...vislumbramos una fórmula imperativa “comme il faut...” referida tanto a la mujer, como a la imagen que le hubieran convenido, en palabras de su tía. Frente a esta formulación imposible de cumplir Tolstoi rechazó el goce que le procuraba su relación con la mujer (persiguiendo la abstinencia) en pos de una imagen imposible de alcanzar...
Madrid 20 de noviembre de 2010
Mercedes de Francisco.
Noviembre 2010 Conferencia dictada en Jornadas Preparatorias IX Jornadas de la ELP “Los hombres y sus semblantes" celebradas en Barcelona
Octubre 2012 Publicado en Libro Titulado “Un Nuevo amor”.Grama Ediciones, Buenos Aires octubre 2012 ISBN 978-987-1649-86-0
En un juego de palabras que permite la lengua francesa, Jacques Lacan, juega con la parecida sonoridad en francés entre dit-femme y diffame. El intento de decir a la mujer, de definirla, de universalizarla, de darla por conocida, fracasa.
La tendencia a la difamación de las mujeres a lo largo de los tiempos no necesita justificación. Incluso en este momento donde podemos considerar muchos avances en sus derechos y reconocimientos, esto sigue presente.Estejuego de palabras tan sutil y casi dicho al pasar, nos muestra una de las formas en las que se encarna la dificultad que implica la existencia de la mujer en el mundo.
Ya Freud en sus Contribuciones a la Vida Amorosa, en su texto sobre el Tabú de la Virginidad mostraba a partir de los estudios antropológicos de algunas tribus el tabú que rodeaba a las mujeres, por ser ese continente desconocido y misterioso frente a lo que el sujeto se horroriza y del que de alguna forma debía distanciarse. Esto que en los primitivos tomaba esta forma de tabú, en muchas religiones toma la forma de preceptos y prohibiciones. ¡¡Ese cuerpo que encarna la diferencia es lo que nos trae a maltraer!!
También ahora en pleno Siglo XXI, con los movimientos trans y ciertos feminismos se ha vuelto a poner sobre el tapete como definir a la mujer. Llevando a derivas, en ocasiones, bastantes problemáticas.
Mientras que estaba preparando esta charla, durante las vacaciones de Navidad, por recomendación de una amiga, vi la película “El último duelo” de Ridley Scott. Diré que comencé y casi abandono, pues todas las escenas de lucha encarnizada con las que empieza no me animaban a seguir, pero esta amiga insistió en que atravesara la primera parte, pues luego seguro que me interesaría, y ella sabe de los temas que trabajo y llevo indagando durante años. Este film está basado en un hecho real, el último duelo que se autorizó en Francia. Frente a dos versiones contrapuestas de los hechos, se suponía que el que ganara en el duelo-torneo a muerte sería el que había dicho la verdad, y Dios habría hablado con el consiguiente castigo al que hubiera cometido perjurio.
Pero esto que no nos resulta nuevo, en este caso adquiere un tinte muy diferente e interesante, el duelo surge a raíz de la denuncia de Marguerite de Carrouges de haber sido violada, en ausencia de su marido,por el escudero Jacques Le Gris amigo de este. Como dicho escudero negaba esta acusación, su marido el caballero Jean de Carrouges le reta a duelo para que se sepa la verdad.
Este film, no ha tenido mucho éxito de taquilla, pero quizás como en otras películas de Ridley Scott más adelante se valorará.
No me voy a detener en los detalles que han rodeado su realización, pero señalaré que el guion contó con el asesoramiento de Eric Jager autor de un libro documentado sobre estos hechos y titulado “El último duelo”
La película, tiene tres partes con el relato de cada uno de los implicados, pero lo que más me interesó de esto, que como ya sabéis ha sido una forma que se ha usado anteriormente por otros cineastas, es el título que dan a cada capítulo, cuando se trata del relato de los hombres reza así “la verdad según” …, cuando se trata de ella, aparece su nombre y después, la verdad.
Esta película es interesante por el interrogatorio al que se somete a Marguertie de Carrouges. En lo que llevo leído del libro de Jager, no he encontrado una corroboración documentada de ello como si de otras partes del film. Esa parte está guionizada por una mujer y resulta muy creíble que los interrogatorios a los que sometieron a Marguerite de Carrouges antes de que el rey decidiera si se realizaba o no el duelo, fueran de esa guisa. No es significativo si son exhaustivamente verídicos, lo importante es que podemos encontrarnos en la actualidad con algo muy parecido en los juicios sobre violaciones y agresiones sexuales a mujeres.
Freud aborda la diferencia sexual con el anudamiento del registro imaginario y simbólico. Por un lado, tendríamos esa imagen corporal que nos enfrenta a la diferencia anatómica y los efectos que de ello recoge lo simbólico con lo que Lacan nombrará como significante fálico que organiza la significación y que está marcado por la ausencia y la presencia, por el lleno y el vacío, por el tener y la falta.
Freud con la observación de los niños y la escucha de sus pacientes comprueba que en la infancia se da lo que nombrará como “la premisa universal de falo”, la creencia de que todos los seres humanos portarían un órgano, contraviniendo la percepción supuestamente objetiva de que hay unos seres que lo portan y otros que no, por tanto, esta creencia no responde a la imagen del cuerpo. Llegará un momento en que los sujetos se verán obligados a posicionarse frente a esta diferencia, ello tendrá como consecuencia para el varón el temor a la pérdida, la amenaza de castración, que toma distintas formas sintomáticas, y en las mujeres asumir que ellas no tienen ese órgano se traducirá en el temor a la pérdida del amor.
Lacan comprueba que esta manera freudiana de abordar lo femenino resulta insuficiente y considerar el goce que experimenta una mujer “solamente” desde esta perspectiva fálica no alcanza. Lacan empieza a desembarazarse de la premisa que se podría derivar de todo esto, la universalización del goce fálico para todos.
Aunque Freud mostraba su ilusión de encontrar una fórmula “suficientemente normal” como para llegar a un encaje adecuado entre hombre y mujer que nos salvara de los padecimientos de la sexualidad y el amor, era muy honesto como para no comprobar que lo que antes consideraba malestares y perturbaciones neuróticas y patológicas, al final resultaban comunes a cualquiera.
Es Lacan el que se va encontrando en relación a lo femenino que la horma fálica no sirve para abordar el goce de una mujer. Y es así como definitivamente en su Seminario XX, Aún, pone en jaque el goce fálico y comienza a nombrar otro goce, que no es el reverso, ni el complementario del fálico, sino que es suplementario.
No hay otra significación que la fálica, las leyes del lenguaje responden a esa lógica que siempre es binaria. Por eso cuando se pide a las mujeres que den cuenta de este otro goce, que algunas conocen, no sueltan prenda. Pero no se trata de una ocultación o secreto intencionado sino de una dificultad estructural para nombrarlo. El campo de la palabra no alcanza para decirlo, y por tanto tampoco para decir La mujer. El intento denodado en definirla, en nombrarla, al encontrarse con este muro, este imposible, nos lleva a difamarla: “puta, bruja, zorra…paranoica, histérica”
Es evidente que esta difamación no parte exclusivamente de los hombres, las mujeres pueden ser terribles cuando entran en esta pendiente. Una manera que tiene la mujer de significar esta ausencia, esta falta, siempre desde la perspectiva fálica es considerándose en déficit, no puedo, no llego, no tengo…a sí misma. Por la vía de la difamación se evidencia el rechazo a lo “opaco” de este goce en la otra y en ellas mismas.
Por más educación, cambios logrados en los derechos de la mujer, que por supuesto son fundamentales para nuestras vidas, esto de lo que hoy trato de dar cuenta aquí es transversal a cualquier época y solamente poniéndolo en primer término tendremos una oportunidad de inventar otra cosa.
Por ello me pareció que esta película es muy interesante para ejemplificar esto.
Que esté inspirada en una historia real de la Edad Media viene muy bien para evocar lo que Lacan en el Seminario Aún afirma y que resulta en cierta manera enigmático, que en el Medievo a la mujer no le iba muy bien y que quizás por ello apareció el paradigma del amor cortés, encumbrando a la Dama, elevándola a la dignidad de la Cosa.
En este film queda patente que en la Edad Media con la mujer se podía hacer cualquier cosa, entre otras las violaciones permanentes y por eso tenían una teoría ad hoc para pensar la reproducción y seguir manteniendo a buen recaudo los patrimonios de los Señores Feudales y la Corona. Consideraban que si no se producía en el momento del coito el orgasmo que en francés textualmente es “la pequeña muerte”: la petite mort, no se produciría la fecundación. Salvaguardando así de los bastardos las herencias. Y por tanto también considerando que en una violación no podía darse este goce en la mujer y en el matrimonio sí.
Para el psicoanálisis la cuestión del goce es mucho más paradójico y no se puede hacer coincidir la reproducción con el orgasmo, aunque ciertas afectaciones del cuerpo pueden colaborar fisiológicamente en la fecundación, y tampoco se puede aseverar que una mujer en una violación, abuso, no va a experimentar satisfacción alguna.
Marguerite de Carrouges, queda embarazada justo por las fechas de la violacióny observamos como en el interrogatoriose pone en juego la maquinaria de la difamación, también, del lado de las mujeres. Ella debe estar mintiendo, el encuentro sexual debió ser consentido o debe tener un amante.
La situación de Marguerite que durante cinco años de matrimonio no había logrado quedar embarazada de su marido contravenía las teorías sobre la fecundación. Por un lado, o no gozaba con su marido y por ello no lograba el embarazo o había gozado con Le Gris por lo que el forzamiento que ella denunciaba no era tal, sino que se trataba de un encuentro consentido.
Le preguntan si goza con su marido y si gozó durante la violación. Y lo que me ha parecido más remarcable es la ambigüedad que deja abierta la interpretación actoraly las respuestas…no conseguimos tener una certeza de que diga la verdad sobre su goce. Podemos por las escenas sacar nuestras propias conclusiones, con respecto a su relación con el marido..., pero lo que queda patente es la afirmación de Lacan que cuando frente a un tribunal se pide que se diga la verdad toda la verdad y nada más que la verdad se trata de la verdad sobre el goce y esto es imposible. Por ello en el terreno del derecho se trata de hechos, aunque aspiran a lo otro.
El goce masculino en esta película está claramente explicitado y no lleva a ninguna duda. Se trata para ellos de las posesiones, tierras, mujeres, descendencia, apellido, honor, guerra, al final servidumbre, al Señor, al Rey, a Dios. La mujer es una posesión más.
Es el goce femenino el que interroga, el que perturba, el que pone en jaque al varón, es el que no le permite atraparla por entero, tenerla toda para él y en el film las miradas captadas por la cámara en el momento de las respuestas de ella ¡¡¡son excelentes! ¡¡¡Ellos penden de su hilo!!!
Esos hombres, que son capaces de luchas encarnizadas en el frente, con fama de valerosos, que se batirán en duelo por su honor se muestran horrorizados y aterrorizados frente a este goce otro, que les hace a algunos, -como Jean de Carrouges y Jacques Le Gris-, torpes y burdos cuando abordan una mujer… Usan su órgano como usan su espada…!! Y así, no sabrán nunca de que se trata hacer el amor a una mujer, pues se trata de poesía.
Mercedes de Francisco
Madrid 13 de febrero de 2022
1. Freud, Sigmund. “El tabú de la virginidad”. Obras completas, Tomo VII. Biblioteca Nueva, Madrid, 1986, pp. 2444 – 2453.
2. Jager, Eric. El último duelo.Ed. Ático de los libros, Barcelona, 2021.
3. Freud, Sigmund. “La organización genital infantil”. Obras completas,Tomo XIX. Amorrortu. Buenos Aires, 1992, p. 146.
4. Lacan, Jacques. El seminario, libro XX, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2015.
5. Película "El último duelo" del director Ridley Scott, Octubre 2021
Conferencia dictada el 14-01-2022 en el ciclo de conferencias del Seminario del Campo Freudiano en Málaga 2021-22
Hoy* es difícil concentrarse y tratar el tema del Amor, incluso del amor romántico que considera la muerte como una forma sublime que permite el encuentro de los amantes más allá del tiempo y del cuerpo…Abelardo y Eloisa, Romeo y Julieta…
Las características del amor romántico se derivan del amor cortés y si buscamos el germen del que se nutre llegamos a Platón, con las distintas versiones neoplatónicas, es decir un platonismo tomado por el cristianismo y a lo que los distintos filósofos considerados románticos han tratado de dar respuesta.
Su problema fundamental era cómo hacer con las tendencias sexuales y las tendencias amorosas, tratando de entender que no son la misma cosa y que a la vez pueden estar juntas. Unos dirán que la única forma para ello es el matrimonio basado en la amistad, otros que el amor pasional tiene que estar por encima de cualquier otro amor filial o amistoso.
Lo que está en juego son las dificultades para poder hablar de un lazo entre los sexos.
La sexualidad y el amor es un tema que ha interrogado a todos los filósofos y su máximo exponente lo encontramos en el diálogo platónico sobre el amor del que somos herederos.
En este diálogo de Platón hay muchas definiciones sobre el amor. Jacques Lacan hace un inédito análisis del Banquete en el Seminario de la Transferencia, en el cual trabajará intensamente el concepto freudiano que nombra el lazo “especial” entre analizante y analista.
En él está el germen de lo que serán las marcas del amor romántico…pero en el diálogo socrático la diferencia sexual no marcará la disimetría sino la posición entre amante y amado. El amor será entonces producto de la reversibilidad de los papeles, cuando el amante pasa a ser el amado y el amado el amante. Tendremos así como ejemplo paradigmático el sacrificio que hizo Aquiles muriendo por Patroclo. Si Aquiles es “el amado”, el que tiene el agalma para el otro ¿por qué sería él, que está del lado de la abundancia, de poros, el que llegaría al sacrificio de su propia vida por el amante, al que le falta? Se extiende una mano a la rosa y de la rosa surge otra mano, linda metáfora de Lacan para nombrar esta inversión y reciprocidad.
El cristianismo, partiendo de aquí, construyó un amor sostenido en el sacrificio y vemos como de alguna manera esta marca está presente en la relación entre el amor romántico y la muerte.
El amor romántico hunde sus raíces en el platonismo y en el amor cortés. En el amor cortés la disimetría se da entre el caballero y la Dama, derivada de la diferencia de clases y lugares, es la Dama la que tiene un lugar privilegiado.
Lacan nos dice que en la Edad Media las cosas andaban mal para la mujer y es ahí donde surgió un amor que ponía en un pedestal a la Dama, que la idealizaba. El amor y la pasión por un lado y el matrimonio por otro, permitía un orden.
La herejía cátara como antecedente del amor cortés hizo que la Iglesia tomara cartas en el asunto y que lo que antes era permitido en la sexualidad estuviera prohibido a partir del IV Concilio de Letrán. Los cátaros con la idea de que en el ser humano anidaba el Mal estaban en contra de la procreación y la descendencia. Por ello, en el relato del amor cortés entre los amantes se impone la castidad, es un amor imposible porque las circunstancias no lo permiten, los cuerpos y la reproducción quedan afuera.
Mientras estuvo separado el amor del matrimonio, a la mujer se le “permitía” tener deseos y pasiones.
Algunos filósofos que se sostienen en el cristianismo o en el protestantismo intentan combatir el “vicio”, las pasiones, la sexualidad y para ello consideran el matrimonio como una salida que conjugue amor y sexualidad.
De ello se deriva el amor romántico, cuyo final feliz viene acompañado del matrimonio. A partir de mediados del XVIII y en el XIX se instala este lazo entre la unión conyugal y el amor, que a nosotros nos parece “tan natural”. Muchos reaccionaron frente a ello porque vieron en esto un problema, el matrimonio se vería librado a los vaivenes del amor y esto haría que la institución que protegía el patrimonio se viera zarandeada. Se instaló una moral donde los deseos y pasiones quedaban reservados a los “hombres”, y para las “mujeres” la inhibición y una relación con la sexualidad mas como un deber que como un deseo o una pasión…Es sujetando a la mujer como podían correr el “riesgo” de esta unión entre amor y matrimonio.
Es a partir de aquí que se instalan los conceptos de homosexualidad (1869) y heterosexualidad (1890)[1]que antes no aparecían en los discursos. Vemos surgir en el XIX una moral victoriana que sirve a los intereses patrimoniales y que pretende resolver “algo irremediablemente equivocado de la sexualidad humana”[2]
De esta rápida contextualización deducimos el impacto del descubrimiento freudiano y lo que supuso para la moral victoriana que Freud hablara de la sexualidad en los niños, de la bisexualidad y, por supuesto, de la sexualidad femenina
No podemos obviar como el falo fue una referencia privilegiada de Freud, y que su abordaje de la diferencia sexual estuvo marcado por ella. Es cierto que algunos de sus discípulos entendieron estas cuestiones por el sesgo menos verdadero y las convirtieron en una moral, así pasaron a realizar un psicoanálisis educativo cargándonos, como nos advirtió Lacan, con el fardo de la “normal genitalidad”.
Como ya hemos explicado anteriormente debemos agradecer a Freud que hubiera abierto la caja de pandora con su pregunta “¿qué quiere una mujer?” y cuando nos mostró tanto con sus casos clínicos como en su propia vida, la disarmonía que reina en el campo de lo sexual.
Lacan condujo estos interrogantes a otro lugar, al separar amor y sexualidad propiamente dicha, cuando de forma enigmática enuncia que el “amor no es cuestión de sexos” .
Referente al amor, Lacan muestra algo muy importante: que el amor es producto del lenguaje y del hecho de hablar, que es una construcción para suplir la “no relación sexual”, esto que no se puede terminar de escribir entre hombres y mujeres.
Para Lacan los esfuerzos fallidos del pensamiento occidental tienen que ver con ese intento de velar la imposible relación sexual que ha marcado la filosofía y la religión. El amor es la construcción que sirve para suplir esta imposibilidad, suplencia que nunca ha logrado ser completa.
El amor romántico es heredero, -sin olvidarnos de las diferentes transformaciones que el amor ha experimentado a lo largo de la historia-, del mito de Aristófanes que es una referencia privilegiada en Freud y que Lacan ubica del lado de la pulsión de muerte. Este intento de hacer de dos uno es la cara de la muerte.
En las distintas versiones de este amor se trata de la “armonía” y la “imposibilidad de ella”. Un ideal que como es inalcanzable, acude a Dios o incluso a la eternidad para lograrse.
Lacan dice que lo que nos queda de este amor se da en la sala oscura del cine. El cine y la publicidad de los años 60 son el espejo privilegiado del estallido del consumo capitalista. El cine empieza a marcar con sus estereotipos nuestro amor que estará cada vez más afectado por el discurso que sostiene al capital. Lacan habló en los años 69/70 de cuatro discursos que organizaban el lazo social y, más adelante, de un quinto que sería más bien un “antidiscurso” porque rompe con el lazo con el otro al dejar de lado la imposibilidad y transmitir que todo es posible y está a nuestro alcance.
La inédita fórmula que alumbra Lacan de la imposibilidad de la relación sexual y del amor como la suplencia que nos asiste y sostiene el lazo con el semejante, le lleva a hacer una distinción fundamental entre tener un cuerpo y el “ser de goce”. Nacemos con un cuerpo que ya antes de la cuna es un polo de atributos y expectativas, -His Majesty de Baby lo nombró Freud- pero nuestro ser de goce no mantiene correlato alguno a la imagen del cuerpo.
Tener un cuerpo no es fácil ni para el que es portador del órgano fálico, ni para la que nace privada de este objeto. Tanto para el hombre como para la mujer sus cuerpos pueden ser rechazados y transformados según las estéticas imperantes y también -como no- mutilarlos con la connivencia de la ciencia.
Nuestro sinthoma singular, único e incurable, marcará nuestra existencia y habita en la morada del cuerpo que es, al mismo tiempo, tanto el primer objeto de la libido, como aquello que siendo lo más íntimo nos es extranjero en su extrañeza.
Lacan habla del hombre y de la mujer, sin aplastarlos con el género gramatical en tanto que la anatomía no forzosamente coincide con la posición sexuada A esta disarmonía entre el peso de lo anatómica y la posición sexuada Lacan lo nombró como “carta de almor”, jugando con la palabra amor y alma, y dijo que se trata en general de una cuestión “hommo” para todos y todas, algo de lo mismo y de lo fálico, que está conectado a la misma estructura del lenguaje. Es por ello que la diferencia de posición y de lógica vendrán del lado mujer, sin que esto quiera decir que las que nos consideramos tales estemos en ese lado de la fórmula. Porque esta lógica es la que horada el lenguaje, la que lo agujerea, la que plantea que no-todo se puede decir, la que responde a un goce que no es parcial como el fálico.
Como decíamos, ya en el cine de los años 50 vemos como al capitalismo le ha venido perfecto el tipo de amor que llamaba a hacer de dos, uno. Sobre este presupuesto de fusión amorosa la publicidad promete la felicidad y la pareja perfecta si se compra un refresco, si se tiene un coche, si se hace un viaje, etc…y si esto falla también te oferta la alternativa tecnológica que lo resuelva. Se trata de hacer un perfil psicológico y buscar a alguien que te complemente, que se te parezca y así borrar las diferencias. En la serie cómica de televisión estadounidense “Modern family”, nos presentan parejas no “tradicionales”: dos gays que adoptan una niña, un hombre de edad con una joven-hispana, una pareja más tradicional pero que tienen hijos frikis, y al final todos se llevan bien y todo va sobre ruedas en el sueño americano. De moderna tiene poco, más bien es el ideal romántico de los años 50 adaptado a los nuevos tiempos, vendiendo felicidad pero nada de imposibilidad. ¿Qué país, qué nación, no querría importar esta forma de vida que nos promete el principio del placer absoluto?
Nuestros cuerpos y nuestras pasiones, han entrado en el mundo de la mercancía…y no se trata de una nueva concepción del amor por un cambio de paradigma, sino de su aniquilación. No defendemos, nostálgicamente, el amor romántico al contrario queremos mostrar que en un tiempo donde nada es imposible, el amor, -como suplencia de esta imposibilidad-, no tiene razón de ser.
Lo que sostiene la imposibilidad es la diferencia que introduce la lógica del no-todo, que es efecto de la existencia del cuerpo de la mujer en el mundo, ese cuerpo hecho de un trazo alrededor de un vacío, que no logramos nombrar, totalizar, hacerlo todo nuestro, que nos enfrenta a un goce diferente y no complementario, que desbarata la ficción fecunda a la vez que ingenua del “orgasmo compartido”.
Para Lacan en la sexualidad no hay una nueva perversión que inventar. Ya Freud nos habló de la sexualidad del niño como polimorfa perversa, y ya no hay nada nuevo aunque ahora quieran hacernos creer que sí, a través del uso de los artilugios que propone el mercado que son sucedáneos del órgano.
Si algo nuevo es posible será en referencia al amor, un amor sostenido en esta imposibilidad, en el poema que uno puede escribir de su propia existencia como respuesta a esa diferencia que introduce el cuerpo de la mujer en el mundo.
Esto no será más fácil para las que nos consideremos mujeres, porque podemos hacer de hombre incluso más ferozmente que ellos.
El desarrollo del capitalismo, que lleva la marca de Tánatos allí por donde pasa, se sostiene en un rechazo fundamental a este no-todo del que venimos hablando. La globalización es el nombre moderno del “todo” frente al que nos encontraremos.
En nuestras democracias que se pretenden defensoras de los derechos humanos y de la igualdad de los sexos, veremos proliferar el rechazo al cuerpo de la mujer en sus distintas formas, una de ellas es la del subdesarrollo que el capitalismo conlleva[3]y cuyas principales víctimas son las mujeres y los niños. Frente al capitalismo la única alternativa es aceptar el amplio campo de las diferencias, así como tener en cuenta la imposibilidad que nos permite hacer de las categorías de lo contingente y lo posible algo distinto de la repetición.
Mercedes de Francisco
[1]Quignard, P. El sexo y el espanto.Editorial Minúscula, S.L. Barcelon 2014
[2]Lacan, Jacques.Discurso a los Católicos, Paidós Ibérica, Bs. As. 2005
[3]Lacan, J, El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Bs. As. 2006. Pág. 36
Conferencia dictada el 16 de noviembre 2015 dentro del ciclo ¿Qué hay detrás del amor? Critica al pensamiento amoroso, identidad y reproducción social. Organizado por Nociones Comunes de Librería Traficantes de Sueños. (C/Duque de Alba 13. Madrid)
Texto publicado en mi libro En femenino singular. Editorial Grama. 2016
Al inicio del 2020 comenzó lo que luego supuso una pandemia a nivel mundial provocada por el virus del Covid 19. A pesar de que estamos en el Siglo XXI nos hemos encontrado que todo nuestro “aparente” progreso científico no ha servido para tratar la pandemia de otra forma que como la de otras pestes a lo largo de la historia, con el “confinamiento”. Confirmamos así lo que Freud nos advierte sobre el progreso.
Esto inmediatamente afectó a nuestra práctica que necesita del movimiento de los cuerpos para realizarse, aunque también nos enfrentó a la pregunta ¿qué hacer, con los medios que la técnica pone a nuestro alcance para poder mantener las sesiones por video o telefónicas, pues el confinamiento se suponía largo? Se mostraba en acto que no somos extraterritoriales. Como cualquier otra actividad no vinculada a cubrir las necesidades esenciales para la vida, la nuestra se suspendía si no se optaba por la via telemática. Al mismo tiempo asistíamos al relato incesante de las cifras siniestras de las muertes por Covid.
Mi primera respuesta frente a este acontecimiento imprevisto, aunque anunciado por los científicos y la ciencia ficción, fue ofrecer a los analizantes la posibilidad de seguir su trabajo analítico con los medios de que se disponía. En una situación donde el movimiento, la presencia, y el encuentro de los cuerpos estaba tan afectado me parecía importante al menos mantener el lazo y “cierta presencia”, vía la imagen virtual y la voz, para que el trabajo de la transferencia siguiera. Y junto a los colegas me volqué en el estudio a través de carteles de la ELP del CF y espacios de la Sede de Madrid. Fue un descubrimiento para mí comprobar que muchos colegas sobre todo en Latinoamérica ya tenían la experiencia de realizar en ocasiones práctica telemática.
Se puso en cuestión el saber adquirido, mi posición siempre fue contraria a la idea de la practica virtual, consideraba que la presencia de los cuerpos en la sesión era insustituible. Y, sin embargo, no tuve ninguna duda en usar estos gadgets que nos aporta la tecno-ciencia frente a lo que intuía iba a ser largo y complejo. Pero es evidente que necesitaba hacer un nuevo recorrido por esos conceptos que la situación actual ponía sobre el tapete y tratarlos desde esta perspectiva.
No solamente la idea de la presencia del analista se tambaleó, sino también la concepción del cuerpo. Era necesario dejarse enseñar por lo que ocurría en esos encuentros y lo que está ocurriendo con la vuelta a la cita presencial en las consultas. Mi pregunta es: ¿la práctica analítica en los tres meses de confinamiento se puede considerar de pleno derecho? La respuesta a esta pregunta no es del orden de lo universal, pero puedo afirmar que los analizantes han trabajado y han surgido cuestiones fundamentales para la dirección de sus curas, que se han visto mantenidas en la vuelta a la consulta.
En ningún momento he imaginado un escenario donde la presencia de los cuerpos en un mismo espacio fuera a desaparecer, esto me produce verdaderos escalofríos y prefiero no considerar el futuro como “apocalíptico”. Creo que irónicamente Lacan en La Tercera[1]llega a plantear que sería un éxito para el hombre, y más concretamente para el científico, acabar con la vida en el planeta, pero que por otro lado lo ve incapaz de llegar a tan alto logro. Desde luego prefiero que el hombre fracase en esta realización de la pulsión de muerte que siempre acecha, aunque no podemos negar que estamos asistiendo a unos momentos “delicados” en este sentido.
Hemos experimentado con claridad que para sobrevivir necesitamos los cuerpos de los otros, aunque sabemos que la tecno-ciencia en su desaforado avance, intenta sustituir por robots esos cuerpos. Pero no cuenta con la angustia del sujeto de ser portador de un cuerpo que, en absoluta soledad, moriría de pena o de locura.
“Hay un cuerpo de lo imaginario, un cuerpo de lo simbólico y un cuerpo de lo real” nos dice Lacan en su clase del 16 de noviembre de 1976[2]. El cuerpo Lacan lo ubica, como consistencia en el registro de lo imaginario, desde el punto de vista simbólico se pone en juego la alternancia presencia-ausencia, y en su aspecto más real, se trata de lo vivo casi en un estado puro que podemos considerar como ese “trozo de carne arrojado al mundo”. Es justamente en el Seminario XXIV[3], dictado unos años más tarde que el texto de la Tercera, donde Lacan tratando de construir una trenza de cuatro cordeles, afirma que lo más lejano a lo real es lo simbólico y lo más cercano lo Imaginario y ubica al Sinthoma entre Imaginario y Simbólico. Es un tema difícil y para seguir investigando, pero no hay manera de referirnos al nudo borromeo si no existiese un cuerpo sexuado, hablante y mortal. Es ese cuerpo que portamos, extranjero para nosotros mismos y que está afectado por estas tres dimensiones y el sinthoma que lo anuda.
El vehículo de la presencia del analista, es su propio cuerpo, y según los tironeos del nudo que se vayan produciendo en los distintos momentos del análisis aparecerá más anudada dicha presencia a un registro o a otro.
En mi recorrido analítico, hubo un día que la analista se olvidó de mí en la sala de espera y me encontré con una ausencia que me llevó a experimentar una angustia máxima por “quedar reducida a mi propio cuerpo”. La presencia de la analista se puso en juego por la alternancia simbólica presencia-ausencia, pero del lado del analizante algo de lo real insoportable se experimentó y solamente la afirmación que me vino en ese momento de que el Otro “es un inconsciente” y te deja caer, me socorrió. Justamente la tachadura del Otro me dio coraje y produjo en mí un primer momento de separación. Cuando después de horas me presenté en la sala de espera sin cita y me hizo pasar a mi sesión, la analista apuntaba con sus intervenciones a mi implicación en lo ocurrido y mi respuesta fue clara… “usted se olvidó y ya está, y yo no tengo nada que ver en eso”.
En este pequeño fragmento personal, se constata claramente que solamente sabremos de nuestros actos y decisiones por sus consecuencias. Una serie de contingencias se dieron en ese momento para que esto sucediera. Nuestro deber ético como analistas es estar dispuestos a afrontar una y otra vez estas contingencias.
Más que nunca la política del psicoanálisis y su orientación están en juego y nos toca a uno por uno sostener nuestras decisiones y sus consecuencias. Considero este momento único para poner en acto la afirmación de Lacan de “pasar del padre sirviéndose de él”. Nos serviremos de Freud, nos serviremos de Lacan, pero dando la respuesta singular a lo que “nos ha tocado en suerte”.
Quisiera terminar con esta afirmación de Jacques Lacan en la Tercera, a la que soy afín: “el porvenir del psicoanálisis es algo que depende de lo que advendrá de ese real, a saber, depende, por ejemplo, de que los gadgets verdaderamente se nos impongan, de que verdaderamente lleguemos nosotros mismos a estar animados por los gadgets. Debo decir que esto me parece poco probable. No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma, porque por ahora lo es de la manera más obvia.”
En cada formulación de Lacan encuentro algún mensaje cifrado dirigido hacia los psicoanalistas. En el “no lograremos” nos muestra que podemos querer transitar el camino del “logro” y no del fracaso que conlleva el síntoma. ¡Seguimos en el desafío de apostar por el síntoma!
Mercedes de Francisco
12 de julio de 2020
[1]LACAN, J. Intervenciones y textos 2. La Tercera. 1974. Editorial Manantial. Buenos Aires 1988
[2]LACAN, J. Seminario XXIV.“Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra” 1976-1977. Inédito
[3]Ibidem.
Me intereso en esta conferencia dictada por Paul B Preciado en la Escuela de la Causa Freudiana el 17 de noviembre del 2019, porque en ella se interpela, aparentemente, a la institución psicoanalítica, pero en realidad se cuestionan las posiciones del psicoanálisis, sin dejar muy claro de que psicoanálisis se está hablando.
He querido ahondar en las afirmaciones de este discurso porque las críticas me sirven de acicate para avanzar en mis consideraciones.
No me interesa acercarme a lo dicho con una posición altanera como reacción a sus críticas, ni tampoco deslizarme a planteamientos diagnósticos que están en las antípodas de la orientación de Freud y Lacan. Psicologizar sus afirmaciones no serviría de mucho.
Cuando se dirige a los participantes de las Jornadas y dice que la masculinidad y feminidad del auditorio no es menos fabricada que la suya, está en lo cierto. Al final de su charla nos da tres ideas a los psicoanalistas. La primera que la diferencia sexual no es ni una naturaleza, ni un orden simbólico, en lo que podemos acordar los psicoanalistas lacanianos. La diferencia sexual no es natural y tampoco únicamente simbólica. Pero su conclusión después de esta recomendación es hacer una definición del cuerpo donde en él se encarnaría una epistemología política y por tanto histórica y cambiante. Y es en esta conclusión donde nuestros caminos divergen, pues no consideramos el cuerpo reducido exclusivamente a la epistemología imperante. En los últimos años de la enseñanza de Lacan, Seminario XXIV, en la clase del 16 de noviembre de 1976, nos plantea que hay un cuerpo de lo imaginario, un cuerpo de lo simbólico y un cuerpo de lo real, y aclara que el cuerpo entra en juego en lo imaginario por la vía de la consistencia, a través del yo; desde el punto de vista simbólico por la alternancia presencia-ausencia del significante y en el registro de lo real se trata de nuestra existencia arrojada al mundo.
Preciado habla, fundamentalmente de dos decisiones, la primera adquirir a
través de lo médico-farmacológico-legal su estatuto jurídico de hombre, pero
aclarando que no tiene ningún deseo de devenir hombre como los otros, sino que
lo que intenta es escapar de la parodia de la diferencia sexual. Es evidente que no es tan fácil sostener esta
afirmación a la par que consigue el estatuto jurídico de hombre, que como nos
dice en "Un departamento en Urano " supone incluso a nivel del Estado un nuevo
nacimiento.
Por un lado, toma la decisión de llamarse Paul y hormonarse con testosterona que cambiará sus caracteres sexuales secundarios, y por otro, la decisión de hacer un espectáculo público de su cuerpo, de su espíritu, de su monstruosidad, y de su transición. Estas dos decisiones no se solapan entre sí y responderán a causas diferentes.
Su devenir “hombre”, o más bien monstruo, responde a su rechazo al circo binario heteropatriarcal que deja para la mujer, según Paul, solamente dos alternativas: el rol de la bella o la víctima, y no se sentía capaz de ninguna de las dos. Es fácil caer en este binarismo a la hora de abordar el indefinible de la mujer. Comprobamos en la clínica esta deriva, sobre todo la de victima, pues la mayoría de las veces el semblante de la belleza tiene como única función velar el sostén imaginario frente a la pregunta ¿qué es ser mujer?, pregunta que nunca obtendrá respuesta. Un privilegio de la imagen que se desliza en la mayoría de los casos a una inhibición y mudez femenina, dejando su voz como correlato de un misterio inexistente. Incluso M. Duras, mujer con un importante recorrido como escritora, se sintió con "el derecho a decir" cuando Lacan le planteó que ella sabía sin él lo que él enseñaba. Sigue siendo para mí un enigma que esto tuviera un valor de autorización para ella.
Es sorprendente que nos hable del circo del binarismo sexual y no del circo del espectáculo universitario, mediático y de la moda entregándose a ello tan decididamente.
En su exposición hay un decisionismo voluntario y consciente que no podemos compartir. Elegir su jaula por propia iniciativa, frente a la elección hombre, mujer, que para él no la reconocería, es bastante dudoso. No tiene en cuenta la insondable decisión sobre el ser, ni las marcas inconscientes, que parece manejar a su gusto, si es que llega a considerarlas. Es sorprendente que nos informe de que durante unos cuantos años tuvo encuentros con varios psicoanalistas de distintas orientaciones, entre ellas la lacaniana.
Habla de un sujeto autónomo, independiente e idéntico a sí mismo, que remite a un yo fuerte y que desprecia las ataduras de cualquier marca inconsciente con su correlato de goce.
En apariencia está en contra de identidades marcadas por el poder de la epistemología de la diferencia sexual, y tiene la ilusión de una elección libre por estar en este lugar trans, o más bien de monstruo, de Frankenstein esperando que alguien le ofrezca una flor.
Algunas de las cuestiones que nos plantea sobre la identidad, sobre los cambios y las condiciones históricas donde surge la invención freudiana no son para nosotros desconocidos y desde luego nadie piensa que se pueda estar al margen de las condiciones de la época y de las determinaciones históricas, pero justamente la verdad freudiana surge ahí para mostrar como esto no agota lo que puede decirse de un ser que habla. Freud y después más claramente Lacan no permiten que esas formulaciones puedan cerrarse en sí mismas y apuntan a su inconsistencia. El psicoanálisis es lo sintomático a cualquier pretensión totalizante, incluso a la que aparente estar a la vanguardia.
No consideramos a la identidad como cerrada y autónoma. Aunque declare vivir en el tránsito y en la frontera aspira a una identidad cerrada incluso en ese vagar. Tampoco pensamos al sujeto como dueño de sí mismo, el nuestro es un sujeto vacío que se da una consistencia, entre otras, a través del objeto "a " que tapona su división en el fantasma. El cuerpo para nosotros no es un “archivo político viviente” como Preciado valoraba el suyo antes de su proceso de mutación. Proceso que fue el momento más bello, gozoso y feliz de su vida, mostrando que para él lo terrible se encuentra en la frontera entre los sexos. Transito "consciente" y "libremente elegido" aunque haya tenido que recorrer un arduo camino para hacerse reconocer como buen “trans” por el entorno psiquiátrico-psicológico-farmacológico-legal.
Preciado parece no querer ser un "archivo político viviente" y me pregunto si no lo encarna más que nunca después de su transformación. En nombre de una libertad de elección de su jaula acepta de lleno prestar su cuerpo a la “terapia hormonal", inyectándose testosterona durante años y como "modelo" de la nueva campaña de Gucci.
Por un lado, toma la decisión de llamarse Paul y hormonarse con testosterona que cambiará sus caracteres sexuales secundarios, y por otro, la decisión de hacer un espectáculo público de su cuerpo, de su espíritu, de su monstruosidad, y de su transición. Estas dos decisiones no se solapan entre sí y responderán a causas diferentes.
Su devenir “hombre”, o más bien monstruo, responde a su rechazo al circo binario heteropatriarcal que deja para la mujer, según Paul, solamente dos alternativas: el rol de la bella o la víctima, y no se sentía capaz de ninguna de las dos. Es fácil caer en este binarismo a la hora de abordar el indefinible de la mujer. Comprobamos en la clínica esta deriva, sobre todo la de victima, pues la mayoría de las veces el semblante de la belleza tiene como única función velar el sostén imaginario frente a la pregunta ¿qué es ser mujer?, pregunta que nunca obtendrá respuesta. Un privilegio de la imagen que se desliza en la mayoría de los casos a una inhibición y mudez femenina, dejando su voz como correlato de un misterio inexistente. Incluso M. Duras, mujer con un importante recorrido como escritora, se sintió con "el derecho a decir" cuando Lacan le planteó que ella sabía sin él lo que él enseñaba. Sigue siendo para mí un enigma que esto tuviera un valor de autorización para ella.
Es sorprendente que nos hable del circo del binarismo sexual y no del circo del espectáculo universitario, mediático y de la moda entregándose a ello tan decididamente.
En su exposición hay un decisionismo voluntario y consciente que no podemos compartir. Elegir su jaula por propia iniciativa, frente a la elección hombre, mujer, que para él no la reconocería, es bastante dudoso. No tiene en cuenta la insondable decisión sobre el ser, ni las marcas inconscientes, que parece manejar a su gusto, si es que llega a considerarlas. Es sorprendente que nos informe de que durante unos cuantos años tuvo encuentros con varios psicoanalistas de distintas orientaciones, entre ellas la lacaniana.
Habla de un sujeto autónomo, independiente e idéntico a sí mismo, que remite a un yo fuerte y que desprecia las ataduras de cualquier marca inconsciente con su correlato de goce.
En apariencia está en contra de identidades marcadas por el poder de la epistemología de la diferencia sexual, y tiene la ilusión de una elección libre por estar en este lugar trans, o más bien de monstruo, de Frankenstein esperando que alguien le ofrezca una flor.
Algunas de las cuestiones que nos plantea sobre la identidad, sobre los cambios y las condiciones históricas donde surge la invención freudiana no son para nosotros desconocidos y desde luego nadie piensa que se pueda estar al margen de las condiciones de la época y de las determinaciones históricas, pero justamente la verdad freudiana surge ahí para mostrar como esto no agota lo que puede decirse de un ser que habla. Freud y después más claramente Lacan no permiten que esas formulaciones puedan cerrarse en sí mismas y apuntan a su inconsistencia. El psicoanálisis es lo sintomático a cualquier pretensión totalizante, incluso a la que aparente estar a la vanguardia.
No consideramos a la identidad como cerrada y autónoma. Aunque declare vivir en el tránsito y en la frontera aspira a una identidad cerrada incluso en ese vagar. Tampoco pensamos al sujeto como dueño de sí mismo, el nuestro es un sujeto vacío que se da una consistencia, entre otras, a través del objeto "a " que tapona su división en el fantasma. El cuerpo para nosotros no es un “archivo político viviente” como Preciado valoraba el suyo antes de su proceso de mutación. Proceso que fue el momento más bello, gozoso y feliz de su vida, mostrando que para él lo terrible se encuentra en la frontera entre los sexos. Transito "consciente" y "libremente elegido" aunque haya tenido que recorrer un arduo camino para hacerse reconocer como buen “trans” por el entorno psiquiátrico-psicológico-farmacológico-legal.
Preciado parece no querer ser un "archivo político viviente" y me pregunto si no lo encarna más que nunca después de su transformación. En nombre de una libertad de elección de su jaula acepta de lleno prestar su cuerpo a la “terapia hormonal", inyectándose testosterona durante años y como "modelo" de la nueva campaña de Gucci.
En esta campaña publicitaria, lo queer, lo trans, muestran su lado neoliberal
y queda engullido por la maquinaria capitalista. Monstruos, pero bellos,
elegantes, de una determinada clase, que se mueven vaporosamente en un espacio
muy chic decorado con muebles selectos. Nada que indique los enormes estragos
que muchos trans padecen. Unos cuerpos "perfectamente monstruosos" tratados
hormonalmente para lucir las prendas de Gucci tan afines al imperio de la moda
que intenta equipararse al arte. El profesor de filosofía hablando por la
televisión elegantemente vestido, dirigiéndose a los que se comprarán una
preciosa gorra de lana para el invierno por setecientos euros más o menos. En
España el ingreso mínimo vital no llega a los quinientos euros y es posible
que haya sujetos trans en esas familias.
Hace años en "Testo Yonki", Beatriz Preciado (en ese momento era Beatriz), nos muestra la importancia en el capitalismo de la industria pornográfica, de la prostitución y la trata de mujeres, así como de la industria médico-farmacológica en el campo de la reproducción asistida, de la estética…y ahora podemos añadir en el cambio de sexo.
Preciado se refiere a los distintos desarrollos históricos de la ciencia y como el psicoanálisis nace cuando se pasa del paradigma monosexual a un paradigma de la diferencia sexual. En el Siglo XVIII el discurso médico y la taxonomía anatómica consideraba la anatomía de la mujer referida al modelo de la anatomía del hombre. En el siglo XIX se reconoce la especificidad anatómica de la mujer y en ese contexto nace el psicoanálisis. Me pregunto si su intento no es instaurar una nueva taxonomía cuando se refiere a los nuevos datos morfológicos, cromosómicos y bioquímicos que harían, según él, conflictivo e incluso imposible sostener una epistemología binaria.
Si considera que el psicoanálisis nace afectado por la epistemología binaria y que debe revisar sus presupuestos con estos avances científicos, nos preguntamos si la epistemología del cuerpo viviente que encarna no es tan dependiente y esclava de esos “descubrimientos” como considera que el psicoanálisis lo es de los presupuestos del XIX. Quizás lo único que pretenda es llamarnos “anticuados” y alentarnos a ponernos al día en "moda".
Sus críticas están sostenidas en unos conceptos y presupuestos psicoanalíticos que dejan de lado el transcurrir de la enseñanza de Lacan. Preciado toma de Lacan su vuelta a Freud pero sin tener en cuenta el sorprendente viraje que supone restituir la verdad freudiana a los conceptos que enumera: organización de la libido, actividad-pasividad, envidia del pene, complejo de castración, mujer fálica, amor genital, histeria, masoquismo, bisexualidad, androginia, fase fálica, complejo de Edipo, estados pregenitales, perversión, coito, placer preliminar, escena original, homosexualidad, heterosexualidad…
Los tres registros del ser hablante, Imaginario, Real y Simbólico y sus anudamientos que van transformándose en la medida que avanza Lacan en su enseñanza llegando al Sinthoma a partir del Seminario XXIII. La concepción del cuerpo de Lacan referida a estos tres registros, no parece ser tenida en cuenta por Preciados. Quizás tanto Judith Butler como Paul B. cuyas referencias privilegiadas son Foucault y Derrida, introducen el cuerpo como un elemento del poder político, y se mueven en un mundo simbólico, de lenguaje, que raya con un determinismo que Freud fue abandonando y que lleva a un callejón sin salida más que a una jaula elegida a conciencia por uno mismo.
Lacan también se topó con este callejón sin salida del estructuralismo y lo simbólico pero tenía la praxis analítica que le obligaba una y otra vez a enfrentarse con algo que se le cruzaba en el camino y al que dio el nombre de Real. Eso que se nos cruza en el camino, que no anda y para lo cual ninguna epistemología o saber ya sea adquirido en los libros o incluso aprehendido en un análisis podrá atrapar y eliminar.
Aunque Preciado quiera estar permanentemente en la frontera, acompañando a los
desposeídos de la tierra, para lo cual viajará, cambiará de casa, atravesará
fronteras tanto geopolíticas como de su propio organismo con la ayuda de la
farmacoterapia, e incluso se ofrecerá como "mercancía" para marcas de moda, no
logrará eliminar este Real que podemos nombrar como esa imposibilidad de
escribir la relación sexual.
Su proceso de cambio habrá podido ser uno de los momentos más felices de su vida, pero no es la Felicidad, habrá conseguido sentirse en la universalidad por tener un cuerpo morfológicamente de hombre, y habrá abandonado el lugar de alteridad que tenía como mujer, pero no podrá escribir la relación sexual que implica el cuerpo a cuerpo, aunque consiga que alguien llegue a entregarle una flor a este monstruo. No podrá erradicar la soledad radical y el desamparo que implica ser un “humano”, tampoco podrá encarnar lo imposible..., por esto mismo, los conceptos del último Lacan no son tenidos en cuenta en sus desarrollos y prefiere referirse a los términos freudianos sin contemplar la verdad restituida en ellos, y así mantener esta "vana" ilusión.
Mercedes de Francisco
17 de noviembre del 2020
Su proceso de cambio habrá podido ser uno de los momentos más felices de su vida, pero no es la Felicidad, habrá conseguido sentirse en la universalidad por tener un cuerpo morfológicamente de hombre, y habrá abandonado el lugar de alteridad que tenía como mujer, pero no podrá escribir la relación sexual que implica el cuerpo a cuerpo, aunque consiga que alguien llegue a entregarle una flor a este monstruo. No podrá erradicar la soledad radical y el desamparo que implica ser un “humano”, tampoco podrá encarnar lo imposible..., por esto mismo, los conceptos del último Lacan no son tenidos en cuenta en sus desarrollos y prefiere referirse a los términos freudianos sin contemplar la verdad restituida en ellos, y así mantener esta "vana" ilusión.
Mercedes de Francisco
17 de noviembre del 2020
Sobre mí
Mercedes de Francisco
Psicoanalista
Mercedes de Francisco Vila es psicoanalista, AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente del NUCEP y del Instituto del Campo Freudiano. Co-coordinadora del NUCEP y co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España. Fue Presidenta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España en el periodo 2000/2002. Ha impartido múltiples seminarios y conferencias, y ha publicado numerosos artículos en distintos libros, revistas y medios digitales. Autora del libro Un nuevo amor editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2012 y del libro En Femenino Singular editado por Grama Ediciones, Buenos Aires, 2016.
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